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Fotografías que muestran por qué la vida es un triste poema para gente enferma

Fotografías que muestran por qué la vida es un triste poema para gente enferma

Fotografías que muestran por qué la vida es un triste poema para gente enferma

En 1957 una novela como ninguna otra fue publicada y cambió el mundo de la literatura. On The Road de Jack Kerouac se alejaba de las tradiciones de los escritores que le precedieron y en su estilo personal y crudo narró a manera de ficción sus experiencias en un viaje alrededor de su país entre 1947 y 1951. El autor mostró una triste realidad del “sueño americano” y reveló un lado ajeno al brillo que suele venderse. Un año después un fotógrafo tenía el mismo propósito que Kerouac, pero representó esa verdad en imágenes. Su nombre era Robert Frank y su libro “The Americans” se convirtió en una obra representativa por su introducción hacia la falsa vida de “ensueño” de la nación.

Robert Frank nació en Suiza dentro de una familia judía y creció durante el avance de los Nazis, por lo que tuvo un acercamiento a la opresión, a pesar de estar a salvo en ese país. Desde joven se enfocó en la fotografía para apoyar a su familia y en 1947, a sus 23 años decidió emigrar hacia Estados Unidos, ya que tenía la idea de que su sociedad y su cultura eran mucho mejores que en Suiza y en la Europa posguerra, pero rápidamente esa imagen se fue desintegrando.

Después de unos años de trabajo y algunos viajes en otros países, Frank se decepcionó cada vez más de la visión que tenían los norteamericanos de la vida. Exhibió que el dinero motiva a todos en ese país y decidió adentrarse en su cultura para descubrir más. Al ganar una beca de la Comunidad Guggenheim, tuvo la oportunidad de recorrer Estados Unidos y documentar la sociedad.

Durante dos años recorrió la “tierra de la libertad” de costa a costa y justo cuando pensó que no podía estar más decepcionado, una tristeza inevitable se apoderó de él, incluso durante ese tiempo su estilo de fotografía cambió. Al notar la segregación, el trato de los afroamericanos, el absurdo nacionalismo, la falsa libertad de sus ciudadanos, Frank supo que tenía que adaptar su fotografía a lo que miraba. Algunos hacen esa relación entre Frank y Kerouac, llamándolo “el fotógrafo del beat”, por su forma honesta de representar las subculturas y los panoramas ignorados de la Norteamérica de los 50.

En algunas entrevistas, Frank reveló la forma en la que también tuvo que vivir para encontrar ese lado de Estados Unidos. A veces estuvo acompañado de su familia y otras se quedó solo. Se mantuvo silencioso, como una mosca en la pared, sin interferir con sus sujetos. Simplemente miraba todo a su alrededor. Ya no se concentraba en tomar fotografías con estilo, sino algo lo más natural posible, centrándose en el alma de las personas, una especie de tristeza que vive dentro de ellos en sus imágenes.

El mismo Jack Kerouac conoció a Robert Frank en una fiesta y accedió a escribir un prólogo para la versión estadounidense de su libro. El representante del beat afirmó que Frank “le había sacado un poema triste a Estados Unidos en película fotográfica, ganándose un puesto entre los poetas trágicos de mundo” y es absolutamente cierto. Las imágenes van unidas por un elemento melancólico y simplemente triste en los ojos de los sujetos, como si estuvieran incrédulos o decepcionados frente a una mentira que tardaron bastante en notar tanto de clase alta como baja.

El trabajo de Frank después de esos 2 años resultó en 28 mil tomas, de entre las que sólo se seleccionaron 83 para su libro. Cuando fue publicado, inmediatamente comenzaron las duras críticas que llegaron en Estados Unidos. El tono del libro fue considerado “degradante” a las ideas de la nación.

Por el contrario, en otros países recibió fuerte reconocimiento por documentar ese lado de Estados Unidos que pocos conocían y por implementar un estilo más privado y cercano. Sus imperfecciones creaban una relación más cercana y sucia que también eran el resultado de las experiencias antisemitas a las que tuvo que enfrentarse Robert Frank. Escritores como Simone de Beauvoir, William Faulkner y Henry Miller hicieron aportaciones a distintas publicaciones del libro ya que las imágenes invitaban a comenzar un diálogo o a generar un comentario.

Cuando las imágenes fueron descritas como “un poema triste para gente enferma” por Kerouac, probablemente se refería a algo que una persona adicta a la melancolía haría: ver las mismas imágenes para experimentar una aflicción que quizá nos haga sentir mejor. Y es que verlas es algo parecido. Genera melancolía, pero al mismo tiempo da un alivio, porque sabemos finalmente que la mentira no existe; miramos la tierra desecha, pero al menos ya conocemos la verdad.

Fuentes: LensCulture & Rubixephoto.

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