Descripción gráfica de una ruptura amorosa
Arte

Descripción gráfica de una ruptura amorosa

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Por: Pilar Turu

24 de abril, 2015

Arte Descripción gráfica de una ruptura amorosa
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Por: Pilar Turu

24 de abril, 2015


Sentir que se te encoge el estómago, que te ahogas con tus propias vísceras. Que se te va a salir el corazón del pecho por el "dolor" que sientes. Ya nada tiene sentido. ¿Por qué seguir vivo? 


Como si fuéramos frágiles criaturas, como si en ello se nos fuera la vida, como si nunca fuéramos a encontrar el amor de nuevo, así nos sentimos tras un desengaño amoroso; tras una ruptura. Maldita miseria que nos creemos y que sólo podemos expresar con gritos y quejas, con lágrimas y odio. En nuestros actos dramáticos para darle un toque extra a la vida, para llenarla de emoción y para exigir un poco de atención, llevamos los desencantos al límite, nos autocastigamos. ¿Qué hice mal? ¿Por qué no le habré gustado? “…por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...” 

ruptura amorosa
También es fácil, y mucho más efectivo, culpar al "desgraciado". Amenazamos con “morir” en el intento de recuperarnos. "¡Nunca lo olvidaré! ¡Me ha hecho tanto daño!" Son heridas que aunque abiertas en el momento, y que nos gusta tocar para prolongar el sentimiento, a lo lejos no serán más que cicatrices que nos habrán hecho más fuertes, más críticos, más independientes. Eventualmente sanaremos para nuevamente dejarnos lastimar una o varias veces más.  

El amor no es trágico, los trágicos somos nosotros, y todas las malas rachas pasan. Al igual que las buenas. La vida es cíclica, y la realidad es que los momentos malos nos hacen preciar los buenos, y viceversa.

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Entre vestidos elegantes con volantes y bordados pintados, gestos galantes, saludos educados que nos hacen pensar en las princesas o la nobleza, vemos como estas damas de porcelana se ahorcan con sus propias entrañas, con sus tripas sangrantes. Se sacan el corazón con la mano, lo muestran en un puño cerrado y firme mientras el hueco queda expuesto. Abanicos que se convierten en armas con las cuales se degollan. Caras fracturadas dejando el cráneo expuesto, mientras mantienen la compostura. Todo en estas piezas nos sorprende.

Pensar en una colección de porcelana es  pensar en objetos delicados, suaves, que sólo han de ser observados y tratados con cuidado.  Sin embargo, partiendo de este juego de la delicadeza de las señoritas, la artista escultora Jessica Harrison (1982) realiza obras que partiendo de lo abyecto y lo grotesco, resultan transgresoras en exceso porque no nos lo esperaríamos en estas delicadas figuras de tez pálida, livianas, y de minuciosos detalles.

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