La mujer que destruyó por celos y odio el recuerdo de la esposa de Monet

La mujer que destruyó por celos y odio el recuerdo de la esposa de Monet

Por: Andrea Fischer -


Monet sabía que su mujer estaba enferma. No había pasado un año desde que se casaron cuando Camille Doncieux había mostrado los primeros defectos de salud: tras distintos intentos fallidos de embarazo, el esfuerzo —y la pena, quizá— había consumido su vitalidad, su juventud y gran parte de su disposición física; sin embargo, veía aún en ella ese resplandor tenue de la provincia francesa: la luminiscencia discreta que tenía en la mirada seguía ahí, a pesar del deterioro importante en su bienestar físico, y conservaba todavía las reminiscencias de la joven de la que se había enamorado.


Son diversos ejemplos en los que Claude Monet pinta a su primera esposa: sobrecogido desde el primer día por el aura lumínico que la rodeaba, se casó con ella después de un año de haberla conocido, finalmente con un hijo en brazos y con el desprecio de su familia. A pesar de las desgracias que sucedieron a su matrimonio civil, Monet vivió muy enamorado de su mujer; sabía que su salud era precaria, y que la silueta que se confundía con la luz de las horas doradas no estaría para él por mucho tiempo.


Se hicieron de una pequeña casa en Argenteuil con las ganancias de una exposición en París; en ese lugar, Monet se dedicó a ver a su hijo crecer a la sombra de su madre enfermiza. Estuvieron ahí sólo tres años, de 1871 a 1874, pero vivieron felices una época de relativa estabilidad. Fueron algunas veces en las que sus amigos —y colegas artísticos— estuvieron con ellos en el jardín, que se extendía por muchas hectáreas. La inspiración impresionista que definió la trayectoria de Monet resultó muy natural en un lugar así: la provincia francesa en tonos azules, en suspiros de viento transparentes, en colinas marinas y en telas al aire que se confunden con el sol. Por esto es que el francés decidió pintar la escena siguiente:


La mujer que destruyó por celos y odio el recuerdo de la esposa de Monet 1


Una mujer juega con su hijo en el jardín de su casa: lo ve esconderse detrás de los pastizales, soltar risitas al tropezarse con las piedras en el suelo, correr entre los matorrales en flor, como un ser de aire, de luz en movimiento. Mujer con sombrilla es una de las escenas impresionistas más importantes del siglo pasado, y es posible que de todo el movimiento artístico, no sólo por la estrategia innovadora de las pinceladas cortas y rápidas, sino por la selección de la paleta: los tonos más llamativos se emplean en el pasto que se refleja en la sombrilla de la mujer; de la misma manera, y de una forma casi natural, la mirada del espectador se dirige inmediatamente al azul del cielo, que igual se usa —en un tono más suave— para el vestido de Camille Doncieux.


La imagen es ligera, suave, tranquila. Pareciera que el cuerpo de la mujer fuera a disolverse con el paisaje, como una nube que se deshace con el paso del viento. Algo del sentimiento de pérdida se adivina en este carácter casi transparente de la obra: el acontecer melancólico del artista por la muerte incipiente de su mujer se refleja en la gama casi dócil de la pintura, que se reverbera con la luz cálida de la provincia francesa. Es casi fantasmagórica su presencia: el velo, la tela del vestido y la mirada de tristeza sostenida. La pieza pareciera una promesa de permanencia ante un último soplo de vida.


Los años en Argenteuil se fueron rápido. La circunstancia económica de la familia muy pronto se vino a pique, y la salud de Camille empeoró después de dar a luz a su segundo hijo. En ese tiempo, Monet conoció a uno de sus mecenas más importantes, Ernest Hoschedé, y en 1876 lo invitó a pintar unos paneles decorativos para su castillo en Montgeron, donde pasaban casi todos los veranos. Fue entonces que el pintor conoció a la mujer de su benefactor artístico y, casualmente, empezó a pasar mucho tiempo en su casa de campo. Abrumado por las deudas que tenía, Hoschedé huyó a Bélgica sin darse cuenta jamás del amorío que el pintor tenía con su mujer.


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Dos años después, Monet invitó a la familia Hoschedé a vivir con ellos en Vétheuil. Camille estaba ya muy enferma, y se le hicieron los ritos que correspondían a la tradición católica; cinco días después murió al lado de su esposo a los 32 años. Sobrecogido por el dolor, Monet la pintó en su lecho de muerte, con la cara apagada y los ojos cerrados para siempre. No mucho tiempo después, la relación con Alice Hoschedé tomó fuerza: el trabajo de su marido en París para Le Voltaire los mantenía mucho tiempo separados, y la mujer se encariñó profundamente con los hijos del pintor, quien produjo mucho durante esos años y disfrutaba de una situación económica mayor.


A pesar de que el matrimonio no se disolvió de manera formal, Alice estaba convencida de que el verdadero amor de su vida era Claude Monet: él podía darle la compañía y el apoyo que su marido nunca pudo, pues el calor de un hogar establecido muchas veces vale más que las promesas de un futuro mejor, a distancia; sin embargo, el pintor vivió siempre con el recuerdo melancólico de su mujer muerta, sin poder amar a Alice con la profundidad que ella hubiera querido. La angustia terminó por vencerla y los celos por un amor que jamás podría tener, la llevó a destruir todo recuerdo material de la mujer anterior.


Con el abandono de su marido y bajo la sombra constante de Camille, Alice Hoschedé decidió eliminar aquello que pudiera traer el recuerdo de la mujer muerta: cartas, fotografías y pertenencias. Cualquier tipo de referente directo a ella que Alice encontrara lo borró de la faz de la Tierra, menos los cuadros a los que nunca tuvo acceso, ya que formaban parte de colecciones particulares y Monet mantenía algunos en resguardo. En ese tiempo, el pintor tuvo que viajar mucho para pagar las cuentas de la casa. Para 1891, le llegó la noticia de la muerte de su antiguo mecenas, con la novedad de que consentía el matrimonio entre su mujer —oficialmente su viuda— y él.


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Un año después, Alice vio el sueño de su vida cumplido: se pudo casar con el amor de su vida y vivieron 20 años de estabilidad en Giverny, donde Monet produjo algunas de sus obras maestras y ella pudo concretar su sueño frustrado hasta su muerte en 1911. En secreto, Monet siguió pintando a Camille Doncieux.


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