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La historia detrás del robo que le dio fama mundial al retrato de la Mona Lisa

28 de noviembre de 2017

Claudia Gomez

La noticia del hurto era de calibre mundial, pues la prensa internacional cubría cada aspecto relevante del suceso

Sin duda el Retrato de Lisa Gherardini del Giocondo, mejor conocido como La Gioconda o Mona Lisa, es uno de los óleos con mayor reconocimiento artístico e histórico. Y no sólo por ser una de las obras de la mente genial de Leonardo da Vinci, el maestro florentino del sfumato, quien lograra deslizar las luces en las sombras y alisar los contornos de las formas para unirlos mejor al paisaje circundante, sino por la fama mundial que adquirió cuando fue robada a principios del siglo pasado. En todo caso, la obra siempre ha contado con aires de misticismo, a pesar de que con el paso de los años se han resuelto algunas de las incógnitas que suscita. Por ejemplo los expertos del Museo de Louvre dicen haber encontrado el boceto original de la Mona Lisa, sin embargo, la noticia de un robo siempre atrae la atención de los reflectores.



La Mona Lisa es un cuadro de 77 cm x 53 cm. No es precisamente un retablo pequeño, lo que hace preguntarse ¿cómo fue que ocurrió su robo? Antes de resolver la pregunta, es importante aclarar qué hacía La Gioconda en Francia. Uno de los últimos viajes que realizó Da Vinci fue precisamente a Francia, por invitación del rey Francisco I. En dicha oportunidad el ilustre del Renacimiento llevó consigo el famoso cuadro, por el cual el monarca francés quedó impresionado. La adquirió sin pensarlo. Por un periodo, el lugar del óleo fue el Palacio de Versalles. No obstante, con la Revolución Francesa, el Palacio de Louvre, antigua residencia real, se convirtió en museo y albergó las numerosas obras de la corona, entre ellas La Gioconda.

Los años pasaron. La obra era reconocida por la gracia de sus trazos y la impecable técnica de su autor. Peso a ello aún no era del todo famosa y aclamada por el público general. No fue hasta el año 1911 que La Mona Lisa estaba en boca de todos, pues había sido sustraída de la que había sido su residencia por más de 100 años.

Vincenzo Peruggia entró el 21 de agosto de 1911 al Museo de Louvre, un día en el que el recinto se encontraba cerrado, y logró salir con la pintura con aires de victoria. Las autoridades del museo no se percataron del hurto sino hasta el día siguiente, cuando el pintor Louis Béroud reparó en el espacio vacío en la pared. Al inicio le pareció algo normal, pues el recinto tenía la práctica de fotografiar las obras, por lo que eran trasladadas a un estudio para tales efectos. Sin embargo, a las 11:00 am, Béroud se impacientó por no ver regresar la obra a su sitio original y alertó a los vigilantes. Dato curioso: no fue sino hasta el robo de La Gioconda que Francia estableció, como parte de los reglamentos para todos los museos en el territorio, que cada obra y pieza de arte resguardada en un recinto artísticos y que no se encontrara en su sitio de exhibición contara con una hoja de papel que explicara la razón y duración de su ausencia.



Los medios de comunicación catapultaron a la fama a la obra. La noticia del robo de La Mona Lisa era de calibre mundial, pues la prensa internacional cubría cada aspecto relevante del suceso. Incluso era tanta la presión social que las autoridades francesas decidieron que la imagen del cuadro apareciera en los noticieros clásicos cinematográficos, en envolturas de chocolate, en vallas y panfletos, todo con la finalidad de divulgar el robo y tener pistas sobre su paradero.

Asociaciones y aficionados al arte se encontraban estupefactos por la terrible noticia, por lo que decidieron juntar esfuerzos. Es así que la Asociación de Amigos del Louvre, con Raymond Koelich al frente, lanzó una campaña de suscripción nacional que posteriormente se extendió al mundo entero, para apoyar con fondos y ofrecer una recompensa a fin de recuperar la obra. Su iniciativa le permitió reunir 500 mil francos de la época para financiar un eventual rescate.

Las investigaciones policiacas incluso apuntaron en momentos desesperados a Pablo Picasso como el autor intelectual del robo de La Gioconda, pues se le relacionó con Peruggia por haberle comprado unas pequeñas estatuas ibéricas. El poeta francés Guillaume Apollinaire fue otro de los sospechosos, pero fue liberado de la cárcel una semana después de su arresto por falta de evidencias en su contra.



La realidad es que el autor material del robo de la Mona Lisa fue el italiano Vincenzo Peruggia, quien se desempeñó como carpintero en el Louvre y colocaba también las cubiertas de vidrio que protegían a las obras exhibidas, por lo que conocía perfectamente el montaje de los frescos. Esa mañana del 21 de agosto salió del Louvre con la pintura envuelta en una sábana blanca bajo el brazo. Su intención era regresar la obra a su natal Italia, pues tenía la falsa impresión de que la pintura había sido tomada por Napoleón, por medio de su unidad militar de robos de arte, pues obtuvo decenas de miles de piezas durante su campaña italiana, aunque del botín nunca formó parte La Gioconda.



Por otro lado, el autor intelectual sigue siendo un misterio. Algunos historiadores creen que pudo haber sido un alemán traficante de arte llamado Otto Rosenberg. Otros aseguran que la mente maestra fue la del estafador argentino Eduardo de Valfierno, quien se hacía pasar por marqués junto con Yves Chaudron, el hábil pintor francés de falsificaciones.

La obra estuvo perdida por dos años, hasta que en noviembre de 1913 el anticuario florentino Alfredo Geri recibió una carta firmada bajo el seudónimo de "Leonardo", alias utilizado por Peruggia, en la que le ofrecía la obra por 500 mil libras. El anticuario se puso en contacto con Giovanni Poggi, el director de la Galeria Uffizi de aquel entonces, quien le convenció de reunirse con "Leonardo" en el Hotel Tripoli, en Italia. Entre ambos especialistas en arte determinaron que la obra que les presentó el ladrón era el único y original Retrato de Lisa Gherardini del Giocondo, por lo que enseguida llamaron a la policía, que inmediatamente detuvo a Peruggia. El juez le dictó sentencia únicamente por 12 meses y medio de encierro.

Una vez recuperada la obra de Da Vinci, el primer lugar en exponerla de nuevo al mundo fue precisamente la Galeria Uffizi, en Florencia. Posteriormente fue exhibida en la Embajada de Francia en Roma y en la Galería Borghese, para retornar finalmente al Louvre en enero de 1914.

La obra más reconocida del pintor florentino ha dejado Francia en otras ocasiones para visitar importantes museos alrededor del mundo, pero no cabe duda de que su lugar máximo de exposición siempre será el Louvre, que a pesar de que en años pasados tuvo fallas en sus sistemas de seguridad de resguardo, ha aprendido de sus errores y ahora alberga a varias de las obras más representativas del mundo del arte.


Fuentes

O César o Nada

The Monuments Men

Infobae

La Nación

Los Grandes Robos de Arte

***

Esta obra ha sintetizado una fascinación inusual por su historia, las pasiones que despierta y los misterios que esconde. Sin embargo, no es la única versión que existe. Leonardo Da Vinci también pintó una versión que está desnuda.

TAGS: Arte clásico Renacimiento Historia del arte
REFERENCIAS:

Claudia Gomez


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