“La forma misma, aun cuando es completamente abstracta y se parece a una forma geométrica, posee su sonido interno, es un ente espiritual con propiedades idénticas a esa forma. Un círculo es uno de estos entes con su propio sentido espiritual”.
Kandinsky
En la obra de Alberto Montaño Mason podemos percibir la espiritualidad en la forma que retrata un proceso circular, tanto en el sentido geométrico como en el conceptual.
En 1990, la vida de Alberto Montaño Mason dio un vuelco después de la muerte de su hijo: Pablo, por la que pasó un largo periodo de depresión, viajes e introspección, en una lucha por encontrar una nueva forma de expresión, proceso que tomó varios años.
Este suceso cambió por completo su visión artística, y en su estudio, los pinceles y los lienzos fueron reemplazados por proyectores, plotters, cámaras de video y computadoras. Bajo esta nueva visión, el artista inicia esta nueva etapa de trabajo nombrada: Obra del Siglo XXI.
Alberto Montaño Mason nos conduce sutilmente por las formas e íconos de la historia del arte, retoma la figura de la Venus de Milo haciendo referencia a la mujer en el arte, con una fuerza inherente y como generadora de vida, esta imagen de la que tantos artistas se han apropiado hasta convertirla en una figura icónica.
Así mismo, los personajes de Magritte que moldea en materiales orgánicos nos deja ver diferentes procesos de este ciclo de vida desde el primer brote hasta su fin y la muerte del símbolo. En el caso de la serie de flores cubiertas de látex, que develan una imagen borrosa de la realidad.
Alberto Montaño ha demostrado particular interés y preocupación por los signos, el significado, el significante y los materiales orgánicos con los que trabaja, los que relaciona con los ciclos de vida del ser humano. Desde sus pinturas, Montaño inició una búsqueda alrededor de lo vivo que no se despega de su obra actual. Ha llevado los círculos y los ciclos de vida representados en pastos, en animales, en íconos de la historia del arte a varios soportes pasando del video a la instalación, la escultura, la fotografía y el land art haciendo cada vez más variada su producción y causando diversas respuestas a su propia pregunta sobre el paso de la vida a la muerte y el renacimiento a través de una renovación y una catarsis de él mismo, la que ha plasmado en sus obras.
Su obra es un devenir en el que nada es estático, y en la que por un instante, como espectadores, podemos ser testigos de un proceso que además de componerse del ciclo de vida y muerte de las figuras, propicia condiciones aptas para crear un orden-caos en la naturaleza y observar pacientemente lo que éste devela, desde los primeros brotes hasta las imágenes de residuo vegetal flotando, fugazmente, sobre una tierra que se llena de cicatrices en un afán por preservar y conservar en la continuidad del tiempo una imagen de ese laborioso proceso creativo. El artista capta ese ínfimo momento de una creación y trabajo de meses.
Sus fotografías en gran formato nos muestran a menudo una figura circular, vemos no solamente el signo, sino la vida, la repetición, el instante, los grupos, los límites y una concentración de símbolos. Montaño Mason reitera los elementos que por lo general suelen estar vivos, y otros que llaman a la vida.
Estas piezografías (método de impresión fina con carbón sobre soportes bidimensionales) están fotografiadas en una escala de 1:1 lo cual, aunado al método de impresión, permite la reproducción exacta y prácticamente hiperreal del detalle. Su realización es llevada a cabo por el autor que para lograrlas atraviesa campos tan diversos como la Instalación, el Land Art, la Escultura, la fotografía y finalmente, la impresión.
Tomando en cuenta este laborioso proceso creativo se hace evidente y mejor aún, visible, el compromiso del autor con su mensaje, el cual no se ve limitado por detalle técnico alguno.