Los fetiches más oscuros y perversos a través de 8 obras de arte

miércoles, 19 de abril de 2017 7:48

|Julieta S



Gracias a Freud, la mayoría de nosotros relacionamos los fetiches con la sexualidad. Creemos entonces que un fetiche se refiere a la sustitución de un objeto sexual por otro totalmente inapropiado, pero al mismo tiempo, sumamente excitante. Freud aseguraba que uno de los fetiches más comunes es el zapato, por ser un símbolo bisexual: tiene correlación con los genitales femeninos por el hueco que posee para introducir el pie y, el tacón por otro lado posee una connotación masculina al relacionarse con el falo. Pero el fetiche no es sólo eso...

-

El teórico Daniel Sibony lo explica adecuadamente: El fetichismo es esa "fantasía de la 'relación real' y de la ley objetiva, que en su sociedad 'prometida' se convierte en pesadez moral, encierro real de los cuerpos, desencadenamiento de perversiones oficiales"... Así, como asegura Sibony, el fetiche no lleva más que a segmentar lo que conocemos para que, en ese campo divino de fantasía que tenemos, involucremos todo aquello que nos parece inalcanzable, sublime, o como alguna vez sucedió en el arte, aurático.

Así comienza el fetiche en el arte, no del lado sexual pero sí con contradicciones, manipulación y perversiones que sustituyen al falo y la vagina por la importancia de unos símbolos ante otros que carecen de valor para el público. Las primeras pinturas, aquellas de las cuevas de Altamira, no sólo remiten a la intriga que nos causa su existencia, son el fetiche de lo desconocido y el enigma de los albores de una civilización... ¿Cómo veían al mundo? ¿Cuál era su cosmovisión? Manos, búfalos e historias ancestrales se cuentan en esas cuevas que se convierten en el santo grial no sólo de los investigadores sino del mundo entero. Muy pocos tienen acceso a ellas, son menos los que pueden hacer una interpretación acertada y sin embargo, son miles los que quisieran acercarse y comprender el valor de la civilización a través del lienzo.

cuevas de altamira fetiches en obras de arte
En la Edad Media, con el arte religioso y bizantino, se sacralizó el arte para darle un simbolismo supremo relacionado con las creencias iconoclastas. Las categorías artísticas se redujeron a las religiosas y, de hecho, las artes se convirtieron en los "cadáveres" de las figuras más importantes como Cristo, Juan el Bautista o La Virgen María.

fetiches en obras de arte jesus religion
Los conceptos artísticos continuaron avanzando y mientras todos experimentaban con proporciones, perspectivas y el scherzo, El Bosco, uno de los pintores más importantes e influyentes de todos los tiempos, realizaba su obra culmen, misma que lo posicionó como un revolucionario de su tiempo: "El jardín de las delicias".

el jardin de las delicias fetiches en obras de arte
El enigma y fetiche de "El jardín de las delicias" se centra en su carácter religioso que muchos calificaron como sacrílego y hereje; justo en el polo opuesto de los que lo consideraban herejía, están quienes creen que se trata de una sátira moralizadora que nos cuenta las desdichas de los pecadores. Para algunos otros, "El jardín de las delicias" significó una utopía. La obra de El Bosco está llena de simbolismo: los animales, dispuestos en toda su obra, representan valores y debilidades humanas: la lechuza, por ejemplo, es el símbolo que El Bosco le da a la maldad y el pecado, por otro lado, elefantes y aves sugieren fuerza e inteligencia.

el bosco fetiches en obras de arte
Así, la obra de El Bosco, acusada de herejía, se ha convertido en el fetiche ideal tanto de la religión, su representación, los demonios que guarda y, por supuesto, como el ideal del surrealismo que se adelantó un siglo a lo que las vanguardias  profesaron.

fetiches en obras de arte el bosco
Más tarde, Rubens rompió todos los paradigmas del arte al poner en duda la autenticidad de un lienzo a través de la figura inquebrantable del artista. El pintor debía cumplir con un gran conjunto de obras que los acaudalados mecenas le pedían. Así, para acatar las exigencias de su público, este artista flamenco contaba con un grupo de colaboradores que lo ayudaban a lograr el éxito. Más de cien, según afirma una carta del propio pintor. 

rubens fetiches en obras de arte saturno
Entonces, ¿dónde queda la labor del artista consagrado a la creación de una obra de arte? A pesar de que Rubens no era el único en crear sus piezas, la gente busca un lienzo con su firma, puja en las subastas con tal de poseer uno y, en los museos, el público se detiene varios minutos para ver el detalle de sus trazos. Rubens permanece en el imaginario colectivo como el pintor de mujeres esplendorosas y rollizas con una vasta obra, ése es su fetiche, aunque su obra sea el ejemplo más temprano y real de mercantilismo, oferta-demanda y reproductibilidad.

rubens fetiches en obras de arte
Así como el nombre de Rubens, las obras de arte también se posicionaron en el imaginario colectivo como una sola. Las vanguardias resaltaron las obras individuales. No el nombre, no el artista que la realizó, no la corriente, sino el auge del capitalismo que provocó la absoluta mercantilización del arte. Más que en cualquier otra época se apreció el valor de la exclusividad, no porque el arte sólo fuera incluyente en otros tiempos sino porque con la globalización se hizo cada vez más notorio el sesgo y la distinción de clases. Un buen ejemplo de lo anterior son los relojes líquidos de Salvador Dalí, cuyo título es en realidad, "La persistencia de la memoria".

fetiches en obras de arte la persistencia de la memoria
Aquellos que realizan un sacrificio económico tienen mejores posibilidades de distinguirse de entre el resto. Baudrillard asegura que ése es el mal del sistema capitalista. El consumo provoca que se fetichice el valor de uso y en lugar de la funcionalidad, el producto, en este caso artístico, se aprecia más por el prestigio social que pueda provocar. El valor de un performance se queda sólo en un certificado de autenticidad. 

Marina Abramovic dice que el concepto de coleccionar arte en la época contemporánea tiene que cambiar y los coleccionistas tienen que reeducarse. Se adquiere el concepto y la idea detrás de la pieza. Tino Sehgal vende sus performances con una transacción verbal, con la presencia de un abogado y contrato escrito. Las instrucciones de cómo actuar el performance se transmiten oralmente y los precios de sus performances rondan entre 85 mil y 145 mil dólares. ¿Cómo funciona el arte en estos casos? ¿Cuando la idea y el concepto están en el aire? El fetiche de poseer se convierte también en algo sumamente efímero; sin embargo, vale más que en cualquier otra época.

Tino Sehgal fetiches en el arte
Uno de los ejemplos más claros es el de Mark Kostabi, conocido como el artista de la estafa. Kostabi siempre dice: "el arte contemporáneo es una estafa y yo soy el mejor artista de la estafa del mundo. La fama es amor y necesito amor". Algunos lo llaman paria: tiene un equipo de trabajo que piensa ideas y otro equipo que las lleva a cabo… él, lo único que hace es firmarlas, como si se tratara de una fábrica en la que todas las piezas salen con su sello. Con un total de 14 empleados, tiene casas en Nueva York y Roma. Además, BMW le dio un automóvil y 150 mil dólares para que promoviera  su marca... éstas marcas están conscientes de su enigmática figura y el fetiche que tiene su nombre.

Por eso, a pesar de que parece no realizar ninguna obra de arte, el absurdo de que todos crean que es un gran artista y un gran autor lo hace el peor fetiche del arte.

fetiches en obras de arte kostabi



TAGS: Erotismo
REFERENCIAS:
Julieta S

Julieta S


  COMENTARIOS