La mujer solitaria que se convirtió en bruja para hacer arte

La mujer solitaria que se convirtió en bruja para hacer arte

Por: Diego Cera -




Cuando una mujer adquiere el apelativo de bruja, no es precisamente porque dedique su tiempo a lanzar hechizos o hablar con el demonio; esos son sólo mitos que los colonizadores cristianos hicieron creer a sus allegados para convencerlos de que la única forma de mantener la salud y sanar las heridas era acercándose a Dios. Quienes fueron catalogadas bajo esta etiqueta, sabían manipular diferentes elementos de la naturaleza para curar algunas dolencias que aquejaban a la gente de las aldeas en las que vivían.

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Es por ello que las brujas eran figuras altamente respetadas en sus comunidades, ya que incluso mediante la palabra y la persuasión eran capaces de causar bienestar, aunque fuera momentáneo, a quienes acudían a ellas para volver a sentirse bien. Lo curioso es que, a pesar de que ahora contamos con médicos especializados y la tecnología suficiente para solucionar casi cualquier problema de salud, la gente siga creyendo en brujas.

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Vale la pena detenerse a pensar en quiénes han sido considerados brujos y magos en las últimas décadas. Desde la cantante Janis Joplin hasta el oscuro escritor de cómics, Allan Moore, todos ellos tienen detrás de sí la fama de hacer magia con su trabajo; juegan con la sensibilidad de sus espectadores, los transportan a un lugar en el que nunca antes habían estado y los enfrentan con sus peores miedos o con sus sentimientos más nobles; prácticamente los desnudan frente a sí mismos. Si tuviésemos que exaltar a uno de estos creadores en específico, sin duda alguna sería a la pintora Gertrude Abercrombie.

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Convencida de que vivir en una familia convencional no era lo suyo después de haber pasado por dos divorcios, la artista decide dedicar todo su tiempo a la pintura y a las noches en clubes de jazz donde, ocasionalmente, músicos como Dizzy Gillespie y Charlie Parker le permitían tocar el piano en sus sesiones. Gracias a su vida nocturna, sus amigos la apodaron "la Reina de los artistas bohemios". No obstante, a pesar de tener tantos amigos que le apreciaban nunca dejó de sentirse aislada y eso podía verse en sus pinturas surrealistas, donde la única figura humana que lograba percibirse era la suya.

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«Siempre soy yo a quien pinto, pero no realmente, porque no me veo tan bien o tan linda. Hasta cierto punto todo es autobiográfico».

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Abercrombie no utiliza elementos demasiado complejos para crear en sus pinturas una atmósfera mágica y llena de misterio. En cuadros como "La adivina" o "El paseo" puede notarse que cosas tan simples como un gato negro o una bola de cristal son capaces de transmitir sus ideas. Al tener un carácter introspectivo, en el trabajo de la artista sólo aparecen los elementos estrictamente necesarios para representar justo lo que sentía al momento de estar frente al lienzo en blanco.

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«No me gustan las cosas complicadas ni los lugares comunes. Me gusta pintar cosas sencillas que a la vez sean un poco extrañas. Mi trabajo viene directamente de mi conciencia interna y fluye fácilmente. Es un proceso de selección y reducción».

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Por medio de estos conceptos resumidos, la facilidad con que la obra de "la Reina de los artistas bohemios" entabla una conversación con sus espectadores, transportándolos a lugares de su mente que ni siquiera ellos conocían, es una forma de expresar que, a pesar de su soledad, ella nunca ha dejado de ser una persona y, al igual que sus interlocutores, tiene pensamientos ocultos que buscan una oportunidad para salir a flote. De esta manera, su obra no sólo permanece como un testimonio de su talento y la belleza de sus pensamientos, sino también de su habilidad de llevar a su público, justo como una bruja, a un estado de trance en el que no existe otra cosa más que ellos interactuando con su propia realidad.


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Fuentes

Sullivan Goss
Comunicarte


Referencias: