Eva Hesse, lo artesanal-visceral
Arte

Eva Hesse, lo artesanal-visceral

Avatar of Gerardo Ayala

Por: Gerardo Ayala

28 de noviembre, 2013

Arte Eva Hesse, lo artesanal-visceral
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Por: Gerardo Ayala

28 de noviembre, 2013

En alguna ocasión le preguntaron a Charles Saatchi que entre todos los artistas muertos prematuramente, cuál pérdida era la más lamentable para él. Saatchi contestó sin titubear que Eva Hesse, de no haber muerto tan joven sería una de las más grandes artistas del siglo, según palabras del coleccionista británico.

Eva Hesse

Alemana y judía de nacimiento, Eva Hesse huye con su familia del genocidio Nazi, primero a Holanda y después a los Estados Unidos, donde se afincarían en la ciudad de Nueva York. Realizó estudios en la Cooper Union y en la Escuela de Arte y Arquitectura de Yale (1957–1959) como discípula de Josef Albers, artista alemán creador de los programas de arte más influyentes de la educación artística en los Estados Unidos.

Como la mayoría de los artistas, Hesse comenzó como pintora en 1960, en un par de años ya hacía escultura, plataforma que no abandonaría hasta su muerte. Su estadía en 1965 en su natal Alemania con su marido, el también escultor Tom Doyle, sería el detonante definitivo en la concepción de su propuesta estilística.

Eva Hesse


Para entender su obra definitivamente hay que adentrarse en su mundo. La vida de Eva no fue nada fácil, recuerda un poco a la de Arshile Gorky con tantas calamidades que parece ficción. Eva huyó del régimen Nazi sola con su hermana, después se reunió toda su familia en Holanda para emigrar a Inglaterra y definitivamente a Estados Unidos.

Eva Hesse


Su madre se suicidó en 1946, suceso que la marcaría de por vida, incluso, en su diario hace mención de la ansiedad que le provocaba el haber heredado la inestabilidad emocional de su madre. Tiene constantes pesadillas de abandono y de muerte prematura que la atormentarán siempre.

Su matrimonio duró sólo un par de años; estuvo sometida a psicoterapia hasta los últimos días de su vida, atormentada la mitad de ella por el cáncer que desgraciadamente, en 1969, al ser operada de un tumor cerebral, le causaría la muerte con apenas 33 años (edad cabalística que ha perseguido a muchos artistas).

Eva Hesse

En una época dominada por el minimal art, donde la factura era lo más importante y la razón y la técnica dominan al arte, aparece una propuesta fresca, diferente y poderosa que vuelve al sentido emocional de las piezas, a la obra hecha a mano, a lo artesanal, a lo visceral. Con un lenguaje único y materiales poco nobles para la escultura de su tiempo, Eva logró marcar tendencia aun con apenas 10 años de carrera artística.

Eva Hesse escultura

Hesse creó un gran número de pequeñas obras experimentales con una gama de materiales notablemente variada, entre ellos látex, fibra de vidrio, tela metálica, estopilla, cuerdas, pedacera de tela, cinta adhesiva y cera. A la par de las esculturas de gran formato aparecieron piezas menores llamadas con frecuencia “piezas de prueba”, con las que se tenía en mente que eran el componente de un todo más complejo, proceso de experimentación previo a la obra final. Sin embargo, con un estudio más profundo de la artista, muestra que rara vez eran componentes de un todo, sino la misma obra de arte.

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Estas piezas de estudio muestran el uso altamente innovador de los materiales que hacía Eva Hesse, desde la concepción de la pieza en el proceso mismo que no tenía nada de tradicional o industrial, hasta las piezas pulcras e impolutas de Donal Judd.

“Hesse no utilizaba el término “pieza de prueba” para describir sus pequeños trabajos experimentales. Como mucho, en sus notas se refería a ellos como “muestras”. Sólo después del fallecimiento de la artista empezó a aplicárseles el nombre de “piezas de prueba”, en parte por defecto. Este término, como “prototipo”, otra palabra muy propia de la época, revelaba el deseo de vincular el arte con el lenguaje de la industria”. [1]

hesse2


Siembre en la búsqueda de la cuestión háptica del objeto, con texturas palpables, formas pendulares y protuberancias estrafalarias, alusiones al cuerpo humano, a lo sensual y a lo sexual, al accidente y a lo oculto. Con sus efectos viscerales, a veces grotescos o cómicos, Eva devolvió a la escena las cualidades sensuales y corporales al arte.

“Aunque su obra a menudo se ha calificado de “orgánica” en oposición al vocabulario “geométrico” de los minimalistas, lo cierto es que las creaciones de Hesse cuestionan directamente las oposiciones de este tipo, porque prefería trabajar con formas y estructuras que eran al mismo tiempo orgánicas y geométricas, como si el arte fuera un modo de plasmar materialmente una contradicción terminológica”. [2]

eva hesse artist

Siempre hay un deseo casi obsesivo con el resultado final del objeto en una serie de movimientos como ensartar, doblar, cortar, perforar y enrollar hasta lograr el objetivo esperado. Algo que al principio parece fortuito y desechable, como una pieza de látex de forma extraña, requiere un tiempo de contemplación y, a medida que se mira, los gestos que intervienen en su creación se vuelven más evidentes.

La última pieza que realizó Eva Hesse 15 días antes de su muerte, en 1970, Seven Poles, en fibra de vidrio y resina de polietileno, de sus materiales favoritos, logra introducir la cualidad orgánica a sus objetos. Los contornos viscosos, amorfos, arrugados y ondulantes, el carácter rugoso de las superficies y la imprecisión de los bordes están realizados ex profeso con el propósito de subrayar la carnalidad y lo humano del objeto.

Seven Poles

“Siete formas vulnerables, vacías o con caóticos interiores parecen inusualmente susceptibles de atraer la gravedad o sugerir la decadencia; son siete formas aparentemente rudimentarias que poseen una fuerte carga expresiva y que ejemplifican que para Eva Hesse el arte y la vida eran inseparables”. [3]

Al mismo tiempo, la composición vertical y las formas oblongas rememoran una cierta imaginería hospitalaria (sondas, tubos, vendajes) de enfermedad y dolor que evoca y subraya por un lado el aspecto visceral de su trabajo, y por otro la fragilidad de la realidad cotidiana.

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Quizá la mayor aportación de Eva Hesse al mundo del arte es, sin duda, la transformación radical de la escultura que hizo en una época en la que la categoría misma del objeto artístico estaba en crisis. En una medida similar a la obra de Duchamp o Warhol, quienes se adelantaron a su época y revolucionaron la forma en que se veía el arte de su tiempo, resulta impresionante su vigencia en fechas recientes y su influencia en diversos movimientos artísticos posteriores a su muerte.

Su obra es difícilmente encasillable entre el Process-Art o Antiform, ya que su discurso es demasiado íntimo y con un contundente carácter y originalidad que lo vuelve único. Su trabajo es el resultado de la experimentación y la reformulación tanto conceptual como representativa de la escultura que sirvieron de fundamento para abrir nuevos espacios físicos y mentales imprescindibles para los nuevos discursos posteriormente emprendidos por la escultura occidental contemporánea.

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[1] Eva Hesse. Trabajos del estudio. Briony Fer (comisaria), Barry Rosen (comisario).Fundación Antonio Tápies. 2010.

[2] Op Cita.

[3] José Miguel G. Cortés. Eva Hesse Seven Poles. Obras fundamentales del arte del siglo XX.


Referencias: