El cuadro que cuenta la historia del amor más triste y trágico del arte

miércoles, 14 de junio de 2017 11:46

|A Martinez

Julieta besando el veneno de los labios de Romeo, Carlota perdiendo lentamente la cabeza después de la muerte de su Maximiliano y el mismo Jack en "Titanic", quien decide congelarse en el agua mientras su amada Rose flota en una puerta sobre el Océano Atlántico (aunque claramente ambos cabían en el pedazo de madera). Esas historias nos hacen llorar, pues es difícil pensar que alguien nos amará tanto como para perder un pedazo de sí (incluyendo la vida). Es la magia del pensamiento romántico que ha vivido desde el arte de finales del siglo XVIII hasta las películas melodramáticas contemporáneas.

¿Estarías dispuesto a morir por el amor de tu vida? Sólo algunos lo harían. ¿Recibirías una bala para protegerla y no tener que sufrir su pérdida? ¿Podrías continuar viviendo si estuviera muerta? Alguien que conozca el verdadero amor no podría... o al menos eso piensan los románticos. La Universidad de Londres lanzó una investigación que afirma que el estrés causado por la pérdida de alguien incrementa el riesgo de algún ataque –cardiaco o mental– que puede causar muerte. Así que sí...es posible morir de amor y aunque suena trágico, es el el hecho más impactante que aparece en el arte romántico.


Existe una historia de amor aun más trágica que las anteriores. Una que no puede ser confirmada por los libros de historia pero que ha trascendido a lo largo de la historia gracias a una sola imagen. Denominada la pintura favorita del pueblo irlandés en 2010, la obra maestra de Frederic William Burton, uno de los pintores más influyentes del prerrafaelismo en Europa (el cual rechazaba las técnicas académicas inglesas) retrata un momento definitivo que puede destrozar a cualquier amante llevándolo hacia la muerte: la última despedida del ser que anhela con todo su corazón. Llamada "El encuentro en la torre", presenta el último adiós entre dos amantes, pero no de una manera tradicional, la pintura es tan dulce en presentación que es imposible sentir un salto al corazón al mirar la desesperación que viven sus personajes.

Creada en 1864 con acuarelas, emana una intensidad igual o mayor que si estuviese pintada al óleo, tal como indica su descripción de la Galería Nacional de Irlanda. El detalle que imprimió Burton, a pesar de no ser un reconocido pintor, lo cataloga como un maestro del miniaturismo. La fuerza que emana la pintura recupera influencias de épocas modernas pero mantiene cierto espíritu romántico sin presentar una escena de violencia o los tradicionales gestos dramáticos que exageran los movimientos del cuerpo. En lugar de esa tradición mantiene una imagen meramente literaria y usa dos sutiles movimientos para hablar de amor eterno –ese que nos hace morir de valentía y cobardía–.

Jacinto Antón, crítico de El País, sugiere que el trabajo y la admiración que tienen los irlandeses, sintetiza «la influencia de la poesía de Yeats y los paisajes melancólicos de Hibernia», pero más allá de eso, nos invita a caer en la fantasía de las baladas y tradiciones medievales. Los personajes que se sostienen eternamente en la pintura representan a Hildebrand y Hellelil, dos amantes que protagonizaban una balada antigua danesa del siglo XV. El poema narra la historia de cómo Helleli, siendo de una familia de alta categoría, tenía a Hildebrand como uno de sus guardaespaldas pero terminó enamorándose de él, despertando el rechazo inmediato de su padre, quien ordena que los hermanos de la doncella acaben con la vida de su amado.

El también príncipe Hildebrand decide enfrentarse a los siete hermanos para quedarse con el amor de su doncella. Sin embargo, en el fondo ambos sabían que la misión era riesgosa y que posiblemente no volverían a verse con vida. El poema entonces narra cómo el valiente guerrero asesina uno por uno a todos los parientes de su amada hasta que, antes de asesinar al séptimo –el menor–, Hellelil lo detiene. Sin más fuerzas y malherido, Hildebrand cae muerto en los brazos de su amada, quien, al poco tiempo, fallece por el dolor de su pérdida.

El autor de la pintura no presentó un momento de amor gráfico entre los personajes, ni la violencia de la batalla y tampoco el dolor de la mujer después de ver a su amado fallecer.

Cualquier otro artista pudo haber elegido esa escena por su impacto sentimental; sin embargo, tomó la decisión de presentar el encuentro en la torre justo antes de la batalla. No hay un alto nivel de simbolismo y la composición no es compleja. Sin embargo, las insólitas acuarelas y el calmo movimiento de los amantes hacen suspirar. Él tomándola del brazo, inhalando un último golpe del aroma de su amada, con su casco y espada, listo para la batalla. Ella, inclina sutilmente su rostro mientras sube la escalera. Se recarga en el paso y su posición hace que parezca que los vemos desde una ventana. Anne Hodge, curadora de la Galería Nacional de Irlanda, afirma que la mezcla entre el detalle de los trazos y la historia trágica de la pareja, hacen que la imagen sea tanto impactante como inolvidable. El autor invita a imaginar el antes y después de la escena, e incluso, si no se conoce el contexto, se aprecia la fuerza de su unión y despedida.

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Mick O'Dea, un artista contemporáneo de Irlanda, asegura que es una obra maestra hermosa que no tiene que ver mucho con la realidad de la época, sino que se enfoca en crear una escena hermosa que sintetice la pureza y pasión del amor de fantasía. La pintura no parece estar quieta; parece una escena de un filme que narra la historia de los amantes. Hildebrand irá a pelear por el amor de su mujer y Hellelil morirá al poco tiempo por la pérdida de su príncipe. Frederick William Burton podría no ser un artista famoso, pero esta obra seguirá siendo la favorita de los románticos, aquellos que están dispuestos a perder la vida por amor.

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Referencias

El País
National Gallery
Victorian Web




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