André Breton en México, la nación surrealista
Arte

André Breton en México, la nación surrealista

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Por: Natalia Lomelí

23 de septiembre, 2015

Arte André Breton en México, la nación surrealista
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23 de septiembre, 2015

“El sueño y la poesía son las actividades revolucionarias de la vida”: André Breton

André Breton llegó a México el 18 de abril de 1938 junto con su esposa Jacqueline Lamba; a su llegada se alojaron con Lupe Marín, primera esposa de Diego Rivera, y después habitaron, durante cuatro meses, la casa- estudio de Rivera y Frida Kahlo ubicada en Altavista.


Su interés por conocer México fue motivado por el encuentro con sus amigos Diego Rivera, Frida Kahlo y Manuel Álvarez Bravo, pero principalmente viajó por invitación de la Universidad Nacional para dar una conferencia en el Colegio de San Ildefonso el 13 de mayo de 1938, con el tema: Las transformaciones modernas del arte y el surrealismo. No queda registro escrito de la conferencia que dictó en la Universidad Nacional que lo contactó a través de Diego Rivera; sin embargo, persiste la anécdota de que al llegar a la conferencia no encontró a nadie, salió a avisar de su presencia y luego inició su discurso diciendo: "Yo no sé a qué he venido, yo no tengo nada que enseñarles, México es el país más surrealista del mundo. Disculpen, hasta luego".


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Breton conocía México a través de la obra de los grandes pintores como Rufino Tamayo, Diego Rivera y Frida Kahlo, y encontró en el arte mexicano gran influencia para su pensamiento como el humor negro de José Guadalupe Posada que a Breton le parecía que posibilitaba encuentros imposibles entre la verdad y la mentira, lo real y lo imaginario, y sobretodo la vida y la muerte con personajes como la catrina y las calaveras. El arte mexicano de la época se oponía a la cultura hegemónica burguesa y se rodeaba de un ambiente mágico de vestigios del pasado mítico prehispánico que Breton interpretaba como representaciones del inconsciente humano y de los sueños. Le atraía especialmente que México era una mezcla de razas, cuyos mitos y creencias se encontraban arraigados en cada rincón del pensamiento y plasmados en la artesanía, como el surrealismo que hallaba evidente en los alebrijes.


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El 22 de abril fue su primera aparición en público en México, en la Galería de Arte de la Universidad Nacional, en la calle de Dolores #11, con motivo de una inauguración, cuando lo reconocieron le invitaron a decir unas palabras que incitaban no sólo a descubrir el surrealismo, sino a experimentar una innovación artística, Breton proponía “cambiar la vista, esta esperanza que se antoja insensata no ha dejado de ser uno de los grandes propósitos de la actividad surrealista desde hace quince años… Lo que vemos con los ojos cerrados es tan real como cuando los tenemos abiertos y quizá más real en la medida en que, en el instante en que lo vemos, es lo que realmente nos hace falta, lo que queremos regalarnos con imperiosa necesidad”.


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Su estancia en México estuvo llena de mitos y rumores como su encuentro con León Trotsky, quien se encontraba en México como refugiado político durante el sexenio de Lázaro Cárdenas. Por lo que la llegada de André Breton fue boicoteada por el Partido Comunista y criticado por intelectuales como Efraín Huerta y Arqueles Vela unidos con la Central de Trabajadores Mexicanos, pues el pensamiento del surrealista sobre el uso de la poesía como arma para resolver problemas y no para entretener a la gente, era una ilusión a la alianza entre poder y poesía, y el partido temía que se uniera con Trotsky y juntos combatieran contra el marxismo estalinista. André Breton, en el Manifiesto del Surrealismo publicado en 1924, se proclamaba a favor del escándalo como arma política, de lo irracional como parámetro creativo, del uso excesivo de la imaginación y la exploración del inconsciente. Recalcaba el valor de la producción en serie y lo artesanal, pues veía en ello una postura revolucionaria implícita, ideología que compartió con Trotsky y Rivera.


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En los pasillos de la Casa Azul de Coyoacán se llevó a cabo el mítico encuentro entre el artista y el revolucionario Trotsky, reunión que rindió frutos al impulsar juntos la creación de una organización: la Federación Internacional de Artistas Revolucionarios Independientes (FIARI) y después promulgar, junto con Diego Rivera, el Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente o Manifiesto a favor del Arte Revolucionario, expresándose a favor de la libertad de prensa, de actividad intelectual y artística:

“¡Toda licencia en el arte!” “Si para el desarrollo de las fuerzas productivas materiales la revolución debe edificar un sistema socialista de plan centralizado, para la creación intelectual debe establecer y asegurar desde el principio un régimen anarquista de libertad individual”.

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En junio de 1938, Trotsky, Rivera, Breton y Jacqueline Lamba viajaron a Guadalajara donde Rivera les presentó al muralista José Clemente Orozco. En julio visitaron Pátzcuaro, Cuernavaca y Xochicalco. Fue en estos viajes en los que Breton experimentó la cultura popular mexicana y describió el país como “la tierra misma del surrealismo” por lo excéntrico de la cultura y la identidad mexicana que en esa época aún se debatía entre la creación artística tradicional y el arte como soporte del pensamiento revolucionario de la nación, entre el pasado idealizado y la promesa del futuro.

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La ruptura entre Breton y Trotsky, la mayor polémica del viaje del artista surrealista a México, fue causada por el Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, Francisco José Múgica, quien ordenó que se destruyeran dos paneles del mural de Juan O´Gorman: La conquista del aire, en noviembre de 1938, y en respuesta un grupo de artistas e intelectuales encabezados por Diego Rivera y Frida Kahlo se manifestaron con una protesta, pero Trotsky no estuvo de acuerdo con esa posición, pues dijo que no se trataba de un acto contra el arte, como el ocurrido con el mural de Diego en el Rockefeller Center, sino que se trataba de proteger a un país de por sí económicamente pobre y dependiente, de un posible bloqueo petrolero si los líderes de los países a los que el mural ridiculizaba se molestaban con la crítica plasmada en la obra. Diego y Breton acusaron a Trotsky de tener argumentos estalinistas y terminaron sus relaciones artísticas y personales.


Años después, Luis Buñuel narró en su autobiografía cómo cuestionó a Breton después de su encuentro con Trotsky en México, Buñuel le preguntó cuál había sido la impresión que le causó el revolucionario, a lo que Breton respondió: “Trotsky tiene un perro al que quiere mucho. Un día en que el perro estaba a su lado mirándole, Trotsky me dijo <> ¿Se da usted cuenta? No comprendo que un hombre como Trotsky pueda decir semejante estupidez. ¡Un perro tiene mirada de perro!”. 


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La presencia del padre del surrealismo en México dejó a su paso secuelas de su movimiento en la cultura mexicana, secuelas que décadas después acogerían a los pintores españoles exiliados que encontraron en el surrealismo una identidad propia en tierra extranjera. La publicación Letras de México le dedicó, durante su estancia, una edición completa a la obra y pensamiento de André Breton, aquel artista que consideraba que “el arte debía ser libre para la revolución, y que es necesaria la revolución para la máxima libertad del arte”. Así, Breton vivió y viajó siempre convencido de que la libertad podía fincarse a través de la imaginación, la poesía y la magia de la palabra.


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