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Crónica de un dibujo anunciado: sumi ink club

Arte Crónica de un dibujo anunciado: sumi ink club

Sólo unas líneas azules definían un espacio en blanco deseoso de ser ocupado por trazos negros. La cita ya había comenzado y los primeros visitantes se conocían entre ellos a través del pincel. Los primeros dibujos dejaron ver el entusiasmo que originó la iniciativa Sumi ink club en CC186, espacio de exhibición de Cultura Colectiva. Los paseantes de fuera miraban como quien desconoce la información pero no se siente ajeno a lo que sus ojos le ofrecen.

 

 

Sumi ink club había comenzado entre tinta negra, pinceles amarillos y cabezas concentradas en la blancura de un papel. Poco a poco más gente llegaba al lugar y se unía, primero a dejar muestra de sus habilidades natas o recién adquiridas por la creatividad compartida, para después hacerse parte del trabajo del otro tomando cada espacio en blanco y cada dibujo como una iniciativa propia, como una vacuidad en el concepto del arte que vería su fondo en paredes dispuestas a ser lienzos del momento.

 

 

Un joven artista decidió hacer un grafiti de una mirada de ojos verdes sobre una tabla de madera, una manera distinta de participar pero innegablemente atractiva para quienes pasaban por el lugar y para los que adentro veían en él una inspiración para verter sus pensamientos sobre el papel. Retratos, flores, edificios, paisajes, líneas, rostros, personajes, nubes, animales, frutas y astros son algunos de los dibujos que vistieron las paredes de CC186, todo al calor del roce de los cuerpos y  la inspiración surgida por la cerveza y el mezcal.

 

 

Fotografía por: Corey Rojas Flores

 

 

 

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Personas esperaban su turno pacientes, mientras observaban el resto de los dibujos y externaban sus opiniones sobre la experiencia catártica que una actividad como esta producía en quien participaba, ya sea como pintor o simple espectador. La música, a cargo de Lemon Mint, parecía marcar el compás que debían seguir los pinceles y los asistentes se dejaron envolver por el ritmo que permitía transitar mejor las ideas.

 

 

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Al final, el lugar se vio colmado de figuras del todo y la nada, del ahora para la posteridad; para la vista de uno y de todos, para los de adentro y los de afuera, para los que salían y observaban desde el cristal. Para los que volvían por una cerveza, para quienes se inspiraban con un mezcal, para quienes repetían la ronda de pintura, para los que completaban el rostro del de a lado… para quienes se conocieron dibujando. 

 

 Fotografía por: Corey Rojas Flores

 


Referencias: