Arte

Francis Alÿs, intervenciones alegóricas

Arte Francis Alÿs, intervenciones alegóricas

A finales de la década de los 80 llegó a México traído por una casualidad de la naturaleza, y una vez aquí, ya no volvió a Bélgica. Francis Alÿs (Amberes, 1959) labró su camino en el arte contemporáneo a principios de 1990 transitando por las calles del centro histórico de la ciudad de México, cuando la realidad y multiculturalidad mexicana se confrontaron con la estructura de su pensamiento arquitectónico y las minucias de hacer vida en Europa.

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La producción artística del belga rápidamente cobró el interés de quienes vieron en sus bizarras obras una exploración hacia los temas políticos y socioculturales de la ahora su segunda patria. De profesión arquitecto, su obra se concibe en un plano vivencial originado de la propia observación, una documentación de la cotidianidad que traduce en videos, postales, diapositivas e intervenciones performáticas.

La obra de Alÿs se interpreta como un registro de las prácticas sociales y costumbres que se viven en cada lugar que visita. No puede hacerse una lectura aislada de sus piezas, pues necesitan, en su mayoría, de la participación de otros para ser contempladas y asimiladas. Su labor artística bien se puede catalogar como efímera, pues no son piezas físicas que queden para la posteridad, sino funcionan como extractos de la realidad o aseveraciones prácticas temporales de momentos propios de un lugar o país.

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La concepción de sus intervenciones nace durante los paseos que suele hacer, de los que se nutre para cavilar una propuesta estética que, en ocasiones, resulta en una sátira del planteamiento de la obra. Un ejemplo de esto es su trabajo más conocido, el que llevó a cabo en abril de 2002, en Lima, Perú donde convocó a 500 personas para formarse en fila junto a una duna de 500 metros de diámetro, para trasladar con palas la arena a cierta distancia de su lugar original, a esta acción la denominaría Cuando la fe mueve montañas. Esta “alegoría social” sería su intento por desromantizar el Land Art.

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Los involucrados se vuelven parte fundamental en la práctica, es decir, cierran el círculo del discurso de Alÿs, el que, por cierto, muchas veces establece posterior a la pieza y a partir de adoptar el lugar de espectador, pues asegura, sobre la lectura de la obra como un todo, que una vez que la intervención se comprende, ya se está del otro lado; se deja de ser el artista y ahora se puede pensar para atribuir una especie de fundamento o justificación para la misma.

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Otras de sus acciones son The Collector (1991), en la que deslizó sobre las calles de la ciudad un perro magnético de juguete con el fin de que los residuos se adhirieran a éste. En The Fairy Tales (1995) tomó un paseo mientras el suéter que portaba se deshilachaba dejando a su paso un camino de hilo interminable. Para 1997 llevó a cabo “un ajuste de cuentas con la escultura minimalista”: La paradoja de la praxis, en la que realizó un paseo por la ciudad de México arrastrando un bloque de hielo. Tras largas horas de caminata, el hielo se deshizo en su totalidad, a esto le llamó Algunas veces el hacer algo no lleva a nada.

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La popular fotografía de Turista (1994) deja ver al artista en una especie de reconocimiento e identificación entre los obreros quienes anuncian sus servicios a las afueras de la catedral del centro histórico, situándose junto a ellos bajo un letrero en el que se leía "Turista". En palabras de Cuauhtémoc Medina: “En su intento por  hacer pasar su trabajo como una actividad de ‘observador profesional’ de la vida cotidiana de otras personas, él reflexiona sobre su condición de extranjero y a la vez sobre la ambigüedad de la idea de su ‘trabajo’ como artista”.

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“Ser turista no es un trabajo”. ¿Lo es ser artista? Abrogándose el degradado título de turista, Alÿs, de manera  característica, está también postergando su presunción del papel de artista. En ese momento pienso que se trataba de cuestionar o aceptar los límites de mi condición de extranjero, de “gringo”. ¿Qué tanto puedo pertenecer a este lugar?, ¿en qué medida puedo juzgarlo? Al ofrecer mis servicios como turista oscilaba entre el ocio y el trabajo, la  contemplación y la interferencia. Estaba comprobando y denunciando mi propia condición. ¿En qué lugar me encuentro realmente?

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En lo que respecta a su práctica artística, de ya más de 20 años, intenta ampliar su narrativa y añadir cada vez más una escena a sus obras, pero reconoce que no hay una temporalidad para cada uno de sus trabajos. “Una obra es como jugar serpientes y escaleras: avanzas pero después tienes que regresar a un punto para poder llegar al final”. De igual manera ve en el tiempo un factor en contra del impulso de la obra, pues con los años el discurso se vuelve ambiguo porque pierde la claridad y la arrogancia propia de la juventud. 

Entre 2010 y 2011 tuvo su mayor exhibición retrospectiva: Francis Alÿs: A Story of Deception, la que se presentó en Tate Modern, de Londres, el WIELS Centre d´Art Contemporain de Bruselas y en el MoMA de Nueva York.

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Referencias: banrepcultural.org/adjuntos/francis-alys-politica-del-ensayo.pdf


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