Hilos que tejen historias a través del tiempo

Lunes, 27 de junio de 2016 12:47

|Museo Franz Mayer


 

 

Por Roxana Sámano Cuevas



El Museo Franz Mayer se caracteriza por contener objetos que, más allá de su valor artístico y visual, guardan historias interesantes, llenas de esencia humana y creativa. Claro ejemplo es la exposición "Dechados de virtud. Bordados y deshilados. Siglos XVIII al XX", que a partir del 26 de mayo y hasta el 24 de julio, se estarán exhibiendo, con alrededor de 70 bordados, entre ellos el dechado magistral de Joaquina María del Camino y Zequeira, tema del siguiente relato.


17 de mayo de 1800, Nueva España.

Joaquina María se levanta con el usual grito de su mentora que la convoca a ella y a todas sus compañeras a desayunar. Ordenadamente, cambia su pijama por un uniforme y su letargo por entusiasmo. El desayuno es el mismo de todos los viernes: huevos con frijoles. Engulle con prisa sus alimentos pensando en la actividad que le espera una vez terminado el tiempo establecido para la primera comida del día. Salen en fila del comedor y se dirigen a la sala de recreación y aprendizaje. La actividad destinada para el quinto día de la semana es la costura.  A Joaquina le gustan los viernes porque el salón, que durante la semana sólo tiene libros de matemáticas y geografía, se llena de hilos de colores y agujas de diferentes tamaños y formas. Cada una de sus compañeras toma los hilos que necesitan para continuar con sus labores en los dechados, que dejaron inconclusos la sesión anterior y los desordenan a tal grado que el bermellón termina junto al verde pistache y el azul turquesa se vuelve compañero de los amarillos.

A Joaquina le gusta la sensación del lino sobre sus dedos, lo toma con cuidado, ansiosa de ver el resultado final. Aparta rápidamente los colores que necesita y se acomoda en un lugar alejado de todas las demás, bien iluminado para concentrarse en su labor. Entre flores, animales, personas y seres imaginarios, Joaquina practica su punto de cruz y su festón.

El penetrante calor de la primavera y el incesante bullicio de sus compañeras no son distractores suficientes para la obstinada Joaquina, quien tiene como meta terminar ese mismo viernes. Azul, rojo, violeta, amarillo, café; en una estampida de colores, el dechado de Joaquina va tomando la forma que inicialmente solo existía en abstracto. Tiene que darse prisa, ya que al estilo de las horas canónicas del medioevo, hay un tiempo destinado para cada actividad.

 

"Joaquina


Joaquina dibuja con hilo de seda los gestos de los protagonistas de su obra de arte. Entre puntadas planas y de vuelta, se divierte dando vida a pequeños animales que corren y juegan alrededor de festones y puntos de cruz. El dominio de su técnica y la complejidad de las formas son inversamente proporcionales a su corta edad.

"Joaquina

Los enemigos principales son los nervios provocados por la presión de las maestras y las ostensibles ganas de ver el resultado de su esfuerzo. Joaquina pasea sin parar sus ojos sobre los cajones abiertos en los que se guardan los hilos, e indecisa toma uno de color verde bandera, que le ayudará a rematar los bordes del dechado, creando así un sublime contraste con los azules y los amarillos.

En un afán de infantil utopía, la pequeña está decidida a eliminar las barreras que existen entre los animales; los selváticos se vuelven compañeros de juego de los patos, los gatitos conviven con venados y un changuito con sombrero se pasea fufurufo entre cabras y aves diminutas.

En la medida que las figuras geométricas van siendo creadas por sus pequeñas manos las flores y los animales sucumben ante sus similitudes naturales, Joaquina nota que el mal humor que las maestras mostraron en un principio va cediendo ante la belleza de su dechado. Con sorpresa, sus compañeras de clase se van acercando de una en una para apreciar el trabajo de su amiga. El sencillo pedazo de lino de 30 por 100 centímetros ahora es toda una obra de arte.

"Joaquina

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