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Ataúlfo Casado, el pintor ciego cuya obra trasciende más allá de los sentidos

26 de abril de 2018

Cultura Colectiva

Ataúlfo Casado pinta con los ojos rotos hace 20 años a causa de una retinosis pigmentaria

El arte es para él como la Novena Sinfonía de Beethoven, un Himno a la Alegría. El 14 de febrero de 1988 la vida del pintor Ataúlfo Casado cambió para siempre. Iba caminando por la calle, faltaban dos minutos para el mediodía y, de repente, al observar su reloj, “todo se veía gris y borroso”.

Casado, quien con apenas 14 años se había convertido en el copista más joven de la historia del Museo del Prado, empezaba a perder la vista. Sabía que la ceguera llegaría, pero no tan pronto. ¿Cómo era posible, si el oftalmólogo le había anunciado tres días antes que lo suyo era una afección degenerativa?



En Casado la retinosis pigmentaria actuó rápidamente. La enfermedad hereditaria, que según la Fundación Retinaplus afecta en promedio a 25 mil personas en España, se caracteriza por atacar progresivamente la retina, hasta producir la ceguera. Lo que días antes el artista vislumbraba con esfuerzo, de repente era negro, incluidas sus obras. Su vista desapareció y, con ella, también se fue el arte. Aquella pasión, que inició a los tres años cuando pidió a los Reyes Magos “un cuaderno, lápices de colores y un tranvía grande como el de Madrid”, se difuminó sin compasión. 

Ata, como lo llaman sus allegados, ya no tenía la misma sonrisa. Se vio obligado a cambiar los hábitos y eso, recuerda, le “costó llorar”. Acostumbrarse al bastón ciego fue de las situaciones más dolorosas, pero necesarias. Ya no podía andar por la calle sin usarlo, porque “ellos [los transeúntes] no sabían que estaba ciego y al no verlos, podíamos darnos con el brazo y eso es molestar a las personas”.

Como si de un renacimiento se tratara, una década después Casado volvió a pintar. El optimismo que lo caracteriza le ayudó a no quedarse a oscuras. Se percató de que “el sol va perdiendo todo color. Pero no, no tiene por qué. Voy a mantener el color, aunque tuviese que ocultarme en el horizonte”.



Así, despertó un día con “un montón de recuerdos de cosas que ya había pintado”. Llamó a su amigo Inocente y le solicitó un lienzo. Al terminar la pieza le dijo: “No te dejes arrastrar por el subjetivismo de que estoy ciego, eso no lo pienses. Piensa si vale la pena seguir o dejarlo". La respuesta de Inocente fue contundente: “Vale la pena”. 


La técnica

Los ojos, que antes guiaban el arte de Ataúlfo, hoy son sustituidos por Luis Trujillo, un joven antropólogo de 28 años que encontró en Ata “una relación de asistencia y de amistad”. Dos años han pasado desde que Ataúlfo le enseñó a su ayudante, quien no tenía ni idea de arte, a trabajar en conjunto sobre el mismo cuadro.

Primero Casado imagina lo que plasmará en el lienzo. Su increíble memoria es clave en este proceso porque le ayuda a identificar el nombre y aspecto exacto de cada color

En esta ocasión pintará un paisaje para la serie Cielo y Tierra, Eterno Poema. Un horizonte en colores pasteles, con un gran sol de fondo y, en primer plano, agua entre hierba y rocas. Porque “el agua da serenidad en quien la ve”.



¿Qué proporciones pongo?, pregunta Luis mientras limpia una cuchara untada de acrílico gris. “Media cucharadita de azul turquesa”, responde el pintor. El joven combina las pinturas en un vaso y pone el pincel en la mano de Casado. 

Seguidamente, lo ayuda a ubicarse en la parte inferior derecha de la pintura. Casado, al terminar su trazo, le pregunta si lo que acaba de pintar luce como piedras. “Más bien parece una gran piedra”, señala Luis. Lo que en inicio sería hierba, agua y piedras, se convierte en un pastal, con una piedra enorme y flores rojas. A Casado este cambio no le frustra porque “si eso ha salido un poco así o asá, pues lo arreglamos. Por ejemplo, poniendo unas flores”, señala en tono de risa. 


Alegría, materia prima de sus obras


Tal como se transforman individualmente las piezas de Casado, su línea creativa también evoluciona. Pasó de pintar formas exactas y líneas definidas a plasmar un estilo abstracto, más relacionado con las corrientes expresionista y fauvista.

Sus obras están mediadas por el subjetivismo y las emociones, especialmente por la alegría. De ahí que cada vez use más color, porque “el color es el principio de la felicidad”.



El artista de 70 años es consciente de que la edad trae consigo más complicaciones: “Ya estoy bastante envejecido, los huesos los tengo destrozados y cada vez estoy más limitado”. A pesar de ello, seguirá pintando porque “pinto para hacer feliz a los demás. Es un dar y recibir a la vez”.


Escrito por Natalia Laverde Romero


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Sal de tu zona de confort, exponte a las nuevas formas del arte, explorar tus límites y aprecia el talento y la labor de mentes verdaderamente creativas.

TAGS: Personalidad Arte moderno Pintura
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