El artista que encontró en la miseria y en la calle la inspiración para su creación
Arte

El artista que encontró en la miseria y en la calle la inspiración para su creación

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Por: Armando N

27 de agosto, 2016

Arte El artista que encontró en la miseria y en la calle la inspiración para su creación
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27 de agosto, 2016


“A este joven pintor que recién aparece en el difícil mundo del arte, le auguro, tanto por sus facultades como por su trabajo constante, que  llegará a alcanzar el nivel que su capacidad e intuición creativa merecen”.

Rufino Tamayo a David Correa




El arte ha sido, y sigue siendo —para muchas personas—, una suerte de salvación, de barca en medio del mar tormentoso que llega cuando estás a punto de ahogarte; sirve como catalizador de energía, de sueños, de pesadillas y de oscuridad que se esconde en el pecho de muchos, encontrando en las expresiones artísticas la manera de sublimar aquello.

Dicen que las creaciones son el reflejo del interior de las personas, de aquello que no pueden o no se atreven a mostrar de otra forma, pero, ¿qué pasa cuando tu interior contiene magia y es el exterior el que parece ser parte de un círculo del infierno de Dante?

David Correa Muñoz (1965), el pintor mexicano, responde a ese cuestionamiento no a través de la palabra sino de su vida.

david-correa

Mi encuentro con el pintor mexicano David Correa Muñoz fue gracias a la amistad que mantuvó con su representante María Teresa Rodríguez Almazán, quien me invitó a su domicilio y taller ubicado en Chapultepec para llevar a cabo la entrevista.

Después de una plática de casi cuatro horas, conocimos el taller y el trabajo del artista; fue entonces cuando la plática se abalanzó a su pasado, a su camino en el arte y a su obra actual.

Fue Tacubaya, en la Ciudad de México, el lugar que vio nacer a  David, en el seno de una familia humilde; tuvo su primer trabajo a los ocho años de edad como empacador, y a los 15 decidió abandonar su hogar debido al maltrato y a la situación en la que vivía, refugiándose bajo el cielo de la gran Ciudad, fue como empezó la historia de un joven soñador.

La idea de dedicarse al arte surgió de su capacidad de observar, de analizar su alrededor, viendo mágica, colorida y creativamente la vida pese a la circunstancias que atravesaba.

Un día, vagando por las calles de Polanco, se encontró con el Centro Cultural de Arte Contemporáneo, donde se exhibía el trabajo del artista noruego Edvard Munch, y como si se tratara de una epifanía, decidió dedicarse profesionalmente a la pintura.

“Empiezas a analizar tu vida. Empiezas a crear conciencia de lo que harás con ella”, nos cuenta Correa, señalando que al futurizar los sueños, el destino o Dios presenta la oportunidad para ir por ellos.

Entraba todos los días a dicha exposición y pasó en ella 12 horas al día durante un mes.

El pintor ha participado en distintos talleres de dibujo, aunque su formación ha sido básicamente autodidacta.

Durante la plática, recordó la primera vez que asistió a un taller de arte en el que conoció al pintor Gilberto Aceves Navarro, de quien fue alumno cuando asistía a sus talleres particulares. Después de asistir a ellos durante aproximadamente un año, David Correa pudo clarificar el rumbo que tomaría su vida, él mismo comenta: “para desarrollarse en el arte se necesita tiempo ilimitado, ya que sólo el trabajo es lo que hace al verdadero maestro”.


 

El cambio que surgió de su situación de calle a pintor profesional fue muy drástico. Ocurrió en una galería de la colonia Polanco, cuando llevó algunos de sus dibujos para ver si podían ser exhibidos; ahí conoció a Jaime Soto, quien lo recomendó con María Teresa R. Almazán, quien ahora es su representante.  

David Correa se expresa a través de su pintura, del arte que ha hecho suyo, de aquel que lo salvó. Su obra ha recorrido el mundo, pasando por países como Estados Unidos, Belice, Argentina, España, Turquía, Grecia Italia y Japón, también ha impartido diversos talleres y cursos sobre pintura.

Cuando comenzó su carrera, David trabajaba 12 horas, tiempo que ha disminuido con el paso de los años al ganar experiencia. Pero algo que no ha dejado de hacer —y probablemente se haya convertido en un paso inherente en el proceso de sus obras— es la creación de bocetos a lápiz para posteriormente plasmarlo en tela.

 

Sin duda, Correa es un claro ejemplo de superación, de constancia y disciplina; de la importancia de buscar los medios para hacer realidad un sueño, un objetivo, una meta.

Los verdaderos artistas están comprometidos con su tiempo, con su sociedad y su papel en el arte, por esa razón, le comparte un mensaje a las nuevas generaciones creativas:

“Sigan trabajando fuerte, hagan lo que les guste, no se dejen vencer. Tengan paciencia, no dejen de soñar y, sobre todo, acérquense mucho a Dios; no sigan las modas efímeras. El arte es un proceso, es una búsqueda, no se hace en un año o dos. Puedes dejar tu vida y nunca encuentras lo que buscas. Deben ver arte, leer, ser un buen humano y tener disciplina”.



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Referencias: