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4 consejos de Henri Matisse para ser un buen artista

Art 4 consejos de Henri Matisse para ser un buen artista

La técnica de Henri Matisse se caracterizó por el uso del color y la manera de fluir de sus trazos. Sigue estos consejos:

Durante la primera década del siglo XX, una revolución del color azotó París. La búsqueda académica de representar fielmente la realidad —confrontada ya por la corriente romántica en la pintura— finalmente vio su caída cuando las vanguardias se establecieron como un movimiento consolidado, con cánones y convicciones estéticas propias. Los artistas de la época tenían una pretensión, en efecto, de cambio: el de alejarse de lo que la realidad ofrecía en sí misma, y de acercarse a lo que la experiencia de la misma pudiese generarles en términos estéticos.  



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Sin duda, uno de los líderes de estos movimientos fue Henri Matisse. Aunque de poco compromiso político —puesto que muchas de las grandes figuras vanguardistas sí tenían afiliaciones fuertes a las ideologías de izquierda—, ciertamente su trayectoria estuvo enfocada a revisar los horizontes del color y de la forma, así como de la expresividad del trazo y de la plástica. Su involucramiento y experimentación fueron tales, que vivió un periodo importante de su vida en Oriente, con la intención de salirse de los parámetros y concepciones occidentales.


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En este sentido, la percepción estética de Matisse extralimita el plano meramente social que caracterizaba al compromiso ideológico de la época. En lugar de tratar de solventar las carencias políticas que le tocaron vivir, se dedicó a explotar la expresividad en sí misma, y la manera en la que ésta impacta en el espectador. Así lo manifiesta en sus distintos textos teóricos a propósito de lo qué es el Arte, y más aún, de lo que es ser artista. Si hubiera cuatro ejes temáticos principales en su legado, se podrían condensar en los siguientes consejos: 


1. Primero aprende lo básico, luego te expresas. 


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Si algo conocían bien los artistas de las vanguardias, eran los cánones a los que la Academia aspiraba. En términos de composición y precisión técnica, la gran mayoría de ellos dominaba las reglas incluso más sutiles que habían aprendido de los grandes maestros. Es por esto que querían un cambio: no se trataba únicamente de la rebeldía por la rebeldía en sí misma, sino una revolución estudiada a partir de lo que ya se había hecho en la Historia del Arte, para así explorar otros límites estéticos y expresivos en el color, la perspectiva y el trazo.


En este sentido, Matisse no era el único que planteaba aprender los parámetros más básicos antes de tener una propuesta propia: no se puede transformar la forma sin haberla analizado antes. Es interesante que ellos mismos, que querían justamente alejarse de cualquier estándar que la Academia impusiera, estuvieran de acuerdo en que antes de poder expresarse, tenían que aprender las técnicas para poder hacerlo bien (o mejor). Para ellos era fundamental tener un conocimiento teórico profundo, que los llevara a otros extremos, aún desconocidos.


2. Haz tus propias reglas. 


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Matisse era un artista profundamente metodológico. Incluso en sus composiciones menos aclamadas es evidente un proceso creativo meticuloso, en el que no admitía mucha movilidad en términos de cómo se llevaba a cabo la obra. Paso a paso, la construcción de los personajes y las modificaciones a las formas canónicas pueden descubrirse en la composición final. Las reglas dan un parámetro de cómo lograr las cosas, y en este sentido, tener orden ofrece limpieza en el proceso creativo.


Esta manera de realizar las obras es evidente a lo largo de todo su trabajo, incluso en La danza (1909), en la que se aprecia el rigor de la selección cromática y la facilidad técnica del trazo. Justamente por esta cualidad simple y dinámica, Matisse la consideraba como un ensayo de algo superior, un boceto. Se aprecian los colores que contrastan entre sí, la manera en la que los cuerpos fluyen uno con el otro, con esa línea líquida y firme que lo caracterizaba. Ahí está la teoría; ahí está también la construcción por partes de la obra; ahí está, en fin, la propuesta revolucionaria. Todo como parte de un proceso


Una vez que se tuviese un conocimiento teórico más o menos completo de las exquisiteces que la Academia estipulaba, sería posible tener un punto de comparación en términos estratégicos: cómo empezar, qué acentos hacer en tal o cual punto, cómo impactar en la experiencia estética del espectador. Todo esto era importante para los artistas de las vanguardias que, como Matisse, no se satisfacían con las maneras poco propositivas que los artistas más conservadores seguían. Sin embargo, particularmente para él, el orden era importante: para mostrar, para sentir, para expresar.


3. Rodéate de lo que amas: eso te inspira.


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Si bien es cierto que Matisse era un artista sumamente estricto en términos metodológicos, también lo es que era un hombre volcado a los sentidos. Dentro de este mismo rigor intelectual con el que se conducía estéticamente, existía un amplio espectro que dedicaba exclusivamente a dejarse impresionar por los colores del entorno, por el movimiento, por la luz. No sorprende, entonces, ese periodo tan extenso en el que vivió en Oriente: tan armónico en sus formas, tan cuidadoso en el equilibrio estético. El amor al mundo sensible le traía el impulso creativo necesario para crear imagen y color, como una fuente inagotable de experiencia e inspiración. De la misma manera, incitaba a sus alumnos a no perder un espacio similar, que les despertase la chispa dinámica, que los llevara a crear. Si el artista se rodea de aquello que lo mantiene activo, la inspiración viene casi como un efecto secundario, como una consecuencia natural. 


4. No permitas que nada te prive de hacer arte. 


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Para Matisse era fundamental no perder el estímulo creativo. Ni siquiera se permitía a sí mismo ver a la precariedad económica como un obstáculo, sino como un inconveniente pasajero. Con este punto de referencia, la crítica dura de la Academia —e incluso de las personas más allegadas a él— era poco efectiva para desalentarlo. La suya era una generación que creía aún en el arte por el arte en sí mismo, sin gran necesidad de discursos, de habladurías innecesarias y aspiracionales: las propuestas estaban ahí, y se sostenían por sí mismas. El Arte era suficiente. 


Si eres un artista o estás considerando serlo, definitivamente estos cuatro puntos de Henri Matisse, uno de los pintores más importantes en la Historia del Arte, te serán de mucha ayuda e inspiración, pues con su uso del color y el fluido de sus trazos logró convertirse en una referencia clave para las nuevas generaciones.


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