Arte

art brut, secreto, clandestinidad e imprevisibilidad

Arte art brut, secreto, clandestinidad e imprevisibilidad

“La obra de arte no debe ser la belleza en sí misma o está muerta”.

Comprender la relación entre la actividad cerebral y una melodía que altera la frecuencia cardiaca podría ser clave para entender el parentesco entre pasión y locura.

En el momento en que se escucha música, el cerebro da sus primeros “frutos” en forma de lágrimas, exaltación y hundimiento, lo que conduce directamente a un caos que tiene relación con un desorden anímico químico.

Existe un hilo conductor que conecta los instintos más salvajes con una necesidad casi animal de fijación y de captura de dicho momento, ya sea a través de imágenes o sonidos convertidos en formas.

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A lo largo de décadas, han existido dimensiones implícitas en el arte que lo han transformado en objeto de vigilancia, no sólo de la crítica sino también de la medicina, de la psiquiatría y hasta de la iglesia. En la frontera que por un lado separa y por otro relaciona los territorios del arte y la locura, de la plástica y la transcripción de la demencia, ha estado presente un elemento que resulta clave para ordenar y argumentar la relación de algunas manifestaciones y categorías artísticas con ciertos estados de alteración psíquica. En las teorías de Prinzhorn, en relación a la creación desde la demencia, cabe interpretar las obras realizadas por sujetos considerados marginales o locos como estructuras lingüísticas propias capaces de relacionarlos con el mundo exterior, por mucho que esa no fuese su primera intención conciente. El conjunto de trabajos de enfermos en las teorías de Prinzhorn consiguió despertar mucho interés: hablaba de repeticiones, tendencias ornamentales o simbólicas, entre otras.

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“El artista no es aquel que sale diplomado de la escuela nacional de Bellas Artes, ya que en ese caso no habría artistas en los pueblos primitivos”. –Pedrosa

Estos artistas no profesionales son la prueba viviente de que todo individuo es un creador en potencia, pero sus facultades de expresión están sofocadas por el adiestramiento educativo.

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Existen, pues, dos elementos que comunican la actividad creativa, la marginal y la considerada no marginal o integrada. En ambos casos, el artista o el sujeto primitivo participan en un ritual de liberación del inconsciente.

Artistas como Jean Dubuffet fueron responsables durante la década de los 40, no sólo de un giro en la concepción del arte desde el inconsciente (degenerado, infantil o primitivo) sino más bien de un movimiento social de búsqueda de arte no cultural ni normativo.

Fondation Dubuffet


Dubuffet comienza sus prospecciones de obras marginales en 1945; busca una creación anónima. El término art brut se impone en su mente en julio de ese mismo año. El proyecto parece una apuesta, pues procede de una primera fase puramente intuitiva; Dubuffet se enfocó en recopilar objetos, pinturas, labores de todo tipo que emanan de personalidades oscuras, de maniacos, que provienen de impulsos espontáneos animados por la fantasía y el delirio. Objetos diversos de todo tipo que apelan al fondo humano original y a la invención más espontánea y personal, producciones que el creador ha sacado de sus impulsos y humores sin concesiones a los medios usualmente aceptados. Dubuffet trabaja en soledad secreta y anónimamente. No tiene idea de un destinatario, ni espera ninguna clase de reconocimiento social.

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La aparición de la noción del art brut se inscribe de forma precisa en la revolución artística del siglo XX. A principios de este siglo, algunos artistas se orientan hacia otros polos de “alteridad”, con virtudes regeneradoras: la creación infantil, el arte espiritista y la producción de los asilos. Este entusiasmo por la alteridad ocupa un lugar importante en la historia del art brut. Dubuffet no limita su campo de investigación a los círculos psiquiátricos pues no considera la enfermedad mental como un criterio y no asocia estrictamente el art brut al arte de los alienados; la definición del término no se fundamenta en el estado mental del creador. Para Dubuffet, toda expresión artística verdadera implica, necesariamente, fiebre y tensión, se codea con la desviación y tiene algo de delirio inspirado.

“…¿Qué arte no está loco? Cuando no lo está no es arte”.

KunizoMatsumoto


El contexto social, artístico y económico ha cambiado y, como consecuencia, ha evolucionado, por tanto el autor del art brut ya no es el mismo que el de antaño. Lo propio del art brut es el secreto, la clandestinidad, la imprevisibilidad. Su campo de acción no está de ningún modo limitado y quizás estén surgiendo creaciones interesantes sin que se conozcan, ahora mismo, en Occidente o en algún lugar insospechado. Sin duda, la creación “opositora” dispone de recursos para preparar algunas sorpresas, están cargadas de emoción, pero, también, son el resultado de un modo de expresión elaborado, basta pensar en el universo de Wölfie, Alöise o la filosofía de Metz. Sus obras surgen de un verdadero repliegue interno, solamente para abordar una parte de su personalidad y su historia para culminar en una producción visionaria.


Referencias: