¿Por qué los delincuentes son más religiosos que cualquier otra persona?

jueves, 10 de agosto de 2017 16:18

|Natalia Lomelí


Cada 28 de octubre hay una tregua de paz en la Ciudad de México entre policías y delincuentes. En la fiesta de San Judas Tadeo no hay detenciones porque desde 2002, el mismo día se celebra también el día de los judiciales y, mientras la iglesia de San Hipólito se llena de devotos hacia el patrón de las causas difíciles, el índice criminal se reduce durante algunas horas para dar paso a la peregrinación y los rezos.


En las zonas consideradas más peligrosas de la ciudad y del país se rinde culto a San Judas, a la Santa Muerte y a Jesús Malverde, el "Santo de los narcos", a quienes piden protección y bienestar para sus familias. Una muestra de ello son las fastuosas tumbas de los narcotraficantes en Culiacán, pues los ingresos del cártel alcanzan y sobran para construir ostentosas capillas donde descansen sus restos. Otro ejemplo es el caso de Amado Carrillo, “El Señor de los Cielos”, quien fue en peregrinaje a Tierra Santa en Jerusalén. Su devoción es equiparable al peligro que enfrentan cada día al vivir en una situación de riesgo constante, mucho mayor a la que enfrenta un ciudadano común.



Los delincuentes también rezan, lo hacen para que no los descubran robando, piden no ser arrestados y encarcelados, oran para que no los perforen las balas ni las navajas cuando se dirigen hacia un enfrentamiento inminente con los judiciales o entre pandillas.


¿Qué significa para la sociedad que una familia dedicada a la venta de piedra (crack) imprima en sus envolturas la imagen de San Judas? Es una manifestación más de la relación estrecha entre la violencia y la religión. Pero ¿por qué no agradecer a sus protectores por el negocio que mantiene a familias enteras? Quizá resulta injusto y difícil juzgar sus plegarias cuando no hemos tenido que depender de la "bendición" que representan las drogas para quien no las consume pero sí las distribuye.


De la serie Bendíceme. Tríptico de envolturas para crack extraídas de la Colonia Doctores


¿Podríamos realmente juzgar a las familias que encuentran en la distribución de drogas su único ingreso? ¿Realmente son ellos la causa de que existan los adictos?


La respuesta cuestiona a los psicólogos desde finales de la década de los setenta, cuando la campaña Partnership for a Drug-Free America popularizó un experimento en el cual una rata enjaulada era obligada a elegir entre dos recipientes con agua, uno de ellos estaba diluida con cocaína. Cada vez que se realizó este experimento, la rata volvía una y otra vez por el agua alterada con droga hasta que moría. Sin embargo, fue Bruce Alexander, un profesor de psicología de Vancouver, quien descubrió que había un factor al que pocos científicos prestaban atención: el hecho de que la rata estaba sola en la jaula.


Así que cambió el método y decidió construir un parque de ratas donde tenían juguetes, comida, túneles y, sobre todo, compañía. Volvió a poner los dos recipientes con agua; sin embargo, los roedores evitaban la que contenía droga y esta vez ninguna murió. Al mismo tiempo, se desarrollaba la Guerra de Vietnam, que arrojaba alarmantes cifras que registraban al 20 % de los soldados como adictos a la heroína, no obstante, al regresar a casa, 95 % de ellos se rehabilitó por decisión propia, dejando las drogas sin tener que pasar por centros de rehabilitación. 



Lo relevante de ambas situaciones es que demuestran que el ambiente determina las conductas y los vicios de la sociedad. En México la delincuencia, el fanatismo religioso y las drogas se vinculan en el imaginario social a la periferia. Pero quién y qué define la periferia si en el sentido estricto del término se refiere al territorio que se aleja del centro... En la cultura lo relacionamos con lo popular y la falta de recursos y servicios necesarios para una calidad de vida digna.


La periferia es en realidad el borde entre las nociones del bien y del mal, cuando ambas nociones se ven definidas por la supervivencia del más fuerte. 


We’re in Business of Shareholder Profit, Not Helping the Sick


La paradoja aquí es que la periferia es tratada como una minoría a pesar de que más del 60 % de la población vive en situaciones de vulnerabilidad económica y social. ¿Cuál es entonces el factor que nos divide?


Esta pregunta es la motivación para las obras del artista mexicano Jorge González García, quien a través del arte contemporáneo genera reflexiones desde una visión antropológica para entender la identidad de la periferia determinada por nuestra manera de mirar y comprender al "otro". Le interesa desmenuzar expresiones de la cultura popular como la religión y los problemas de salud, seguridad y calidad de vida que relacionamos con los habitantes de las zonas periféricas, a pesar de que nos involucran a todos.


You lift me up


Este mes, Jorge González presenta La Cura, una exposición crítica e irónica a partir del estilo de vida de la periferia, con una serie de piezas —entre ellas algunas interactivas— que reflejan la búsqueda de una cura para la precariedad, la indiferencia y para dejar de condenar los "pecados" de quienes sólo hacen lo necesario para sobrevivir.


De la serie Pareciera que hubo fiesta. Políptico de cuatro pinturas hechas en acrílico con restos de globos usados como envoltorios de crack recolectados en la colonia Progreso Nacional


La muestra se inaugura el próximo sábado 12 de agosto a las 18:00 h en la galería _llorar ubicada en Cerrada Micros # 62 en la colonia De los Periodistas, con la presentación del grupo de hip hop Eskabularis, distinguido por sus letras políticas, ácidas y cínicas. La exposición se podrá visitar en un horario de 14:00 a 20:00 h hasta el sábado 19 de agosto. Además el 18 de agosto te invitamos a la clausura donde podrás disfrutar de una banda de salsa en vivo para despedir la exposición.



Conoce más de la obra de Jorge González García en Instagram y en su página web.


Promesas donde están


We’re in Business of Shareholder Profit, Not Helping the Sick


De la serie Pareciera que hubo fiesta. Políptico de cuatro pinturas hechas en acrílico con restos de globos usados como envoltorios de crack recolectados en la colonia Progreso Nacional


Más información:

La cura



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Natalia Lomelí

Natalia Lomelí


Coordinadora Cultural

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