Arte

En búsqueda de lo irrepresentable a través del ojo místico

Arte En búsqueda de lo irrepresentable a través del ojo místico


El reto de representar lo sacro visualizado y la actitud mística supondría un tremendo desafío para las escuelas de pintores españoles del Siglo de Oro a lo largo del siglo XVII siendo objeto de una intensa actividad de investigación formal y conceptual en aras de conseguir una renovación de los postulados anteriores, pero por sobre todo conseguir la mayor verosimilitud posible de un tema tan complejo como el de la representación de los oxímoron de lo irrepresentable. 

Inicialmente inspirado por la literatura mística, la retórica de lo irrepresentable halla su primer gran exponente pictórico en la figura del Greco (1541-1614) y la magistral obra de "la Visión de San Francisco", datada en 1600 (fig. 1)

Doménikos Theotokópoulos será uno de los primeros en enfrentarse a este incipiente tema pictórico que cada vez más irá en auge en torno a los círculos religiosos más contemplativos y dogmáticos del momento. Incorporará la solución compositiva extática en perspectiva diagonal para dar mayor verosimilitud atmosférica a las paradojas de lo sacro visualizado, así la retórica gestual y dialéctica del santo y lo irrepresentable representado como un evento climático, comenzará a mostrar a un santo ensimismado y oculto bajo un velo en eterno diálogo interior con Dios, siendo la representación gráfica de los ojos en blanco una solución formal de gran novedad, además de anunciar el fundamento prístino de la estética del romanticismo del ojo interior.

Otro motivo irreemplazable será la nube, el borrón poético, por encarnar y considerarse elemento esencial e irreemplazable de la encarnación mística y poética de lo retórico aproximativo. Juan Ribalta será el primero en representarlo en "la Visión de San Bruno" (c. 1621-22) influenciado por el grabado de "la Trinidad" (1511) (fig. 2) de Albrecht Dürer que durante todo el siglo XVI se difundió por toda Europa como uno de los motivos esenciales de la representación de lo sacro irrepresentable.

No obstante, la labor más significativa será la aportación del pintor y teórico Vicente Carducho (1585-1638) quien a través del monumental ejercicio plástico para "el Claustro mayor del convento Cartujo del Paular" y su tratado teórico "Diálogos de Pintura" escrito en 1633 (Fíg. 3 y 4), abordará una extensa reflexión que reconciliará la perspectiva albertiana (científica y clara) y la manera de representar la visión (lejana y nebulosa) para llegar a la creación perspectiva de un punto de vista único en que lo representable inexorablemente se termina de fundir con lo irrepresentable. Este tratado propondrá dos maneras de ejecución, por un lado, unificando la historia del aire con el éxtasis del santo, siendo "el Milagro de la Porciúncula" (1665-63) (fig. 5) de Bartolomé E. Murillo (1615-1682) una obra ejemplar y, por otro lado, la visión en disminución proporcional unificada a través del gesto y la mirada para así enlazar al espectador en una situación de figura de espejo siendo paradigmatica la obra de Francisco de Zurbarán (1598-1664) "la Visión de San Francisco" (c. 1630-34) (fig. 6).

Siguiendo con estás líneas, también será de gran relevancia la aportación iconográfica protagonizada por las alegorías del Alma (niño/a) y el Guía o Amor celeste (angelito) de los jeroglíficos como “El Alma anhela subir”  (fig. 7), “El Alma espera la libertad”  (fig. 8) y “El Alma prisionera del Cuerpo” (fig. 9). Además del sentimentalismo tierno, sensual y cortés, del famoso libro de lectura espiritual “Pia Desideria” de 1624 (que ilustrará el proceso mas adecuado para llegar a la vía espiritual y mística, a través de 3 tomos, titulados, vía penitente, vía contemplativa-iluminativa y vía unitiva), del belga Hugo Hermann (1588-1626). Hasta el desarrollo de la pintura Sevillana del Barroco Pleno (1640-1645) y con ello a la pintura visionaria de Esteban B. Murillo y el pintor de la muerte terrenal Juan de Valdés Leal (1622-1690), creando una fuerte dicotomia y categórica en una época que comenzaba a vislumbrar una fuerte desolación y busqueda por la salvación debido la hambruna, la terrible epidemia de 1646, las intensas sequías y las malas cosechas, entre otros males... propiciando así el triunfo definitivo de la emoción por sobre el dogma de las representaciones religiosas.



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Bibliografía:

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Referencias: