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ARTE

Las exposiciones más sobrevaloradas que se han presentado en México

Por: Eduardo Limón 9 de septiembre de 2017

Los ataques del Estado Islámico y un descenso considerable en el sentimiento de seguridad en Francia ocasionaron que el Louvre, en París, perdiera 18 % del público norteamericano, 31 % del chino y 6 1% del japonés. La institución, como uno de los mayores centros en el mundo para experimentar el arte, vivió en 2016 uno de sus más grandes declives. Por lo menos hasta el año siguiente en que, para revertir la situación, la dirección del museo decidió reunir un tercio de la obra de Johannes Vermeer en una gran exposición de los antiguos maestros de la pintura.

El día de la inauguración acudieron casi 10 mil personas, mientras que el resto de la primera semana más de 40 mil visitantes quisieron ver la muestra, creando un escenario de caos y filas interminables. Fue un contexto para el cual no había una solución estudiada por el Louvre; las salas de exposición tienen cabida para tan sólo 300 personas e, incluso, la alta demanda provocó que la web de compra de entradas se colapsara durante sus primeros días.

Este reposicionamiento planteó muchas preguntas alrededor de la muestra. ¿Merecía la pena esperar tantas horas para entrar? ¿Cómo es que una muestra de pintura pudo reunir a tanta gente? ¿La exposición fue mediocre y la gente se comportó como fanática? Nadie puede negar el valor histórico de Vermeer y sus acompañantes, pero ¿estaba justificado el revuelo?

Con ese mismo tono podríamos preguntarnos cuáles han sido los shows en México que han ocasionado la misma espectacularidad y preguntarnos si es que de verdad fueron hitos en el circuito cultural o sólo un boom mediático y lleno de glitter para el público masificado.

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Kusama

¿Puntos? ¿Obsesión infinita? ¿Bajo qué concepto o con qué guía se acercaban los visitantes a dicha exposición? El problema en este caso fue, sin más, el que todo asistente parecía acudir sólo para poder tomarse una selfie y decir que estuvo presente en un show que ni siquiera le importaba entender. Quizás el futuro del espectador se encuentre en este modelo, pero ¿hacia allá es en donde justificaremos las decisiones de los museos y se planearan las curadurías, aunque la selección de obras sea pobre?

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Kapoor

Esas mismas interrogantes se debatieron y aparentemente dieron pie –a ojos del detractor– a otro show que estuvo anunciado con bombo y platillo en el MUAC. Una colección de Anish Kapoor a la cual todos asistieron en una suerte de estruendo mediático fue el resultado esperado, alcanzado y compartido mil y un veces en Instagram. ¿Ése es el enlace que buscamos ahora en un museo? No los podemos juzgar. En lo que sí podemos hacer hincapié es que la muestra fue mucho menos de lo que esperábamos.

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Orozco

En el tan conocido Oroxxo, instalación de sitio específico para la Galería Kurimanzutto, se presentaron productos seleccionados e intervenidos que pretendían la reflexión en torno a los sistemas de producción y reproducción en los mercados; incluso en el mundo del arte. Sin embargo, y sin restarle mérito a Gabriel Orozco, la formalización y el vínculo entre espectador e imágenes de consumo fue tan escondido, tan simple a su vez, que los espectadores comenzaron una fascinación desmedida por la exposición sin ver más allá de un “Oxxo caro”.

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Leonardo, Rafael y Caravaggio

Más allá de la discusión sobre la reproductibilidad digital y sus problemas institucionales, técnicos, económicos y de espectro, esta llamada “muestra imposible” flaqueó en su reflexión y devino en crisis por sí sola. Sin poder acercar a Valéry o a Benjamin con el público asistente, generando una presencia y difusión pobres o incluso sensacionalistas, la gente amó demasiado pronto una exposición que no quedaba clara y que fue tratada como la revelación de revelaciones.

¿Sabemos escoger lo que miramos en un museo o una galería? ¿La sobrevaloración es culpa de las obras en display o de quienes no tienen una idea sobre ellas? ¿Las instituciones crean expectativa o sobrevenden sus agendas en pos del consumo rapaz? ¿Hasta dónde somos capaces, todos, de sentenciar la valía de un show? Si las exposiciones anteriores no son aptas de contestar a estas preguntas, es señal de que han cumplido una función más grande que la de la espectacularidad; si no logras como espectador encaminar esas respuestas, entonces las preguntas deberían ser otras y dirigirse hacia ti.

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