Arte

Entrevista a Enrique Singer

Arte Entrevista a Enrique Singer

Entrevista a Enrique Singer
Director
Dirección de Teatro UNAM
1 de junio de 2015
 
La cita era al mediodía, el cielo estaba nublado y la mañana era fría. Yo caminaba cabizbajo, recordando mis dilemas y autoengaños, el abandono previo de mi vida de antaño. Mis problemas personales me impedían concentrarme y la tristeza se escondía por la mañana nublada. No obstante mi tragedia personal, tenía que cumplir mi responsabilidad. La cita era al mediodía para hacerle una entrevista al maestro Enrique Singer, actor, productor, director de escena y director de la Dirección de Teatro de la UNAM.

Antes de ingresar al edificio, ubicado en el Centro Cultural Universitario, vi a un estudiante que, sentado en una banca, compartía su almuerzo con una ardilla. Eso me puso de buenas y subí corriendo al segundo piso (en el primero está la Dirección de Danza), me acerqué al escritorio del secretario del maestro y, luego de confirmar mi presencia, esperé a que me llamaran. Recordé a la ardilla y pensé en un cuento para ésta, sin embargo, mi escritura es trágica por lo que terminaría muerta. Asesinada por el joven estudiante. Abrí mi libreta para hacer unos primeros apuntes y, antes de poder escribir algo, me llamó el secretario. Entonces pasé a la oficina de Enrique Singer.

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Me saludó con su sonrisa característica y nos sentamos en unos sillones negros. Primero le agradecí la oportunidad de entrevistarlo y le dí mis razones. Soy filósofo, colaboro para Cultura Colectiva y quiero participar con reseñas y entrevistas en la difusión del teatro en México. Comenzaron las preguntas:
  
SM: ¿Cómo inicia su vida en el Teatro?

ES: La puerta de entrada se podría decir que fue familiar porque mis padres se dedicaban al teatro, pero eso no lo explica todo porque también se dedicaban a otras cosas que no me gustaban, y no por ello lo hice, es decir, no es nada más imitación sino porque sí es un oficio que me gusta mucho y en el cual yo me ví identificado a tal grado que pensé que me podía dedicar toda la vida a ello. Probé literatura, probé historia, probé otros caminos antes del teatro pero no me gustaban, me gustaba hacer teatro y entonces decidí hacer teatro. Ahora bien, en teatro el 99% quieren ser actores y yo no fui la excepción, sin embargo, con el tiempo me di cuenta que el teatro tiene muchas puertas, no nada más la actuación, y me interesó más otras puertas sin dejar la actuación. Mi trabajo en el teatro ha sido plural, he trabajado en el teatro como actor, como productor o gestor cultural —como es el caso aquí en la UNAM— y como director de escena, entonces tengo todas esas posibilidades de trabajo. Yo no sé quien escoge a uno, si uno escoge a la profesión o la profesión lo escoge a uno, y yo me dedico al teatro con mucho gusto.
 
SM: ¿En cuál de todas esas posibilidades del teatro se siente más cómodo?

ES: En las tres me podría sentir cómodo y en las tres me podría sentir incómodo, no depende la comodidad de cualquiera de ellas sino de la fortuna que puede tener un proyecto. Hay algunas ocasiones en que como actor encuentro un personaje que encaja con mi personalidad y con mis características, y lo disfruto mucho. A veces no, a veces me cuesta mucho trabajo un personaje y no lo disfruto, y lo mismo pasa como director, a veces no entiendo bien la obra y no encaja en mi imaginario y no lo gozo del todo; pero a veces sí hay una correspondencia entre la obra y mi espíritu y fluye y lo gozo mucho. Como gestor cultural sucede lo mismo, hay proyectos que son muy gozosos y proyectos que son muy difíciles. La dificultad no está tanto en qué puerta toco o el campo en el que estoy trabajando, sino más bien en la coincidencia con cada uno de los proyectos singulares. Es algo muy interesante porque creo que, en mi profesión por lo menos, la fortuna es un elemento real, presente y muy importante; la suerte y la coincidencia con las cosas. Lo que hace uno es trabajar mucho para aumentar las coincidencias, también aumentan las no coincidencias pero estamos siempre a la espera y agazapados, esperando atacar y que sea presa el buen proyecto, el proyecto que sí es. El proyecto que provoca más inspiración
 
SM: Entre todas las posibilidades del teatro que hay en México (comercial, artístico, independiente, popular), ¿cuál le gusta más o en cuál se siente más cómodo al trabajar?

ES: Sin duda alguna, el teatro artístico es el que más me gusta. ¿Qué significa el teatro artístico? Es un método de trabajo, no es un resultado, es un método. Ese método de trabajo implica condiciones propicias para que se dé un hecho teatral que tiene que ver con nuestras intenciones, con nuestro imaginario. Yo me imagino algo y para llevarlo a cabo lo mejor es tener condiciones necesarias para que suceda. ¿Cuáles son esas condiciones? Los actores necesarios, el tiempo necesario de trabajo y la cantidad de ensayos en el teatro; el presupuesto necesario para hacerse y una serie de condiciones que propician que el fenómeno teatral se dé en plenitud. ¿Qué es lo que pasa con el teatro comercial? Se puede hacer con el mismo amor y la misma entrega, e incluso con textos igual de buenos que el teatro artístico, la diferencia es que las condiciones no son las propicias. El tiempo es mucho más limitado por ahorro de dinero, los actores tienen que tener algún nombre porque la taquilla es importante, entonces no es el actor exacto, parece pero no es el actor exacto. Por eso cuando decimos “teatro comercial” tiene un cierto tufo peyorativo —no suena bonito “teatro comercial”— porque no están las condiciones totales para que surja, hay que adecuarse a esas condiciones. A veces no es tan malo y puede salir muy bien, ¿por qué? Porque hay productores en el teatro comercial que están interesados en la calidad, y ellos intentan también dar las mayores condiciones posibles, hasta que llega un momento en que deja de ser teatro comercial y se vuelve teatro artístico privado, entonces las diferencias están en el método de trabajo, en las condiciones que se le dan al artista para que haga bien su trabajo.

Aquí en el caso de la UNAM, eso es lo que la distingue de todos los demás nichos de producción que existen en México, y es que tiene una especial atención por el artista. Lo que nos interesa a nosotros es que el artista tenga las condiciones para llevar a cabo su trabajo, e independientemente de nuestros evidentes límites presupuestales, nuestra labor es abonar el terreno para que los artistas tengan las condiciones para hacer su teatro. A veces tienen más fortuna, a veces menos fortuna, a veces conectan más con el público por razones inexplicables, pero las condiciones están dadas. Esto no es un territorio científico, dos más dos no es igual a cuatro en el teatro, dos más dos puede dar cero, o puede dar menos cinco o puede dar mil. La respuesta es variable, es voluble, lo único que no es voluble es poner el terreno para el trabajo del artista. Yo como director busco las mejores condiciones, pero me tengo que adecuar bastante de las condiciones que vienen de fuera. Entonces yo prefiero el teatro que me da condiciones, no tengo una fascinación especial por algún tipo de expresión teatral distinta a otra. Lo que tengo fascinación es por las condiciones de trabajo.

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SM: El método.
ES: El método.
 
SM: ¿Por qué Hamlet es su personaje favorito?

ES: Hamlet es un hombre que, primero, no tiene edad; tiene varias edades. Dice que tiene como treinta años, sin embargo, se comporta como jovencito, después como un viejo, sabio. Es un personaje muy complejo. Es una respuesta personal, no formal, y personalmente yo me identifico mucho con la duda, con el miedo, con la figura paterna. Yo veo a ese personaje y, desde un punto de vista general, veo la duda del ser humano, el miedo del ser humano; veo ese padre que todos tenemos en la cabeza que diario nos está repitiendo lo mediocre que somos —que después Freud llamó el “súper yo”— es un padre que es un fantasma que está dentro de nuestra cabeza diciéndonos “eres nada, tú no existes, tú estás para lo que yo te diga”. Y el sufrimiento de Hamlet tratando de luchar contra todas esas fuerzas, el cual es un rey que no puede ser rey, es un artista en realidad. Hamlet es un artista. Es una gente de teatro, es un director de teatro. A través de una obra le muestra a los reyes cómo es que hicieron el asesinato de su padre. El teatro es su única forma de expresar su realidad. Lo leo y me veo a mí mismo. Por dejarse llevar por su miedo, por sus dudas, acaba destruyendo un reino. Porque él tiene un problema, Hamlet tiene un grave problema: es rey, y no se sabe comportar como rey. Hamlet se mató a sí mismo y mató a todos.

Ser o no ser, qué significa esa pregunta. Lo que está diciendo es me mato o vivo, esa es la pregunta, si vivo o muero. Si es ser, es ser con todas sus consecuencias, si es no ser es no ser con todas consecuencias. Las dos conllevan consecuencias, la muerte es una consecuencia, la vida es otra consecuencia, y Hamlet está pensando si tiene que vivir o se tiene que morir. Ese es su error, trágico. La pregunta es su error trágico. Es una pregunta que ni siquiera hay que hacerse ya. Hay que ser, punto. Él se hace la pregunta y termina muerto él y muertos todos. Hamlet no es un héroe, es un antihéroe. Hamlet enloquece, por eso es una pregunta enloquecedora, una pregunta que no tiene respuesta. ¿Ser o no ser? ¿Qué es mejor vivir o morir? Perdón por mis palabras, ¡pero no mames! ¿Cierto? Esa es la pregunta fundamental y la respuesta que da Shakespeare, por eso yo digo “Shakespeare es sabiduría”. Lo que importa es la pregunta fundamental y la respuesta fundamental, y la ironía. La gran ironía. Porque Fortimbrás, el rey que llega al final de la obra, a poner orden, nunca se hizo esa pregunta. Y si le llegó la pregunta a la cabeza la quitó inmediatamente y dijo “a la chingada, hay que vivir; y yo soy rey y asumo mi actitud de rey”. Y yo creo que el reinado de Hamlet no es sobre Dinamarca, es sobre sí mismo, y ese es el que no asume.

Hay algo muy interesante en Hamlet, en la universidad es un rey, todos los admiran; y cuando llegan los actores a hablar con él se ve que están hablando con un maestro, y es un maestro del teatro. Y les da una de las lecciones más interesantes que se le puede dar a un actor y que se puede dar en la vida: que la palabra corresponda a la acción y la acción corresponda a la palabra. Eso les dice a los actores. Ese es un gran consejo para el actor y una gran lección para la vida. Y si analizas a Hamlet, la palabra y la acción es algo que no corresponden, él es el más incongruente de todos los personajes, hay una ironía tremenda. Y se muere.
 
***
 
Platicamos de más cosas y la entrevista duró casi una hora, sin embargo, al despedirme mi mente se encontraba ocupada intentando comprender del todo su última respuesta. Yo también me identifiqué con Hamlet, y también como él sucumbiré ante el miedo de la existencia. Yo no aprendí su lección, por ello mi espiritual identificación. Ser lo que uno es y no ser lo que uno no es, auténticamente.  



Referencias: