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Cómo se puede transformar y mejorar la CDMX a través del arte y la cultura

30 de abril de 2018

Natalia Lomelí

Conversación con Ana Elena Mallet, directora del Corredor Cultural Roma Condesa, acerca de la identidad de ambos barrios y la transformación del proyecto a lo largo de 20 ediciones dedicadas a su comunidad.



Emprender un proyecto cultural desde cero es un compromiso similar al de iniciar una relación de pareja, tienes que dedicarle el tiempo necesario, preocuparte por sus necesidades, ser una mejor versión de ti y crecer juntos aprendiendo de la experiencia del ensayo y el error para que a lo largo de los años se conozcan lo suficiente cuando llegue el momento de tomar decisiones difíciles que pueden afectarlos de manera irremediable. Esto lo sabe bien la curadora independiente mexicana Ana Elena Mallet, quien durante nueve años se ha dedicado a fortalecer la comunidad creativa local, a través de la dirección del Corredor Cultural Roma Condesa.


Sus funciones han cambiado con el tiempo, pues al principio era la única involucrada en el proyecto y se encargaba de todo, desde redactar la programación, contactar a los espacios, redactar y enviar los boletines de prensa, hasta conseguir los patrocinios y medios aliados. Así fue durante cuatro ediciones, hasta que en el 2010 se integró al equipo una coordinadora para encargarse de la programación y logística, mientras que Ana Elena continúo a cargo de la comunicación con los espacios y gestión con los vecinos de la zona.



Actualmente son tres personas en el equipo, pero ella destaca que lo interesante y difícil de su labor es que quien dirige este tipo de proyectos tiene que operarlos para después poder entender cómo han ido creciendo y que cuando se empiece a formar un equipo de trabajo busque perfiles dirigidos hacia el tipo de función que se requiere, además de que puede dirigirlos porque ella ya lo hizo anteriormente y sabe los detalles específicos, convirtiendo esa experiencia en la fortaleza de un líder.



Después de 20 ediciones el Corredor Cultural Roma Condesa se ha posicionado como una plataforma para establecer un diálogo entre la comunidad creativa y el resto de los habitantes de la zona, como una oportunidad para generar redes de colaboración entre vecinos con un contexto común.


A unos días de su próxima edición, platicamos con Ana Elena Mallet, directora del CCRC quien nos contó cómo se ha transformado el proyecto a la par de la industria cultural de los barrios y cómo ha identificado en términos curatoriales aquellos espacios y propuestas que ya son parte de la identidad de la zona; así como cuáles son las claves que han convertido al CCRC en un proyecto cultural y comunitario tan exitoso.




Adaptarse a la transformación de la zona


El CCRC arrancó su primera edición con dieciocho espacios de arte y diseño, a los cuales se han ido sumando e integrando actividades creativas como teatro, cine, actividades infantiles, moda, iniciativas ambientales, y otras disciplinas que responden a las inquietudes de la zona. Durante estos años, han llegado a participar más de 100 espacios en algunas de sus ediciones, pero la experiencia ha demostrado que deben estar en constante transformación y que si bien ya tienen una estructura y un modelo de trabajo, no pueden dejar de experimentar y adaptarse. Por ello, la oferta se ha vuelto más compacta y enfocada por completo a la comunidad, al darse cuenta de que crecer no significa añadir espacios, sino incrementar ramas de distintas disciplinas culturales para los diferentes públicos que convergen en los barrios, y eso ha sido la parte más importante en el desarrollo del corredor a lo largo de sus ediciones.



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Identificar las necesidades de la zona y manifestar una postura ante ellas


De la mano del punto anterior, Mallet reafirma que al ser un proyecto comunitario debe responder a las necesidades de la zona y esa es la misión que se ha planteado desde un principio como un proyecto vecinal de gestión pública y comunidad. Ha sido un proceso de conocer a los vecinos y entender hacia dónde está creciendo, no sólo a nivel de economía cultural creativa, sino tomando en cuenta la planeación urbana y de alguna manera también involucrarse en decisiones vecinales hasta ser un facilitador o medio comunicador de situaciones, como acercar a ciertos gremios para que existan buenas relaciones entre ellos.



Realmente se ha convertido en un proyecto comunitario, el ejemplo más cercano es el terremoto del 19-S y la respuesta que tuvo el CCRC, el cual tuvo que replantear su programación para responder a las demandas de ese momento de reconstrucción arquitectónica, pero sobre todo de reconstrucción del tejido social, además se encargó de reforzar y difundir la imagen de que la Roma y Condesa estaban de pie y la gente podía visitarlas para seguirlas disfrutando.



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Identificar las propuestas creativas


En cuanto a la curaduría de espacios que pertenecen al CCRC, identificar o detectar una propuesta interesante resulta una labor difícil, pero el primer paso es darse cuenta de que la cultura es un ente vivo y se está transformando todo el tiempo, sobre todo ahora en este momento digital donde los cambios son muy rápidos y todas esas disciplinas utilizan la tecnología para desarrollar cosas nuevas todos los días. Como gestor debes estar muy pendiente de esas variaciones en las tendencias para tratar de integrarlas al proyecto y mantenerlo vigente.



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Analizar las aportaciones reales del proyecto


Desde la primera edición, Mallet ha identificado un "más diez, menos diez" al referirse a que el diez por ciento de los espacios de una edición desaparecen para la siguiente, pero al mismo tiempo hay un diez por ciento de espacios nuevos con una nueva propuesta experimental en cada edición. A la par ha detectado cambios en los intereses de quienes emprenden en la zona, como el hecho de que la oferta gastronómica se ha afianzado, ya que hace diez años era común la idea de que los restaurantes con propuesta vanguardista estaban en Polanco, pero hoy en la Roma Condesa los chefs y restauranteros apuestan por abrir sus propuestas experimentales, y sobre todo han aumentado las colaboraciones entre cocineros y artistas, en restaurantes con diseño y mobiliario que no se encuentra en otra parte de la ciudad. Esa colaboración que el corredor ha intentado siempre promover es una respuesta a lo que ya sucede en el barrio cuando artistas colaboran con cocineros, o arquitectos con diseñadores.



Gracias al posicionamiento de los barrios, y a pesar del terremoto, hay gente que sigue mudándose y abriendo negocios en la zona porque lo que se respira aquí cotidianamente es esa creatividad, ese ritmo rápido del evolucionar de la cultura. Ana Elena relata que si abres tus oficinas o te mudas a esta parte de la ciudad, de repente hallarás en la cuadra una nueva cafetería, con tazas de un diseñador emergente posiblemente fabricadas en un taller de cerámica que está en la misma zona; esos encuentros son la puesta en valor del área, que además ha extendido sus brazos para impulsar a que las colonias aledañas empiecen a desarrollar también sus propios nodos creativos, como en el caso de la Doctores, la Juárez y la Escandón.



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Amar lo que haces, ten pasión por tu proyecto para poder compartirla


Tu proyecto cultural debe ser parte de tu estilo de vida. Por ejemplo, Ana Elena vive y trabaja en la Condesa y se declara amante de caminar. Vive aquí porque el trazo urbano de la zona le permite ir caminando a sus citas de trabajo, tiene transporte público muy cerca, y parte de su actividad cotidiana es pasear por el barrio para entender lo que está sucediendo, saber si hay algún espacio nuevo para entender qué están haciendo y cómo se están comunicando desde las redes sociales hasta cuál es el público que ellos están buscando.


Ese es un reto bastante interesante desde el punto de vista curatorial porque la mantiene activa pensando en cómo migrar esos formatos y cómo reinventar el proyecto en cada edición, idear cómo se puede atraer un evento nuevo que tenga que ver con los paradigmas actuales, con lo que a la gente que vive, trabaja o pasea por aquí le interesa. Ese es el verdadero desafío: mantener el discurso vigente con un ente vivo como lo es la cultura, que exige moverse a la par de su transformación.



Su pasión por ambos barrios, le permite compartir su identidad, misma que se vivió y reforzó durante el terremoto y que siempre ha sido parte del corredor, porque Mallet tiene claro que los cimientos de dicha identidad son la comunidad cultural creativa que habita la zona, la cual a lo largo del corredor se ha descubierto. Pero mientras esos son los cimientos, los pilares son el patrimonio arquitectónico y cultural de la zona: los centros culturales, las galerías, los edificios históricos de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Por ello, el CCRC es un impulso por invitar a la gente a salir a la calle para darse cuenta de que la zona se está reconstruyendo pero sigue activa económica y culturalmente, que el patrimonio arquitectónico debe protegerse y la mejor manera de hacerlo es estar consciente de su valor.



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Evolucionar y transformarse junto con sus participantes


El CCRC se ha considerado siempre un proyecto comunitario y por lo tanto colectivo. Su función finalmente es coordinar a los vecinos y creativos, preguntarles qué les parece, cómo visualizan la siguiente edición y tomar en cuenta esas opiniones para impulsar y difundir el trabajo de la gente que está ahí cotidianamente. Ana Elena asegura que el corredor cultural está ahí siempre, su proyecto lo único que hace es dos veces al año poner el foco en esas actividades.



Ahora, como parte de la evolución del CCRC —y en respuesta a que no sólo la zona ha evolucionado sino también la ciudad—, se ha decidido que a partir de esta edición se hará una única edición al año en primavera. Al respecto, Mallet comenta que cuando inició el proyecto había una oferta cultural sólo para algunos sectores de la población, pero que en los últimos cinco años han surgido festivales de música, ferias de arte, pop ups de diseño, por lo que la actividad cultural se ha vuelto rica, vasta y diversa. Además asegura que hay que entender la competencia sana que esta cartelera cultural representa, y sobre todo recordar que al ser un proyecto comunitario y local no debe perder de vista su misión.



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Identificar lo que se necesita para sobrevivir en el ritmo de transformación constante de la industria cultural


Al respecto Mallet comenta que lo primero es tener un proyecto muy sólido, una preparación antes de invertir. Tener un plan de negocio y una estructura, pues si bien es un barrio focus group, también suele resultar muy celoso y si las propuestas chocan con el estilo de vida residencial de la zona eso se convertirá en un obstáculo. No hay que perder de vista que Roma y Condesa son barrios de usos mixtos con un comercio de bajo impacto y hay que entender a los vecinos, lo que les molesta y por lo que han trabajado, ya que es una zona muy activa en un continuo diálogo con los comités vecinales y las personas que han habitado la zona durante varios años.



Los proyectos creativos deben entonces acercarse a lo que está sucediendo en la comunidad, no solamente a los locales contiguos o vecinos, sino entender el flujo del público en la zona, quiénes vienen en los fines de semana y cómo se diferencian de quienes trabajan o estudian ahí. Em resumen, estar conscientes de dónde está situado el proyecto y cómo responde a las necesidades de la zona, a partir de entender el contexto para poder pertenecer a una comunidad que se distingue por apoyar el comercio local.



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No te pierdas la 20ª edición del Corredor Cultural Roma Condesa el próximo sábado 5 y domingo 6 de mayo, y disfrútalo de una manera distinta participando en el #RallyCC organizado por Cultura Colectiva Arte que te invita a descubrir 6 espacios imperdibles de la zona y ser recompensando por tu espíritu curioso. Sólo debes visitar nuestra página y formar parte de las actividades del CCRC que estaremos recomendando en nuestras redes sociales. Durante tus visitas, haz una historia en Instagram stories por cada espacio o actividad en la que participes y no te olvides de incluir lo siguiente:



Después de las primeras 5 stories que subas, te enviaremos una clave vía DM para que la canjees por descuentos y productos. Para más información, sigue en Instagram a @culturacolectivarte donde anunciaremos a los espacios participantes.



Consulta la programación completa de la 20ª Edición del Corredor Cultural Roma Condesa en ccromacondesa.mx.


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Ana Elena Mallet es una de las mujeres que transforman el panorama cultural en México, como Cecilia Mingüer, directora del MACO Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca que reúne las 11 cualidades que debes tener para dirigir un museo y Paula Duarte, curadora del consejo de Salón ACME, quien identifica y nos comparte las claves para distinguir a un buen artista emergente.


TAGS: Exposiciones arte contemporáneo cdmx
REFERENCIAS:

Natalia Lomelí


Coordinadora Cultural

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