Imitar a Dios o de cómo Pollock se influenció por José Clemente Orozco
Arte

Imitar a Dios o de cómo Pollock se influenció por José Clemente Orozco

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Por: Eduardo Limón

15 de marzo, 2016

Arte Imitar a Dios o de cómo Pollock se influenció por José Clemente Orozco
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Por: Eduardo Limón

15 de marzo, 2016

Pollock es el mayor pintor estadounidense del siglo XX y sus pinturas son los más vigorosos lienzos abstractos que se hayan visto.

Cuando en Estados Unidos de América se tenía una ferviente tendencia hacia todo aquello que fuera considerado moderno y modernista, existía un lugar donde el expresionismo abstracto, quizá uno de los lenguajes pictóricos más reconocidos en el tiempo, tomaba sus formas, pero sobre todo sus contenidos: La Escuela de New York.


Clement Greenberg fue uno de los más reconocidos críticos y teóricos del arte que han existido, y gozó una vida muy participativa en dicho movimiento que le brindó un impacto de credibilidad mayor al que se hubiese imaginado. En aquel momento, Greenberg se mostró en completa concordancia con los intereses tanto discursivos como formales de Jackson Pollock.


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Según las palabras del crítico, Pollock es el mayor pintor estadounidense del siglo XX y sus pinturas son los más vigorosos lienzos abstractos que se hayan visto; y no era para menos si se toma en cuenta que durante su formación artística fue discípulo de grandes creadores, incluidos los mexicanos David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.


Siendo este último quien le inspiró desde el lenguaje del arte mexicano hasta su ingreso en los grandes formatos y el interés por una revolución en cuanto a representaciones se trata; Greenberg explicaba al respecto que en las vanguardias insertó el trabajo de Pollock, y en su búsqueda de lo absoluto llegó a lo abstracto, a lo no objetivo; como si estos artistas trataran de imitar a Dios en la creación de algo válido sólo en sus propios términos.


Así, el arte en Pollock es una disolución con la realidad y el resultado de haberse instruido con uno de los más importantes muralistas mexicanos; sin olvidar que gracias a Siqueiros es que Jackson se aventura a experimentar con aerógrafos y materiales sintéticos, éste no marcó con la misma fuerza un parteaguas en la vida del norteamericano en comparación con Orozco.


Se cuenta que cuando Jackson era todavía muy joven y estudiaba la preparatoria hizo grandes esfuerzos por adentrarse a la vida artística que latía en todo el mundo; de acuerdo a sus posibilidades viajó a Pomona para conocer el “Prometeo” de Clemente y fue allí que perdió la cabeza ante esa técnica, ese estilo, esos detalles que más tarde lo dirigirían a tener pasiones controladas en cierta agitación.


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No se sabe a ciencia cierta si el encuentro entre estos dos gigantes fue verdaderamente en la Nueva Escuela de New York, donde el mexicano realizó uno de sus murales, o si esto pudo haber ocurrido en alguna reunión, ya fuera política o de trabajo. No se tienen los suficientes registros de esta relación, pero se sabe que estuvieron cerca y que Orozco aportó a su producción algo que es obvio a cualquier vista: la emoción convertida en salpicaduras y goteos.


La huella del arte mexicano, sobre todo si nos plantamos en una vanguardia que fue capaz de movilizar a otras vanguardias como lo fue el muralismo, es rastreable en las intenciones artísticas desde mediados del siglo XX a la fecha con un vigor sin igual en todo el mundo. En ese intento por ser Dios y crear algo nuevo bajo sus propias leyes, Pollock, para encontrar su originalidad, tuvo que recurrir a la del maestro mexicano; su paleta de colores, su obsesión con el fuego creador y el uso de figuras que emergen de la oscuridad son muestra de esta herencia creativa.



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