Transhumanismo, la pornografía en el siglo XXI
Adulto

Transhumanismo, la pornografía en el siglo XXI

Avatar of Diego Pacheco Illescas

Por: Diego Pacheco Illescas

2 de noviembre, 2015

Adulto Transhumanismo, la pornografía en el siglo XXI
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Por: Diego Pacheco Illescas

2 de noviembre, 2015



El siglo XXI abre la puerta a una generaci
ón de controversia ante una postura escéptica e indiferente, la cual es una justificación de la estupidez colectiva. El encarcelamiento mental dentro de cuatro márgenes de la pantalla. Se convierten en un zombie, en un género de ciencia ficción.

Tras los sentidos filtrados en abrumadoras pantallas hemos entumecido, principalmente, la vista y el oído bajo luces y sonidos que se proyectan en pantallas de cualquier tamaño. Esta tecnología no a podido llegar a estimular el tacto, olfato y gusto, pues de llegar a aquel escenario el uso tecnológico, se desvanecería como una prolongación o ayudapara facilitar la vida humana, se convertiría en la sustitución de todos nuestros estímulos y nos veríamos ante una extinción de procesos sociales.

sexualidad-cibernetica


Uno de los usos tecnol
ógicos al que se le ha dedicado una enorme cantidad de tiempo y empeño a sido a la sexualidad cibernética, hemos fundado el término pornografía de una tradición literaria, pues se decía pornógrafo a aquél que escribía sobre la prostitución.

Ahora se encuentra en la web, la imaginación requerida muere y nace lo visual. La prostitución del cuerpo para dar estímulos a los videntes omnipresentes de aquel acto sexual a-temporal el cual es perfectamente legal siempre y cuando una cámara esté rodando, de otro modo es prostitución y si es ilegal. Lo sé, es estúpido. Ha sido tan connatural satisfacer el libido de esta manera que no ha causado  mayor controversia, mientras no sea zoofilia, necrofilia o pedofilia parece excelente darle este uso al WiFi y derivados.  


SuicideGirls

Mas allá del avance tecnológico, la búsqueda pertinente de la utopía ha desatado serie de controversias e indiferencias, protestantes, leyes y derechos; juegos ambivalente y antagónicos. se ha agotado la búsqueda de libertad y adoptamos lo único que conocemos: El convencionalismo social como solución de la utopía. La única libertad que realmente buscamos es la libertad ante la sociedad, buscamos una etiqueta que sólo habla de personalidades extrovertidas más libreso introvertidas menos libresy por supuesto al hablar de social el autoestima de uno se proyecta en cuanto a su estima sexual, no sólo hablando sobre ello con gran seguridad pero difundiéndolo en los medios sociales dándole like a suicide girls en Facebook, o siguiendo a actrices porno abiertamente en Instagram. Mientras  la otra cara de la moneda se trata de un grupo de mujeres que visten en lencería o se desnudan por completo con el concepto de estar tatuadas en todo el cuerpo haciéndose llamar suicide girls, un concepto alternativo y original para exponer ante la sexualidad cibernética, o las actrices que utilizan las redes sociales para divulgar su viedografía y por no dejar de  menos, Tinder, lo que sea que sea eso y como sea que funcione. Todo esto promueven de algún modo una seguridad de libertad social a través de divulgación erótica.


sexo-en-la-red

La relación del individuo ante la pornografía solía ser lo más lejana posible de las actrices y actores; no había porqué saber lo mínimo de aquellos personajes, <ún video que haya sido de tu agrado>>.

Este nuevo concepto nos hace adentrarnos a conocer a las chicas, recordar su nombre y ver vídeos de youtube en el que te hablan de su vida, sus gustos y sus pasiones. A través de las redes sociales podemos seguir a estrellas pornográficas y aludirlas, ponerlas en un pedestal por la admiración falaz: ella es segura de su sexualidad, realmente se trata de un entumecimiento cegador.


mujeres


Un argumento menos falaz es el que nos queremos enajenar de la soledad, la sexualidad propia la proyectamos en la web y anhelamos conocer a las estrellas porque el acto de conocer a una persona involucraba reciprocidad: Antes no se pod
ía conocer a alguien sin que él no te conociera, se necesitaba de la presencia carnal frente a frente para darse a conocer, ahora claramente no.

Conocemos más celebridades que personas reales, son ángeles en algún paraíso y nosotros queremos ser como ellos, queremos identificarnos con una celebridad porque podemos acabar ahí, en aquel cielo, como ellos. Es entonces que las celebridades se tienen que dar a conocer pero nunca se sentaran cara a cara para platicarte sobre su platillo favorito, la única solución posible es  digitalizarse y se dan a conocer universalmente a través de pantallas y más pantallas.

Por ello, durante la última década se ha dado énfasis a aquel pedestal pornográfico, lejanía de la soledad, soledad causada por un mundo virtual en el que nos absorbe a una sociedad de soledades colectivas.

Desaparece el término comunidad y nace el término redes sociales; donde la amistad se puede reemplazar de lo carnal por mensajes y un infinito: ya hay que vernos”, “hasta la próxima.


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Pero si es hasta ahí
 donde llega nuestra nueva comunidad, qué diferencia hay en hablar o darse a conocer a través de Facebook  con alguien de tu círculo social, o bien conocer a Emma Watson, o mejor aún, conocer a alguien con quien ya has tenido intimación sexual, un estímulo completamente sensorial: olfato, tacto, gusto, vista y oído todos enfocados en aquella nueva relación que se tiene de ciencia ficción.

Es posible tener sexo con una persona que ya no es animación, deja de ser un simple monitor por el interés que ha habido en entrevistarlas, sentarse como dos humanos sin degradación alguna a platicar de la experiencia y de cómo se trata de un trabajo más.

Ninguna enseña degradación o humillación, al opuesto, por ser un trabajo del que se requiere coraje y enfrentar a la sociedad como eres. Están en un pedestal porque representan un duro golpe al pilar ideal de la sociedad: miedo.  

No importa qué tan degradante (en la escala social) o controversial resulte tu trabajo, tu profesión, pues se puede estar orgulloso de ser tú mismo por más defectuosos caracteres te definan porque, a fin de cuentas, es mera convención social.


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Los tiempos modernos son un guión surreal. Todo se derrumbó. Y si la física nos habla de un relativismo, los valores sociales son un juego en el que ningún participante entendió bien las reglas porque todos recibieron diferentes instrucciones sobre el propósito, vamos más allá del relativismo y la subjetividad.

El acceso tecnológico abruma la lógica de nuestros tiempos, nos adentra a vivir en un progreso en el que la velocidad evolutiva del exterior no se trata de un paralelismo a la capacidad evolutiva del interior, así que lo que presenciamos es mera ficción; hemos humanizado a las estrellas pornográficas porque nos sometimos a la soledad y la vida virtual. Qué mejor ejemplo que Her, de Spike Jonze, para resaltar las relaciones cibernéticas a las que nos sometemos, a lo surreal.

Los tiempos modernos son un guión de ciencia ficción.


Referencias: