El brillo (no) cotidiano del vidrio

jueves, 23 de julio de 2015 8:03

|Museo Franz Mayer

Texto escrito por  Melissa Méndez Orantes

“Por ser hombre de vidrio y no de carne: que el vidrio, por ser de materia sutil y delicada, obraba por ella el alma con más prontitud y eficacia, que no por la del cuerpo, pesada y terrestre” Miguel de Cervantes

En la vida cotidiana estamos, constantemente, rodeados de vidrio, un material imprescindible que jamás desaparece, y si por alguna razón dudas de que esto sea verdad, te invito a constatarlo ahora mismo, bastará con que observes a detalle el entorno en el que te encuentras, cualquiera que sea. Y es que al encontrarlo de forma tan abundante y en presentaciones tan distintas, nos hemos familiarizado a tal grado que hemos suprimido nuestra capacidad de asombro en torno a su carácter excepcional.

En la colección del Museo Franz Mayer podemos encontrar diversas piezas de este material, entre las que destacan las elaboradas en la Real Fábrica de Cristales de la Granja en España durante los siglos XVIII y XIX; así como vidrio elaborado en la Nueva España y en el México Independiente. Estas piezas representan episodios de la historia del vidrio en nuestro país y fueron testigos de la vida cotidiana desde hace varios siglos.

Probablemente el vidrio pueda dar la apariencia de ser duro y sólido; sin embargo, no debemos olvidar que el vidrio pasa de un estado líquido y caliente, a uno rígido y frío. Y es que lo que sucede con el vidrio es que, mientras se enfría, se vuelve viscoso como un caramelo y gracias a esto tiene el poder de resistir al cambio molecular, lo que lo convierte en un líquido de súper enfriamiento. Por lo tanto, el vidrio en un estado de calor puede ser soplado en forma de burbuja, o puede formar largas y delgadas líneas cuando se jala o "tuerce", y esta fluidez inherente es propiedad fundamental del material. Los objetos de vidrio tienen una calidad especial y única desde que fue descubierto pero ¿cuál es su origen?

En la naturaleza existen muchos cuerpos cristalizados que tienen propiedades específicas de transparencia, dureza, color y brillo, y que en ocasiones descomponen la luz del Sol en los siete colores del espectro, formando prismas hexagonales. Un ejemplo es el cristal de roca, un mineral que se encuentra (no de manera abundante) en el seno de ciertas rocas. Desde tiempos muy antiguos –inclusive en el México prehispánico–, se tuvo gran estima de este mineral y se empleó por su belleza para el adorno personal y la ornamentación.

Diferencia entre cristal y vidrio

Se han encontrado vestigios de vidrio en civilizaciones muy antiguas de Mesopotamia y Mesoamérica; sin embargo, fue durante el Renacimiento italiano cuando apareció el interés del hombre por trabajar más a detalle con este material, bajo una perspectiva de reproducción artística y utilitaria. Es durante esta época cuando se descubre la manera de fabricar un sustituto artificial del cristal de roca, que ahora conocemos como vidrio.

El vidrio se obtiene al fundir mediante calor la sílice (cuarzo amorfo abundante en la naturaleza, conformado por arena y guijarros) con un cuerpo fundente que lo facilite, pero, al no emplear los materiales con la debida pureza y exactitud, se prolongó la obtención de los elementos deseados que se encuentran en el cristal de roca: la transparencia, la nitidez y lo incoloro.

Gracias al esplendor de la técnica vidriera en Venecia, se pudo conseguir un vidrio de tal transparencia, que al considerarse tan semejante al cristal de roca o cristal natural, también comenzó a recibir el nombre de cristal y es por esto que a veces se cree que estas dos palabras tienen el mismo significado.

La colección de vidrio del Museo Franz Mayer

Al finalizar el siglo XVII, ya casi todos los países europeos habían conseguido no sólo igualar las técnicas vidrieras de Venecia, sino superarlas en la mayoría de los casos. Respecto a España, es en la Real Fábrica de Cristales de la Granja en donde podemos encontrar una etapa de gran esplendor vidriero que también se reflejará más tarde en América, sobre todo en la Nueva España. Esta fábrica se fundó gracias al interés de Felipe V por crear una manufactura vidriera que dependiera directamente de la Corona, a la manera de las fábricas reales iniciadas por Luis XIV de Francia.

Es de destacar el hecho de que la Real Fábrica fuera durante el siglo XVII, un gran centro vidriero donde confluyeron técnicos, creaciones, realizaciones y artes decorativas de maestros vidrieros de más de 14 nacionalidades distintas (españoles, franceses, alemanes, bohemios, suecos, ingleses, noruegos, etc.) que aportaron al mundo del vidrio sus diferentes conocimientos y puntos de vista en cuanto a técnicas, concepciones compositivas y artísticas. En la actualidad, es en el museo Franz Mayer en donde podemos admirar algunas de las piezas realizadas en la Fábrica, como esencieros, copas, vasos, bomboneras y garrafas, entre otros objetos.

En cuanto al vidrio novohispano, encontramos botellas de vidrio soplado y vasos. Puebla fue el principal productor de vidrio en la Nueva España, ya que en 1542 se le concedieron a Rodrigo de Espinosa dos solares para que pusiera una fábrica de vidrio, convirtiéndolo en el primer fabricante de este material en nuestro país. Se tiene registro de esta fábrica hasta 1712 y en ella se hizo vidrio blanco, cristaleño y azul verde, en cuanto a la calidad de sus productos se tuvieron opiniones encontraras respecto a su calidad, sin embargo fueron fabricadas diversas vasijas, botellones, vinajeras y vasos. Dentro de esta última tipología, encontramos los vasos pulqueros. A causa de sus orígenes prehispánicos, el pulque no era digno de ser servido en cristalería europea en ciertos círculos sociales decimonónicos, por lo que se crearon envases y recipientes para este fin, dando forma y color a uno de los capítulos más pintorescos de la vidriería nacional.

Existe una serie de vasos que tienen el escudo nacional y diversos lemas en dorado, los cuales se piensa fueron elaborados en el México independiente a la manera de la Fábrica de la Granja. Estas piezas aún representan un misterio a descifrar, para entender un capítulo más de la historia de este material en la vida cotidiana. Los hogares novohispanos en el siglo XVIII también recibieron la influencia de la moda Europea, sobre todo la francesa, ya que se adquirió la costumbre de colocar unas estructuras piramidales conocidas como “mostradores” que tenían la intención de presumir a las visitas una gran diversidad de objetos suntuarios de vidrio propios del comedor, y una réplica de este interesante espacio puedes encontrarla dentro de la sala titulada El esplendor de la plata, que tiene el Museo Franz Mayer. En la colección también destacan distintos enseres europeos, como botellas, perfumeros, licoreras y vasos, en cuya superficie observamos personajes, escenas y paisajes del siglo XVIII.

No pierdas la ocasión de ver más de cerca algunas de estas increíbles piezas de vidrio que no han perdido sus características más importantes, como su decoración, color y detalle, manteniéndose en un excelente estado a pesar de todos los años transcurridos, hecho que consolida estas piezas como un eslabón fundamental dentro de la historia del vidrio, descúbrelas y admíralas dentro de la colección del Museo Franz Mayer.

Bibliografía:

o   Fernández, Ángel, Miguel, El vidrio en México, Centro de Arte Vitro, México, 1990. México y la Real Fábrica de Cristales de la Granja, Museo Franz Mayer, Ediciones del Equilibrista, México, 1994. 

o   Rey de Viñas, Pastor, Paloma, La Real Fábrica de Cristales de la Granja, Historia. Repertorios decorativos y tipologías formales, Global, Consejeros de Comunicación, 1998.

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