El artista que tatúa esculturas clásicas para convertirlas en un retrato fiel de la modernidad

Lunes, 29 de enero de 2018 18:12

|Andrea Fischer

No podrás creer los diseños que Fabio Vidale crea en mármol puro...

A Regina Ulloa, por la idea


No hace falta saber de mitología griega para impresionarse con las esculturas de Fabio Viale. Pareciera que las estatuas de la antigüedad se cansaron de posar en los grandes galerones de los museos —ya tan viejas, ya tan fuera de época—, y dictaron su renuncia irrefutable al tatuarse la espalda, los brazos, la parte del pecho que quedó después del derroche irascible de los siglos. Fabio Viale entiende muy bien que los pasillos soberbios de las salas de exposición de siempre ya no dicen mucho a las audiencias jóvenes, por eso, logra dialogar con los vestigios del arte remitido exclusivamente a los límites impuestos por el canon para extirparlas de ese espacio tan reducido, tan inflexible, tan fuera de los intereses de la actualidad.



Las esculturas de Viale son en efecto de mármol: algo habría que respetarle a las representaciones de Venus y Apolo, que tanto tiempo aguantaron en la misma posición, sin posibilidad alguna de estirar los músculos de otra manera; sin embargo, el artista italiano logra distender esos músculos atrofiados y entumidos por el polvo pintándoles patrones orientales en la espalda: flores, peces dorados con bigotes largos, inscripciones en japonés y nubes a la manera del monte Fuji. La sobriedad con la que el imaginario colectivo reconoce a las estatuas de la Grecia Clásica se ve perturbada, no sólo porque transgrede con la idea que se tiene genéricamente del arte clásico, sino porque se pone a la misma altura de la cultura del tatuaje y del lenguaje de la calle —que parece tan lejano, a veces, de lo que los críticos denominan Alta Cultura. 



Las intervenciones de Viale no demeritan el dominio que tiene sobre el cincel: si bien es cierto que las esculturas asombran por extravagantes —siendo que no permanecen pálidas como el mármol del que fueron resucitadas—, es notable la manera en la que el escultor logra definir los rasgos del cuerpo humano a través de la piel. La musculatura, las uñas, las profundidades del ombligo y la cuadrícula esbelta de los abdómenes de sus figuras masculinas resalta por asertiva, así como la soltura y falta de pudor de sus creaciones femeninas. Aunque es una afrenta a las concepciones que se tiene del arte clásico, los destellos de pulcritud que el escultor tiene sobre el mármol se dejan notar con toda destreza, seguros de sus movimientos, de su expresión, de la forma en la que parecen respirar a través de sus poros de piedra.



Llama la atención que no se preocupa especialmente por imitar al cuerpo con fidelidad —siendo que hoy se posiciona como uno de los referentes del arte hiperrealista—, sino que extiende su línea creativa a otros terrenos. Viale se especializa en el tacto, ya que logra muy bien la textura de la piel y también la del papel o la del poliestireno, pues siempre se vale del mismo material. Algunas de sus esculturas son aviones de papel de gran formato que parecieran ser dobleces de cartulina o periódico. Otras más pretenden desmoronarse al primer contacto fuerte de la mano, pues podrían bien ser producto de una intervención a los desperdicios de la paquetería: logra imitar las bolitas que desprende el poliestireno, pero en la misma piedra que caracteriza al zénit del arte antiguo.



Más allá de la precisión con la que logra dejar caer los caireles de sus afroditas, o la del agarre de los pies de sus pandoras pudorosas contra la base, lo que en realidad llama la atención de Viale es el carácter sincrético de la obra: ese que logra reunir dos épocas que a grandes rasgos son disímiles, pero que guardan esa búsqueda estética por los límites del cuerpo, que refleja muy bien esa otra de los límites humanos, al mismo tiempo creativos e intelectuales. Las esculturas de Fabio Viale son un logro, pues ponen en diálogo el arte contemporáneo con el pasado, a pesar de los tantísimos siglos que los separan, en una brecha que podría ser irreconciliable; sin embargo, en ello reside su comentario: el arte de hoy no puede negar sus orígenes estéticos y está en un error si cree que no puede entablar una conversación más o menos civilizada con aquellos que le legaron sus herramientas más básicas.




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Otro artista que combina lo clásico con lo contemporáneo es Alexey Kondakov, quien convierte a los personajes del arte clásico en personas comunes y corrientes.


Andrea Fischer

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