AXR: la artista detras de los tres personajes que sacuden al arte contemporáneo

AXR es uno de los personajes de arte contemporáneo más relevantes de la escena mexicana, quien comenzó su trayectoria artística pintando fractales, como un reducto para sanar procesos personales.

Durante la noche, la pequeña pupa comenzó a romper el capullo. El aire era helado y una ligera llovizna empapaba las ramas y hojas del bosque húmedo. La crisálida traslúcida se rompía poco a poco, con el doloroso empuje. Los demás seres que la rodeaban, juraron que no lo lograría: era demasiado pequeña, débil y el proceso muy arduo. Implicaba abandonar la comodidad todo lo que había sido para convertirse en algo completamente nuevo. Extender sus alas y liberarse de los hilos de seda que la ataban fuertemente. Ansiaba ser libre, nueva y plena.



Platico con AXR y lo que narra invita a pensar en el doloroso y liberador proceso de metamorfosis de una mariposa: nacida en el seno de un entorno social privilegiado que la intentó constreñir a un esquema preestablecido que, simplemente, no era para ella. Arantxa siempre fue mucho más que eso: una niña inquieta, retadora, que se aburría e inventaba nuevas realidades a través de la experimentación con su imagen y con la de sus muñecas de juguete. Eran gestos que, de fondo, implicaban reinvención y transformación: la exploración de sí misma y de ser alguien más. Estar, pero no ser: un proceso constante que jamás concluye ni se agota, que va más allá la obviedad de la caracterización.



Comenzó su trayectoria artística pintando fractales, como un reducto para sanar procesos personales. Encontró en el arte un medio de reflexión y, sobre todo, de autocrítica. Continuando con ese proceso de búsqueda, inició una maestría en Artes en Nueva York, lejos de todo y viviendo día a día la alteridad. Ahí, el gesto plástico del módulo y la progresión, se fue volviendo performático, influenciada por sus profesores de maestría, así como por los trabajos de Linda Montano, Cindy Sherman, Adrien Piper y Andrea Fraser. Pronto, la meditación y sublimación que llevaba a cabo en la pintura meticulosa y obsesiva de fractales en distintas superficies, mutó y la condujo a la creación de un performance, dividido en tres personajes divergentes, cuyo origen es la crítica del ser-persona a nivel espiritual, ontológico y epistemológico.




Ahora, AXR se convierte a sí misma en la plataforma de su trabajo conceptual y performático, desde la cual ejecuta una compleja problematización del ser, que puede ramificarse en tres vertientes: el ser como agente estético, el ser como agente espiritual y el ser en un entorno social determinado, es decir, el medio del arte y la jerárquica esfera social en que éste suele

moverse como dispositivo de exclusión del saber. Para ello, AXR ha ido diseñando tres personajes que han evolucionado y hoy son completamente distinguibles, aunque las une el hilo conductor del punto de partida fenomenológico (la obra de arte que conmueve) que guía hacia una meditación epistemológica (sobre lo que se sabe, se intuye o se ignora) y que

intenta conducir a la reflexión ontológica (quién se es y qué papel juega el ser ahí). Ese viaje es al que AXR invita a sus espectadores pero, antes que nada, es el devenir que ella misma atraviesa y ha ido construyendo para sí: a quien desea cimbrar y hacer reflexionar es a sí misma como individuo y como agente productor de significados a partir del arte.



¿Qué pasaría si ese agente no poseyera el conocimiento total, sino que fuera quien lo catalizara mediante acciones que, tras la conmoción, condujeran a la reflexión? ¿Y qué tal si ese artista o crítico no fuera un hombre, sino una mujer que convierte su imagen imperfecta en la problematización misma del planteamiento estético, llevándolo mucho más allá del objeto de deseo, inspiración o motivo iconográfico? ¿Y si, además, esa artista, a través de su propio cuerpo retara los paradigmas de una sociedad conservadora y misógina, asumiera su esencia a través de la desnudez e invitara a quienes la miran a observarla de frente y hacer lo propio, aceptándose como individuos con una posibilidad artística inmanente? ¿Y si esa misma artista

cuestionara al circuito del arte y la sacralización del objeto a través de elaboración discursiva, muchas veces vacía y carente de conexión emocional con el observador? ¿Y si esa misma artista se atreviera a apropiarse de una deidad que representa la vida, la fe y la feminidad, para seguir hablando de su rol como creadora, como generatriz y como transmisora de conocimiento? Esos son los tres personajes de AXR. Para ella, el arte se dice de muchas maneras: The selfie project, Green Tara y Delamer Ituarte. Desdoblamiento y multiplicación de las posibilidades estéticas de un planteamiento que, mediante la triada, pone en crisis el concepto del arte como sistema de pensamiento unívoco y que emana exclusivamente del

artista como poseedor privilegiado del conocimiento en la sociedad occidental. Se trata de variaciones de un mismo tema central: el ser en el arte pero, sobre todo, el ser en el mundo.



Quizá la conexión más obvia entre la faceta de AXR como artista plástica y su metamorfosis hacia el performance, es Green Tara, donde la caracterización como una diosa hindú nacida de su estudio del budismo, conduce a la meticulosa gestación de un patrón donde cada acción posee una carga espiritual e implica un intento por hallar la verdad del ser y, así, dar sentido a

la existencia. Esa repetición incesante de un módulo que acaba por convertirse en un símbolo, se exacerba en Selfie project, donde AXR comenzó reflexionando sobre el narcisismo y el ello, indagando en las posibilidades discursivas del acto performático de desnudarse (literal y metafóricamente). Su cuerpo es cubierto por telas traslúcidas y su propia imagen tatuada

decenas de veces en una selfie.



Así, deambula por ferias de arte y exposiciones, expandiendo el impacto de su imagen infinitamente, como el Aleph mismo que representa. Se convirtió, entonces, en una plataforma para abordar al ser, no sólo como mujer contemporánea sujeta a la aprobación pública a través de la imagen que proyecta de sí misma, sino como artista que cuestiona su papel como creadora, poniéndose a cuestas la tradición del autorretrato en la historia del arte. Así, con esa profunda problematización, interminable como la matrioska en que AXR se convierte, se conecta con Delamer Ituarte, quien evoca a una elevadísima galerista, representante de un artista conceptual anónimo que va dejando obras de arte a su paso por calles de Nueva York y, recientemente, la Ciudad de México. Con ello, asevera que el arte está en cualquier cosa y que, esas obras no pueden ser adquiridas ni valuadas, sino que han sido puestas ahí, mimetizándose con la industrialización o los residuos urbanos para disfrute de los pocos observadores que abran los ojos, guiados por Delamer.



En este simulacro del circuido del arte, AXR nuevamente pone sobre la mesa el tema del rol del artista contemporáneo, el discurso que en torno a él genera la crítica y el empoderamiento del medio del arte controlado por unos pocos agentes con una prácticamente nula regulación objetiva.



AXR, podríamos concluir, es una artista que pone en crisis cada uno de los niveles que hoy constituyen al circuito del arte. No es, sin embargo, un acto confrontativo o destructivo, sino una metamorfosis reflexiva que, al articularse desde una triada performática, abre las puertas a que espectadores, lectores, escuchas y paseantes, pongan en tensión no sólo a la estructura

del arte en el ejercicio del poder, sino a su papel como receptores del conocimiento y como individuos estéticos que forman parte de un sistema de producción y recepción del arte. Es decir, a cuestionarse su papel en la existencia y el mundo que los aloja.


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Para conocer más sobre el arte contemporáneo de AXR, te invitamos a visitar su página.


Referencias: