Femmes Fatales que se humillaron por el amor de un pintor
Arte

Femmes Fatales que se humillaron por el amor de un pintor

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Por: mediodigital

18 de agosto, 2016

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18 de agosto, 2016



Dejarlo todo por alguien. Esa es la regla máxima de una persona que busca desesperadamente el amor, de quien busca con lágrimas la grandeza de un encuentro y la suavidad de una caricia. Aunque ésta sea disimulada. Abandonar cualquier esperanza personal en pos de una promesa de pasión –en ocasiones vacía–, es una obligación en la mente sola. En el corazón destrozado y la mente devastada. En el arte, el papel de esa figura atormentada, suplicante, que sufre, obtiene las funciones también de un tótem inspirativo; pensemos así en la presencia de las musas desde la Antigua Grecia. Esas criaturas del pensamiento que conmovían al artista pero se mantenían en el alejamiento de la atracción para saber que siempre podían volver; una fuente de creatividad que se acercaba y se iba, en un principio por sus propias voluntades, pero al final por intención del productor mismo.

musas siglo xx

“¿Quiénes son ellas más allá de la idea?”

Esas musas, en la vida física y tangible, son cuerpos que atraen la pasión creadora en distintos campos de la disciplina, pero tuvieron que doblegarse a los designios de sus grandes amores para obtener un poco de cariño. Para sentir aunque fuera un poco el calor de un abrazo, a cambio de inaugurar en ese sujeto las posibilidades de innovación y deseo.

¿Quiénes son ellas más allá de la idea? ¿Qué mujeres, por ejemplo, se han dejado llevar por esas vacuas propuestas de amor para servir de inspiración?


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Camille Claudel

musas camille


Para empezar, podríamos ubicar sin equivocación a esta mujer que rindió amor puro para Auguste Rodin; comenzando su trabajo en 1884 como asistente de ese titán, Camille dedicó mucho de su vida y obra al amor que provocaba fuertes palpitaciones en su corazón. Un caballero que le hizo ver su suerte, saborear las amargas mieles del desprecio y acabar en un hospital psiquiátrico por tanto esfuerzo sentimental no culminado.


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Elizabeth Siddal

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Elizabeth, como muchas otras musas del arte, nació en una comunidad de clase baja y trabajaba como modelo para algunos artistas de la era prerrafaelita; era reconocida por su belleza y su actitud entre muchos creativos del círculo, pero fue Dante Gabriel Rossetti quien más se fascinó por ella y la retrató más veces. Fue él quien la llevó a la enfermedad y muerte tras varias escenas de celos. Se cree que pudo haber cometido suicidio con láudano.



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Berthe Morisot

musas morisot


En este caso, Édouard Manet fue el causante de la desgracia de esta mujer y la inmortalidad de su rostro; por un espacio de seis años su rostro fue capturado por el impresionista y fue reconocida como uno de los grandes rostros de la época. Estuvo casada con el hermano del artista e intentó figurar en el grupo de estos creadores sin conseguir mucho al respecto. Siempre fue mejor valorada como modelo que como creadora.


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Georgia O’Keefe

musas okeefe


A pesar de haber sido una gran artista por sus propios méritos y tener actualmente un gran nombre como creadora del siglo XX, Georgia tuvo que posicionarse durante sus primeros años como la simple compañía de Stieglitz. Ambos se amaban. Profundamente; eso era innegable, pero tuvo que rendirse a los designios de éste para poder formar su propia carrera.


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Kiki de Montparnasse

musas kiki


El haberse posicionado como la gran musa surrealista para Man Ray, aunque también para Modigliani, Calder, Ksling y otros, imposibilitó un poco el éxito de esta mujer. Quien de verdad tenía mucho más que ofrecer en el mundo del arte que sólo ser la figura de inspiración. Alice Ernestine, como se llamaba realmente, tuvo una exhibición de éxito en París y una publicación importante de sus memorias, pero eso no detuvo que muriera casi en el anonimato y en la pobreza. El precio de ser una musa para ella fue el no haber incursionado como de verdad lo deseaba.


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Lee Miller

musas lee


Caso similar es el de esta figura femenina, que se enamoró de Man Ray y dedicó sus conocimientos en fotografía para que este hombre desarrollara lo que más tarde conoceríamos en el medio como solarización; cuando ella se separó de él y supo que debía formar una trayectoria por su cuenta, se enlistó como corresponsal de guerra. Un grave error, pues al volver, debido al estrés postraumático, cayó en un alcoholismo que le dirigió a la perdición.


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Frida Kahlo

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Cómo olvidar a la mujer mexicana que encarnó un movimiento por sí sola, además de un gran drama amoroso e intelectual. Frida, siendo una mujer en extremo emocional y fuerte, no pudo hacer frente en su momento a Diego Rivera, el hombre que podía engañarla una y otra vez, que le arrastraba a la locura y sacaba de quicio, pero ella nunca quiso abandonar. El amor que vivía por él le hizo permanecer como una inquebrantable esposa y una musa impermeable.


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Dora Maar

musas dora maar


Una joven con estudios en arte y suficiente talento como para haber sobrevivido a la historia por su propia cuenta. Lamentablemente, su turbulenta relación con Picasso la ha encasillado con tremenda energía en el lugar de musa en vez de creadora; la evolución de su lío amoroso con el cubista le llevó a una tormentosa depresión, un trauma de por vida y una escasa reputación. Hoy, prácticamente nadie la recuerda.


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Françoise Gilot

musas gilot


¿La mujer por la que fue remplazada Dora Maar? Quizá, pero como en muchas relaciones tripartitas, Gilot no fue del todo culpable. Ella sólo cumplía con tener 21 años cuando él tenía 62 y haberlo fascinado con su exuberante juventud; él la hizo su esposa y madre de dos hijos. Todo hasta que la relación fue notoriamente insostenible y ella decidió alejarse para continuar con su propio trabajo. Valía más ser una mujer independiente y de renombre, lejos de los problemas y la inquietud, que ser simplemente la musa de un grande. Pablo siguió pintándo hasta el final.


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Recordando un poco a Degas, “las musas trabajan todo el día y por la noche se reúnen y bailan”; la memoria y la grandeza de estas mujeres dependen de nosotros, de la fuerza con que seamos capaces de reconsiderar su paso por este mundo. Quizá ellas solas decidieron ser la inspiración de alguien o fueron víctimas de un proceso complejo, no importa, ahora somos nosotros los responsables de darles un nuevo nombre en la tierra de los creativos. Si te interesó la vida de Claudel, puedes leer La mujer destinada a vivir su infierno y nunca poder amar; o conocer una historia no mencionada aquí, aquella en donde podrías decir con facilidad si fueras el Dr. Atl, yo sería tu Nahui Ollin.








Referencias: