Entre especulaciones y datos certeros, esto es lo que debes saber de la Capilla Sixtina.



Mil y una historias –algunas falsas, algunas muy ciertas– han rondado a esa maravilla del Renacimiento que el papa Julio II encargó a Miguel Ángel. Se ha dicho que guarda mensajes ocultos e incluso paganos, se ha contado de múltiples maneras la censura que se le dio a los cuerpos desnudos que pintó el artista, se han supuesto autorías desconocidas del espacio y se ha tachado en algunas ocasiones al pintor consagrado de la capilla como un ventajoso hombre que le puso su nombre a la creación de otros; sin embargo, la realidad que sólo puede construirse a través del relato oficial mantiene a la fecha la personalidad y el lugar del que ahora hablamos como dos hitos en el devenir histórico del arte.


Aun así, hay cosas que desconocemos de este recinto y que pueden alimentar con datos fácticos o estudios profundos esa necesidad por descubrir misterios alrededor de las grandes piezas de la humanidad. Por ejemplo que:


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La Capilla Sixtina –conocida originalmente como Cappella Magna y dedicada a María Asunta en el cielo–, toma su nombre del papa Sixto IV, mismo que ordenó su restauración entre 1475 y 1481.


Miguel Ángel realizó los frescos de la Capilla Sixtina entre 1508 y 1512. Es considerada la capilla privada del Papa, la más completa e importante de la “teología visiva” (La Biblia pauperum o Biblia del pueblo) y –tal y como está descrito en el Antiguo Testamento– tiene las mismas dimensiones que el Templo de Salomón.


Miguel Ángel no aceptó de buena gana el encargo, ya que él mismo se destacaba más como escultor; sin embargo, la bóveda y El Juicio Final son dos de sus obras más aclamadas en el mundo.



Sixto IV también encargó frescos a Sandro Botticelli, Domenico Ghirlandaio y Pietro Perugino, entre otros.


Para pintar la bóveda, Miguel Ángel construyó su propio andamio. Una plataforma de tablas sobre soportes creados a partir de agujeros de las paredes, a la altura de las ventanas; al contrario de lo que se cree, pintaba de pie.


Es gracias a Miguel Ángel que contamos con la primera reproducción de Dios corpóreo; de anatomía musculosa y larga barba blanca, éste se acerca demasiado en tanto representación al dios Júpiter.



El Juicio Final está pintado –con toda premeditación– de modo que se inclina ligera y atemorizantemente sobre el espectador en su parte alta.


También le debemos a Miguel Ángel una representación poco ortodoxa de Cristo; un hombre muy joven, musculoso, sin barba, justiciero, enérgico, iracundo, inmisericorde y en concordancia con los torturadores.



Se ha supuesto que la imagen que circunda al cuerpo de Dios se relaciona con la silueta del cerebro, que la escena de Judith con su esclava forma la letra Chet de chessed y que significa piedad, que otros elementos de las pinturas posicionan al hombre como futuro de la humanidad y la presencia de la glándula pineal como conexión entre humano-Dios; pero nada ha sido revelado al cien por ciento.


Desde 1870 es la sede del cónclave; es decir, la reunión en la que los cardenales electores del Colegio Cardenalicio eligen a un nuevo papa.



En la capilla, a la izquierda del altar y bajo El Juicio Final, se encuentra un espacio llamado Sala de las Lágrimas, donde los recién nombrados papas irrumpen en llanto por la emoción del cargo; acto que da nombre a ese habitáculo.


Hay un coro permanente, el schola cantorum, para el que se han compuesto algunas piezas originales; el Miserere de Gregorio Allegri es el más famoso.


La restauración que se realizó en la década de 1990 mostró el increíble dominio técnico del pintor y las causas espaciales por las que el mismo artista comentó en sus escritos sobre el dolor que le provocaba trabajar desde los andamios.



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La complejidad iconográfica de la obra se compone de una selección de escenas del Antiguo Testamento: La creación del mundo, La creación de Adán y Eva, El pecado original, El sacrificio de Noé, El Diluvio y, por último, La ebriedad de Noé –que representa la expresión más vil del ser humano contaminado por el pecado– y otras que prefiguran la venida de Cristo. En suma es una pieza invaluable de arquitectura, arte, política, clero e historia de la humanidad.


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Referencias: