La Magdalena Penitente de Francisco de Zurbarán

martes, 14 de octubre de 2014 13:50

|Museo Nacional de San Carlos



Texto de Andrea Bustillos Duhart

Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos , 1598 - Madrid, 1664) es uno de los principales representantes del Barroco español, periodo también denominado como el Siglo de Oro Español. Entre sus compañeros y amigos se encontraba Diego Velázquez (1599-1660) pues ambos estudiaron en el taller de Francisco Pacheco (1564-1644), pintor y tratadista de arte de gran influencia en Sevilla. Zurbarán fue reconocido principalmente por sus pinturas de carácter religioso y sus naturalezas muertas, ganándose el sobrenombre del Caravaggio español, debido al uso del claroscuro y al realismo que imprimía en sus cuadros.

A pesar de que la corte se encontraba en Madrid, Sevilla fue la capital artística durante el Barroco debido a la gran proliferación de órdenes religiosas y al gran número de encargos que estas solicitaban a los artistas con el fin de crear un imaginario colectivo de fe, obediencia y religiosidad. Debemos recordar que el Barroco es un movimiento artístico que está fuertemente ligado al contexto político y social de la Contrarreforma, que tras los movimientos reformativos protestantes intenta no perder adeptos y crear conciencia religiosa a través de un arte dramático, empático y dogmático.

En este contexto se entiende la obra de Zurbarán, concretamente esta pieza, como una representación de arrepentimiento y penitencia. Magdalena ya no es representada como una cortesana seductora y ricamente ataviada. Por el contrario, encontramos una mujer arrepentida con expresión melancólica, que ha renunciado a los placeres y bienes terrenales para dedicarse a la meditación. Su actitud pensativa concuerda con el mensaje simbólico de los objetos dispuestos en la mesa, que a manera de vanitas, recuerdan de la fugacidad de la vida mediante las imágenes de la vela consumida, el cráneo, y el reloj de arena.


Zurbarán MagdalenaMagdalena Penitente, s.f.
Óleo sobre tela, 147x112 cm


El lenguaje formal de esta obra es naturalista, ya que la figura está modelada sólidamente, los ropajes son tratados con gran riqueza plástica en las texturas y detalles, además de los intensos contrastes lumínicos que dramatizan el tono y fijan la atención del espectador en los puntos clave. El uso del claroscuro otorga a la obra expresividad y misticismo. La luz proviene del ángulo superior izquierdo, resaltando el rostro pálido de la Magdalena, así como los objetos dispuestos sobre la mesa, y termina iluminando una carta rota que se encuentra a sus pies, donde se advierte la ya casi desaparecida firma del artista.

Este lienzo perteneció al coronel inglés John Meade y fue comprado en 1851 por Richard Ford. Se subastó en Christie´s en 1929, pasó a la galería Savile y posteriormente a la Spanish Gallery de Thomas Harris, donde fue adquirido por el ingeniero Alberto J. Pani en 1934, por encargo gubernamental.


TAGS:
REFERENCIAS:
Museo Nacional de San Carlos

Museo Nacional de San Carlos


  COMENTARIOS