La locura de tu mente bajo el efecto de las drogas en 10 obras de arte

lunes, 10 de julio de 2017 14:17

|Carolina Romero

¿Por qué nos drogamos? Si nunca has consumido algún tipo de droga —incluyendo las legales—probablemente te sea imposible responder esta pregunta. Si, en cambio, lo has hecho alguna vez —como las decenas de millones de consumidores ocasionales en el país— podrías intentar responderla.

Algunos dirán que nos drogamos para sentir más; nos agrada el torbellino de sensaciones que cosquillea toda nuestra piel, nos encanta la euforia que corre del estómago hasta la garganta, disfrutamos nuestros pies bailar sin cesar. Nos gusta sentirnos incorpóreos y volátiles. 

Otros responderán que es para sentir menos; buscamos dejar de pensar en lo que nos aflige, no preocuparnos de lo que puede ocurrir mañana, disminuir la ansiedad, la angustia. No sentir miedo, ira ni tristeza.

Al final todas las respuestas están encaminadas hacia el mismo lugar: se trata de emociones. Nos drogamos para sentir o dejar de sentir.

Emoción proviene de emotio; y a su vez, esta palabra se descompone en dos (e —desde— y motio—retirar, mover). Las emociones son, literalmente, aquello que nos mueve. Nos sacan de un estado de estatismo para impulsarnos, sacudirnos. 

Si lo pensamos detenidamente, es una especie de locura. Buscamos emociones ficticias, fabricamos sensaciones artificiales, procuramos momentos de éxtasis perecederos. Creamos un mundo aparte. Al fin de cuentas, ¿quién podría juzgarnos por ello?, ¿quién podría reprocharnos la necesidad de huir de la realidad construyendo una emotividad propia? 

Recientemente, algunos teóricos han asegurado que no son las drogas, como sustancias, las que generan adicción. Es la situación en la que nos vemos inmersos la que determinará si seremos adictos o no. Es decir, en un ambiente hostil y dañino, somos mucho más propensos a desarrollar una dependencia por algún tipo de sustancia. En cambio, si emocionalmente estamos bien, esto no sucedería. Esto es una mentira

Las drogas, en tanto sustancias psicoactivas, alteran el funcionamiento cerebral y, por ende, nuestras emociones. Si somos asiduos consumidores de algún tipo de sustancia, es imposible que existan emociones positivas o estables. Es decir, bajo el mismo argumento de que es el “contexto” el que vuelva al adicto tal, sería imposible que existiera otro tipo de circunstancia.

Sin embargo, es verdad que hay quienes no adquieren ningún tipo de dependencia pese al consumo. ¿Por qué sucede eso? Hasta ahora, la ciencia no tiene respuestas certeras. Sin embargo, se está de acuerdo en que es la susceptibilidad emocional la que condiciona si la adicción se desarrolla o no.

Las fotografías que vemos aquí hablan por sí mismas. Cada una tiene una carga emocional específica. En cada una vemos un fenómeno extraño; una especie de felicidad y éxtasis acompañado de un toque de desesperación y sufrimiento. Los personajes retratados parecen estar fuera de sí, completamente movidos, extraños.

Todas estas piezas pertenecen a Kyung Sunghyun un pintor coreano que dedica horas de trabajo para crear estos efectos. Por medio de la pintura consigue en los óleos el efecto de una fotografía sobrexpuesta. De manera estática, captura no sólo los movimientos de los rostros y los cuerpos, sino también la emoción que se desenvuelve por el personaje retratado. El propio movimiento estético traduce el movimiento-emoción.

No se trata de una satanización del consumo de estupefacientes. Incluso, es posible que el propósito del autor no esté encaminado en este sentido. Sin embargo, lo que es verdad es lo que estas pinturas logran transmitirnos; una sensación de estar fuera de sí, de descontrol y de locura, algo que, sin duda, sucede con las drogas.

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Si quieres conocer más de arte, descubre cómo es que repudiar el racismo y amar lo prehispánico como un nuevo modo de hacer arte y descubre la obra que retrata la sociedad contemporánea: trastocada y absurda.

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Referencias

EIL
HI- FRUCTOSE
Supersonic

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