¿Por qué el arte contemporáneo se ve tan simple?
Arte

¿Por qué el arte contemporáneo se ve tan simple?

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Por: Natalia LomelC- Bautista

29 de diciembre, 2018

Arte ¿Por qué el arte contemporáneo se ve tan simple?
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Por: Natalia LomelC- Bautista

29 de diciembre, 2018

¿Qué valor tienen una cama destendida, la escultura de un globo enorme con forma de perro o un gabinete médico lleno de pastillas en las salas de un museo?

 


Para entender qué es el arte contemporáneo hay que describirlo no como un concepto de temporalidad, sino como un movimiento artístico y conceptual. Una era que inició en la segunda mitad del siglo XX y algunos afirman que el punto de arranque fue el arte pop de Warhol que convirtió al artista en celebridad y adoptó las posibilidades de la producción en masa, además de la influencia vital del arte conceptual que se proponía ir más allá de la forma, herederos del concepto detrás de la serie de ready-mades de Marcel Duchamp.  


“En la actualidad el arte contemporáneo no designa sólo al arte producido en nuestro tiempo. El arte contemporáneo de nuestros días más bien demuestra cómo lo contemporáneo se expone a sí mismo —es el acto de presentar el presente”. Boris Groys


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Por otro lado, el crítico Leonel Estrada afirma que genéricamente, el arte contemporáneo es una discordancia que no se ciñe a problemas formales, técnicos o estéticos sino que es algo que afecta su uso social, creando perplejidad en la gente. Ya no es la belleza el canon de medida; ni es la perspectiva, ni la proporción, tampoco son ya la armonía y la simetría lo que este arte ilustra. De ahí que el espectador pregunte, frecuentemente ¿qué es lo que esto significa?. 

 

Y para tratar de responder a esa pregunta, la curadora Ruth Estévez señala que el arte contemporáneo es una estructura compleja y como estamos acostumbrados a un tipo de cultura popular donde todo es regido por la imagen, y el arte contemporáneo justamente no se rige tanto por ella sino por medio de textos y asociaciones, la mayoría de la gente está muy poco acostumbrada a este tipo de lenguaje. De ahí que el arte sea un constante e incómodo debate alimentado por los mitos erróneos en torno a sus obras y exponentes, porque los críticos y visitantes del museo continúan cuestionándose inútilmente si eso que está expuesto es o no es arte, si es un objeto o una obra, como si la vida misma no pudiera ser ambas cosas a la vez. 


Una de las características que le dan al arte una apariencia simple es que se propone diluir la frontera entre artista y espectador, entre arte y vida. Quien lo observa también participa y la obra de arte funciona como un envase vacío en el cual depositamos nuestra propia realidad, sueños, conocimientos, referencias y todo lo que detona la reflexión oculta en el material que sí, puede ser el más sencillo. Y eso además es el resultado de la revolución de los materiales y la experimentación libre que nació con las rupturas vanguardistas del arte moderno


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Pero a pesar de su apariencia, la producción contemporánea no es simple, todo lo contrario, es quizá aun más compleja que sus antecesoras.

Menos es más para un arte que refleja una época de saturación de imágenes y un bombardeo constante de información. Quizá por eso al entrar a un Museo de Arte Contemporáneo te darás cuenta que las piezas por sí mismas en apariencia no dicen nada, pero están envueltas en referencias conceptuales y un marco teórico, los cuales se estructuran gracias la figura del curador. Ya no entramos a las galerías a admirar la precisión con la que los pintores capturaron el color del paisaje o la grandeza de los retratos de la realeza barroca del arte clásico apreciado por cualquier persona aún sin conocimientos académicos, muchas veces con una función decorativa. Por el contrario, el arte contemporáneo necesita de un contexto teórico que lo contenga.


Y esa nueva forma de "leer" el arte proviene también del arte moderno, cuando una línea y un punto pueden representar sólo eso para la mayoría, pero si alguien les explica o leen sobre composición, equilibrio, armonía, etc, van a comprender cómo Kandinsky y los abstractos entendían el origen del universo y su carácter infinito a partir del punto. Al observar arte contemporáneo ya no podemos esperar que la pieza hable por sí misma, no podemos solamente imaginar lo que expresan, pues tenemos la labor de ordenarlo de acuerdo a la teoría que la curaduría nos ofrece. Mirar la obra no es imaginarla, la obra esta presente y un autor ya la concibió inspirado en motivos específicos. El público no tiene la libertad de rellenar con sus ideas la obra completa, pero sí es libre para indagar y descubrir las huellas que el curador y el artista han dejado para ser interpretadas y descifrar su existencia.


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Volvamos entonces a nuestra pregunta inicial, por qué el arte se ha convertido en una disposición de elementos tan "simples" como una cama, un estante de medicinas y esculturas de globos brillantes.


Si comprendemos que el discurso, el concepto y la propia experiencia sensorial de enfrentarse a la pieza son factores más poderosos que la pieza en sí podemos entender que una selfie frente a las celebraciones escultóricas de Jeff Koons están respondiendo directamente a su crítica en torno al consumo y al capitalismo, pero sobre todo a la pulsión de deseo casi erótico que en nuestro contexto responde a una lógica de mercado. Lo que cuestiona Koons es cómo se han alabado los nuevos íconos de la religión que ahora tiene signos de pesos en lugar de santos. Y sus piezas retóricas aprovechan los mismos medios de la publicidad en lenguajes globales para generar reflexiones sobre el mundo en el que vivimos. 


Entonces podremos también descifrar cómo Damien Hirst captura el tiempo, la muerte y las búsquedas espirituales que parten de la noción de la existencia efímera y del destino, al colocar dentro de gabinetes al Dios de la ciencia y la medicina a quien encomendamos nuestra salud como fervientes devotos de la religión del progreso, y lo adictos-fanáticos que somos a sedarnos con pastillas para dormir, para despertar, para el dolor, para olvidar, para prolongar la vida aun cuando nuestra propia naturaleza es tan caduca como la fecha que indican las cajas y frascos que contienen la salvación convertida en utopía y píldoras de colores. Y finalmente, quizá en la cama de Tracey Emin encontremos nuestra propia depresión al sufrir una pérdida, una ruptura amorosa que te condena al duelo de las lágrimas en esos días que pierden sentido entre sábanas sucias y comida chatarra. 


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La aparente simplicidad del arte contemporáneo es quizá su mayor virtud.

Esa curiosidad que se despierta ante lo cotidiano nos provoca poner atención a los objetos que nos rodean y las imágenes que scroleamos sin control cada día para analizar los iconos de la cultura del entretenimiento, qué hay detrás de lo que consumimos, de lo que usamos todos los días y cuál es nuestro papel en ese sistema. 

En ese sentido, el arte contemporáneo no es más que ese reflejo de la misma realidad en la que podemos decidir permanecer en la apariencia de la rutina determinada por los filtros de Instagram o en ir un paso más allá y trascender ante lo evidente. 

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Es fácil descalificar como “simple” aquello que no conocemos o no logramos comprender.

Es cierto que el arte contemporáneo responde a una cultura de masas y democratización de espacios abiertos a todos, pero cuyos mensajes no pueden ser leídos sin el interés de leer por lo menos, las fichas técnicas y los discursos curatoriales que dan sentido a las conversaciones entre las piezas ubicadas en las salas de exposición. No lo llamemos simple por no querer "leerlo" con todas las herramientas y asociaciones que se nos ofrecen. 


No son piezas que se interpreten por cánones de gusto ni técnica, e incluso la interdisciplina ha vuelto difusos los límites entre pintura y escultura en la instalación, video y performance en el videoarte. “Está fea” es la crítica que en el arte contemporáneo no tiene lugar, porque la obra está ahí para estremecerte, para denunciar desde una postura política o para reflejar directamente algo de tu propia intimidad. Sí, es incómodo, invasivo y provocador, esa es una de sus mayores premisas y aciertos. 


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Tenemos la idea errónea de que el arte no necesita explicación y que entonces las producciones contemporáneas que necesitan de ella son más complejas. Pero eso es completamente falso, pues incluso una pintura renacentista requiere un análisis simbólico y profundo. 


Dejemos atrás la idea de que el arte debe hacerte sentir “algo” con sólo observarlo. La verdadera experiencia estética y sublime ocurre cuando se une un placer intelectual con lo estético. No se trata de entender la obra pero sí de apreciarla. Y para ello hay que nutrirse y ambicionar referencias múltiples provenientes de la ciencia, la historia, de piezas de otros artistas, o incluso de los problemas sociales y y situaciones políticas. Si sólo te detienes cinco minutos frente a una obra cuyo proceso creativo y de investigación ha durado meses, quizá la razón por la que no la "entiendes" es porque a pesar de su “simpleza” tiene todo un peso teórico detrás que no puede captarse visualmente.


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Está hecho para ser consumido y compartido rápidamente.

El arte contemporáneo es una critica y a la vez convive y se inserta en la cultura de consumo, desde luego está atado a una lógica de mercado y provoca viralizarse en las redes sociales, a veces incluso como objetivo consciente del artista. El arte contemporáneo se jacta de ser escandaloso, de llamar la atención, generar todas las dudas posibles e incluso incomodar ante lo que se plasma pero no pierde de vista a las masas y la democratización del arte, aunque ello no significa que no provenga de un movimiento de resistencia y contestatario al arte académico elitista. 


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La próxima vez que decidas visitar un museo de arte contemporáneo intenta hacerlo con la mente abierta y una nueva mirada, y quizá puedas dejar el celular y las selfies  atrás e ir un paso más allá al leer el mensaje que se oculta debajo, recuerda que las apariencias engañan y el valor suele estar debajo de la superficie. El arte contemporáneo se ha convertido así en el espejo de una sociedad en la que "todo está bien", porque todo debe verse bien en una instagram storie pero realmente ¿eres tan feliz como en apariencia demuestras? ¿tu vida es tan simple como tu feed de redes sociales?. Bueno, con las obras de arte sucede lo mismo.


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