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ARTE

Fotos de Roberto Hernández de todo lo que se oculta en la noche en la CDMX

Cuando cae la noche en la CDMX, este fotógrafo recorre las calles sobre su bici en busca de la toma perfecta con ayuda de su dron.

La serie más reciente del fotógrafo Roberto Hernández es el resultado de un ejercicio estético e histórico que resulta de la convergencia entre la noche, la exploración de la Ciudad de México y el uso de la luz. 

Si bien en sus inicios Roberto Hernández no era un fotógrafo de profesión —en realidad estudió Diseño Gráfico y también se desempeña en el diseño editorial— un vistazo a su fotografía basta para comprobar que esta afición supera la de muchos otros y da cuenta de una historia familiar donde la foto fue transmitida desde su padre, quien lo habría de formar como amateur y le regaló su primera cámara. 

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«La fotografía para mí es experimentar cosas que me gusta hacer. Nunca he querido hacer un tipo de fotografía específico, me ha gustado experimentar siempre».  

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Sin embargo, su trabajo fotográfico dio un giro cuando incursionó en el uso de drones, convirtiéndose en uno de los pioneros de esta tecnología y su aplicación para la foto aérea y en particular la cenital, misma que según el propio Hernández, es su estilo insignia. De esa forma, el dron se vuelve en el mejor aliado, no sólo para tomar fotografías desde los cielos sin la necesidad de rentar un helicóptero; sino, como en el caso de esta serie, para iluminar y jugar con la historia que se quiere contar sobre cada objeto fotografiado, así como para desafiar algunos obstáculos, en particular cuando se trata de lugares restringidos al público durante la noche y en los que la burocracia impide el ejercicio artístico.

Ya sea paisajes, balnearios, zonas de desastre, caravanas migrantes o la ciudad, sus capturas son imanes para los ojos y por supuesto, para los likes en Instagram, lo cual –según Hernández– inadvertidamente se convirtió en el motor de su fotografía. Detrás de sus fotos existía la búsqueda de los likes y también se encontró que su trabajo comenzaba a parecerse al de otros, lo cual es un síntoma típico de Instagram. Esto lo llevó a tomarse un descanso de meses de la red social y que está dando como resultado este proyecto. 

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La experimentación siempre ha sido parte de su carrera como fotógrafo, es lo que lo llevó a buscar la fotografía cenital y a utilizar drones —incluso antes de que éstos tuvieran cámaras— para su fotografía. Del mismo modo, los retos que cada serie implica son una pieza central, como podría ser fotografiar de noche, decidir cómo iluminar cada objeto u obtener los permisos para trabajar en un espacio en particular.

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Bajo esos retos se configura esta serie que aún no tiene un nombre definitivo. Cada fotografía se logra después de que Roberto, Edwin Mendoza y Miguel Romo pedalean hasta los lugares que les interesan —mismos que siempre investigan antes de acudir— con luces, cámaras, un dron y hasta una licencia para éste que los permite operar sin contratiempos. 

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Si bien el sentido estético es lo que lo mueve a elegir determinado lugar o monumento, lo cierto es que en todos siempre existe un elemento histórico importante, ya sea la Parroquia de la Sagrada Familia en el corazón de la colonia Roma; el Teatro Orfeón —que 1938 fue inaugurado como cine, después de muchos años de remodelaciones y abandono reabierto como teatro y en la actualidad nuevamente abandonado y parte de un litigio—, o El Sargento, un ahuehuete mítico del Bosque de Chapultepec que según la historia fue sembrado por Nezahualcóyotl. 

Del mismo modo, desde las sombras y el halo de luz que emana su dron, Hernández brinda una luz metafórica a esos lugares que miles de personas cruzan en su camino día a día. Se trata de edificios, árboles y monumentos que se han camuflado tan bien en nuestro horizonte, que se necesita de esfuerzos artísticos como éste para apreciarlos con nuevos ojos y rescatar las historias que tal vez han caído en el olvido sobre cada lugar.

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Conoce más del trabajo fotográfico de Roberto Hernández en su sitio web y su Instagram.

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