12 terribles y sangrientas pinturas de cuerpos mutilados

Viernes, 17 de noviembre de 2017 18:26

|Eduardo Limón

Francis Bacon creó un texto plástico y fisiológico que nos remite a la agresividad y la violencia hacia los cuerpos. Ésas que ejercemos pero no advertimos.


Sin educación alguna, de formación autónoma, siendo un hombre que nunca logró adaptarse a la sociedad o economía imperante, Bacon pasó de construir y diseñar muebles a ser el artista más importante en cuanto a realidad y crudeza del párvulo siglo XX. Influenciado por las figuras del Medioevo, impactado por los colores y juegos de Velásquez, obsesionado por el ritual de los taurómacos, apasionado por la muerte y la violencia, intrigado por la locura y amante del silencio, el irlandés generó una visión única e lúgubre en la historia del arte y las estéticas contemporáneas.



De elementos contrastantes y referencias en desequilibrio con lo que se considera normal, sus pinturas de mayor fuerza cuentan con estructuras sorprendentes que enarbolan diversos discursos o reflexiones en torno a la violencia y el horror. Minimalismo y ultramodernidad son dos de los conceptos clave para entender el por qué Bacon fijó su atención a cuerpos desfigurados, maltratados y vulnerados, en vez de figuras convencionalmente bellas.


Bacon guarda su relevancia en tres fuerzas imperantes de posguerra: expone el descuartizamiento de la humanidad tras un periodo invadido por el dolor, arremete en contra de la vertiente racionalista en el arte recién validado por la academia y hace que los estándares de estética o apreciación de la anatomía humana se tambaleen.


En pinturas como las que acompañan a este texto, podemos advertir entonces que el cuerpo, para Bacon, ya no es observado como un habitáculo para la tranquilidad o el resguardo, sino como un espacio donde el yo es cada vez más vulnerado. Es decir, los mecanismos de control o de actividad con y desde el propio cuerpo no existen como tal, vienen de fuera y en extrañas ocasiones podemos tomar decisión absoluta sobre de él.


Miss Muriel Belcher (1959)



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Cuerpos en la cama (1972)



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Hombre arrodillado en el césped (1952)



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Estudio de enfermera en el filme The Battleship Potemkin (1957)



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Desnudo agachado (1951)



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Crucifixión (1965)



Siguiendo los discursos de este artista, fijando la mirada en las construcciones pictóricas de Bacon, la identidad y los valores que se consideraban esenciales para el humano y su cuerpo acogedor, es mutilado, deconstruido, traspasado y, si corre con suerte, reconstruido en una suerte de signo mortuorio.


El cuerpo es entonces un objeto mutilado que vuelve en forma y concepto tanto a la bestialidad como a la obsolescencia, a la desfiguración que destierra a los estereotipados discursos de la masculinidad, de lo burgués y la sanidad. No hay géneros, no hay vida asegurada y no hay trascendencia.


Cuerpo durmiendo (1959)



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Dos cuerpos (1953)



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Tres estudios para una crucifixión (1962)



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Estudio para retrato II (Máscara de William Blake) (1955)



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Dos cuerpos en una habitación (1959)



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Figura con carne (1954)



Por alguna razón, en todo este desmembramiento, en las mutilaciones del sentido, Bacon siempre mantenía en un estado casi intacto la cabeza de sus personajes; pero, ¿cómo explicarlo? Bacon durante una gran parte de su carrera estuvo consciente y decidido para que sus cuadros fueran abruptos, de un solo golpe, así fue como llegó a la conclusión de que era una cara o una expresión en medio del caos lo que rompiera el aire para ese fin.


El cuerpo es en su obra un objeto mutilado que regresa a las bestias, se descubre paradójicamente en el ensimismamiento y destruye los géneros y los estereotipos del sexo, es carne sin piel y desaparición de lo estable. Por medio de la crucifixión, la contorsión dolorosa, el desollamiento, la deformidad, la desesperación. El acto sexual que busca la muerte, lo escatológico, la eyaculación vacía o el líquido preseminal en soledad y la desintegración, Bacon dio continuidad a la estética de lo fútil que se vivía durante su época en términos políticos y sociales.


Francis Bacon desacralizó y descompuso al cuerpo humano en tanto imagen, cuando éste ya se encontraba putrefacto en tanto concepto y herramienta. Mutiló lo que ya estaba muerto en realidad.


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Eduardo Limón

Eduardo Limón


Editor de Fotografía y Moda
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