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La historia de un amor prohibido que quedó retratada en pintura

Arte La historia de un amor prohibido que quedó retratada en pintura


Un beso es la unión de dos voluntades que no encuentran en el mundo otro fin más que fundirse en el calor de unos labios, en un vaivén misterioso cuyo destino se forja en un momento y después del que nada volverá a ser igual.


Francesco Hayez el beso

La cortesana que se había entregado a un sinfín de hombres entre el cuerpo de guardias reales, sirvientes, un par de duques y un sobrino cercano, nunca esperó que aquel torpe, tímido y malpeinado vendedor que prostituía el arte para vivir tuviera sentimientos. Pero ese beso lo cambió todo. 

¿Cuántas veces en un arrebato ansioso, de violencia sublime o desesperación había robado un beso? ¿Cuántas noches ardiendo en deseo habría llamado a cualquier guardia, bajo pretexto de hacer una enmienda, acercarle agua, cerrar los accesos al castillo o acompañarla durante el insomnio para saciar su deseo carnal, para sentir el calor y el peso de un cuerpo sobre ella, para calmar ese vacío entre sus piernas, para romper en deseo violentamente como las olas del mar sobre las rocas? ¿Por qué habría de ser distinto en esta ocasión y no como todas las demás, en que una vez consumado el deseo, la cortesana volvía en sí y obviaba los procedimientos, separándose con fuerza y con desdén del cuerpo sudoroso del amante en turno, corriéndolo de la habitación que impregnada con la esencia del sexo, se tornaba en la más intensa oscuridad para odiarse una vez más por un rato, mientras el sueño más profundo se apoderaba de su conciencia y disipaba la culpa por haber concretado aquel deseo animal?

Entendía que si bien era estúpido y pueril acercarse así, la intención del vendedor de arte, que hizo de un intento por besarla un monumento genuino a la torpeza y a lo grotesco, debía ser real. Convencida de que nunca estaría de nuevo tan cerca de él, aunque fuera el último hombre sobre la Tierra y a su puerto azotara una tormenta febril, todos sus pensamientos sobre él desaparecieron de a poco como lo hace la luz del día.

Francesco Hayez sombra

Al día siguiente bajó al gran comedor y descubrió que recargada en la pared yacía aquella obra desgastada que en su opinión, era la peor perspectiva en la historia del arte que había visto jamás. Entraron su padre y el vendedor, del que hasta ahora no recordaba su existencia y al verlo, le pareció de un aspecto grotesco, como siempre: el mismo desastroso peinado, la abrumadora timidez que por momentos le hacía actuar patéticamente y la rampante torpeza al relacionarse con la gente.

Sus características le parecían aberrantes y a la vez llamaron su atención, de la misma forma que el objeto de un niño aparece en su existencia hasta que captura su atención. Cruzaron la habitación, su padre la saludó y ella asintió al saludo e intentó sonreír al vendedor en señal de tregua y olvidando el bochorno del día anterior, pero él ni se inmutó. Indignada, reafirmó su postura: nunca habría de acercarse a un tipo tan patético como él. Tan sólo era necesaria una sonrisa para zanjar la afrenta, pero él la ignoró. Una mirada, un guiño forzado, un movimiento del entrecejo habrían sido suficientes para evitar su coraje, que se prolongó durante todo el día. 

Francesco Hayez pies

Horas antes, había recibido al Marqués y la duquesa de Sicilia. Mientras hablaban no podía evitar reproducir en su mente la escena del intento de beso que ahora no le producía bochorno, sino un hueco en el estómago que subía hasta su garganta y se revelaba en una voz entrecortada, que le obligaba a tomar aire y saliva continuamente para seguir con lo aburrido del procedimiento. Así pasó otras tres noches, mismas en que el sentimiento la invadía a pesar de que no lograba identificar qué era exactamente.

No sentía por él el más mínimo deseo, ni siquiera esas ansias indómitas que le provocaban los guardias más feos pero musculosos, ese placer culposo la recorría después de que su ancha espalda cruzaba como un rayo toda su habitación y le hacía odiarse más y más. Sentía esa enorme curiosidad que se experimenta al descubrir una parte desnuda de otro ser, sea física o sentimental. La misma angustia y el mismo deseo por enterarse de más, igual al que se siente cuando una estrella fugaz atraviesa el firmamento, una voluntad revelada sorpresivamente o un cuerpo tembloroso, frágil y desnudo, ansioso por sentir. 

Francesco Hayez mano

Se levantó de la cama y decidió salir por aire al jardín, llamó a la nodriza pero nadie respondió. Cruzó la sala del vestíbulo a media luz que cuando niña le asustaba y en hurtadillas para evitar la presencia de los guardias, dirigió sus pies frágiles de princesa a la galería por donde podía salir directamente, cruzando en la oscuridad total los jardines que separaban al patio de armas del alcázar. Aceleró, sintió cómo la adrenalina corría por su cuerpo y como sus cabellos estorbaban en su rostro.

Se detuvo abruptamente, a punto de caerse. Con la respiración agitada se acercó a la sombra que apuntaba hacia ella desde la habitación siguiente. Sabía que solo debía girar a la izquierda y subir los tres escalones que la separaban de la libertad. Esperó pacientemente a que la sombra se disipara y así ocurrió. Dio un par de pasos más y estaba por subir las escaleras cuando sintió una mano en su cintura, tan sutil como agresiva, tan segura como tibia. Sin siquiera verlo, sabía que se trataba de él. Cerró los ojos y sintió por segunda vez en su vida ese aliento extraño, esa esencia que antes aborrecía y ahora deseaba más que nunca. Se entregó súbitamente en un beso apasionado que la hizo temblar como jamás le había ocurrido, con las piernas débiles y el corazón saliendo de su pecho. 

Francesco Hayez beso

"Il bacio" de Francesco Hayez es una de las máximas representantes del romanticismo italiano. Plasma en una primera interpretación a dos amantes despidiéndose, posiblemente clandestinos por la manera en que se está suscitando la escena: él tiene un pie puesto en el escalón, mientras ella coloca su mano en un terreno inhóspito. Una interpretación de carácter histórico sugiere que simboliza la unión de Francia e Italia como aliados ante el Imperio Astrohúngaro que se concretó en el mismo año de la realización de la obra, 1859, cuyos protagonistas portan los colores de la banderas de ambos países. La única verdad es que el realismo del lienzo refleja su fuerza y estimula por medio de la imaginación las distintas interpretaciones de un tema tan apasionante como propio, el amor prohibido.


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