“El ser humano es una criatura vulnerable y urgida de compañía”.
– Laura Restrepo (Delirio 2004)
En la páginas de la fatídica e hipnotizante obra de Restrepo se resquebraja la condición humana para analizar a la sociedad moderna. En medio de una historia angustiante y trágica, la autora deconstruye la masculinidad del personaje principal hasta hacernos olvidar que ese universo está dividido en hombres y mujeres. “Delirio” es un caleidoscopio literario que desmitifica la figura construida alrededor del género masculino, mismo que por condición natural es tan vulnerable como soñador.
Más que una obra literaria, el “ser” y “deber ser” un hombre es una confusión real; esta imposición ha comenzado a implotar en los cuerpos de quienes se consideraban inquebrantables: los hombres. A pesar de que la libertad de expresión ha abierto la posibilidad a que ellos se replanteen la falsa fortaleza con la que cada vez se identifican menos, más hombres de los que imaginamos son víctimas del pensamiento machista. De hecho, ahora les es más difícil reconocerse frente a un espejo en el que su reflejo grita firmeza y su interior anuncia fragilidad.
Por fortuna, las artes van un paso más adelante, pues a través de sus diferentes ramas muchos hombres se han atrevido a salir a la luz como un ser frágil que necesita de otros, que sufre, se desnuda y desmorona. La desarticulación de la masculinidad no tiene nada que ver con alguna preferencia sexual, sino con un estado mental a través del que los juicios han comenzado a abandonarse. La sensibilidad y susceptibilidad ahora tienen cabida en la vida de un hombre; por lo menos en alguna partes del mundo la presión social ha comenzado a apiadarse de quienes deciden mostrarse tal cual son, aún en los momentos de mayor flaqueza. A través de la pintura, el cine o la fotografía, las agotadas almas de últimas generaciones que se han tenido que disfrazar de fuerza y seguridad, hoy pueden encontrar un espacio de libertad para demostrar su vulnerabilidad.
Joseph Wolfgang Ohlert creó un proyecto fotográfico que ha inspirado a más de uno a iniciar su propia deconstrucción. La masculinidad es más una ilusión que una condición, pues el constructor cultural necesario para alcanzar el patriarcado es el que impone los parámetros que mantienen el equilibrio dentro de una sociedad poco igualitaria. El binario de género no sólo desfavorece las condiciones y posibilidades de ambos sexos, también preserva un balance que pende de las represiones bajo las que se desarrollan hombres y mujeres.
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Los patrones naturales han sido deformados para convertirnos en figuras limitadas e impostadas. La vulnerabilidad masculina yace en la frustración de tener que ser escondida y la libertad humana se pierde en esa creación mítica del género y la masculinidad. El hombre está sujeto a una serie de adeptos que lo encasillan en un estereotipo único. La importancia que ese género se ha adjudicado a lo largo de los años es la misma que ahora le pesa sobre los hombros, pues de ser sobrevalorado pasó a ser discriminado.
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Cuanto más se acerca a la realidad, más invisible se vuelve su poder; el hombre actual y su ambivalente postura nada de un lado a otro intentado recuperar su valor. La prepotencia se intercambió por docilidad y, durante ese trueque, la sociedad le arrebató grandes méritos al hombre. La negación y represión de sentimientos se hicieron a un lado para desmentir la invulnerabilidad. El género y su jerarquización se disolvieron junto con la supremacía masculina. Las emociones restringidas tomaron forma y color, y a pesar de ser hermosas, aún no son aceptadas del todo.
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“Portraits I” es el nombre con el que Wolfgang tituló el álbum del que surgen tantas interrogantes sobre la masculinidad y el valor que ésta tiene en nuestro mundo. Los hombres no dejan de ser hombres al mostrarse vulnerables y el proyecto de este fotógrafo nos lo demuestra a través de nostálgicas imágenes en las que la rudeza se convierte en belleza.
Resulta irónico, que la sublimidad de las fotografías es cuestionable, inclusive incómoda para los espectadores de las fotografías. Una vez más, las deconstrucciones y el rompimiento de paradigmas evidencian el retroceso sociocultural de nuestra era, pues contrario a lo que muchos consideran, los retratos de algunos hombres que no temieron mostrar su vulnerabilidad son grandes ejemplos de valentía.
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Referencia:
Joseph Wolfgang Ohlert

