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La obsesión de Salvador Dalí por el cadáver de un niño

Arte La obsesión de Salvador Dalí por el cadáver de un niño





El encuentro con la muerte y la sexualidad no es como cualquier otro, hallar un momento que resuma ambas caras de un solo hecho nunca podría haber sido mejor que lo plasmado por Dalí; no se pretende exponer de manera exhaustiva esta relación del abandono o de la pérdida por la inmortalidad. Tampoco hablar en un sentido general ni en lo concreto de la obra del catalán, pero cabe mencionar esta dicotomía para hablar de "El Ángelus" que el maestro surrealista pintó.

"El Ángelus" de Millet que reinterpretó constantemente Salvador Dalí en su peculiar sentido de lo perceptible, oculta en su original un sutil vínculo con la castración, la muerte y, por ende, la sexualidad. Mediante aquello que los surrealistas acostumbraban nombrar como método paranoico-crítico, el artista interpretó del original y en su propia versión una serie de símbolos que versan en torno a la sumisión sexual y al fallecimiento.

Ángelus de Millet

¿Por qué tanto énfasis para dicha pintura? Cuando Dalí era apenas un niño vio colgada en una pared del colegio al que asistía una reproducción de esta pintura; escena que le sobrecogió de manera asombrosa e inexplicable desde un primer momento. El pintor catalán siempre aseguró sentirse conmovido y obsesionado ante tal cuadro, afirmaba ver más cosas en su composición que el resto de sus espectadores y le catalogaba como una representación nítida y colorida que atrapaba los ojos del hombre.

Salvador Dalí - Ángelus de Millet

Algunos expertos, tanto en arte como en psicología, sentencian que el artista tenía un apego especial por dicha obra dado que en ella veía una conexión directa con el mito de los padres que devoran a sus hijos; hilo conector que para él significó demasiado por su difícil relación con su padre y con su hermano muerto, siendo este último una carga metafísica para su futuro y un fantasma que aprendió a soltar paulatinamente en su producción estética.

Ante tal insistencia por desfondar el contenido sexual de la pintura, el cual le dotaba de sentido y significado, Dalí solicitó hacer un exhaustivo estudio a sus condiciones materiales; así fue como el Museo del Louvre hizo una radiografía del lienzo y descubrió que, efectivamente, las suposiciones del catalán eran ciertas: debajo de las imágenes que todos conocemos hay una tensión sexual demasiado fuerte acompañada de un escenario mortuorio. Por alguna razón, Salvador sospechaba que en esta escena se encontraban elementos ocultos y esto lo llevó a tratar de conseguir tanta información le fuera posible; así fue como llegó con un amigo de Millet y durante una charla, este hombre le confesó que la composición inicial de la pintura no es tal cual se conoce, sino que existía una lápida escondida y que su autor así lo decidió por cuestiones estilísticas de su momento. 

El surrealista cayó inmediatamente enamorado de la idea y pronto descubrió que la lápida pertenecía a un niño, el hijo de estos campesinos; situación que le obsesionó sobremanera pues esto completaba exacerbadamente el cuadro, era una imagen que dotaba de significación subconsciente a la completud perdida del óleo. Ese faltante generó tal movimiento interno en Dalí, que éste se dedicó a reproducir sus siluetas y sus formas en cuantos cuadros pudiera de su propia creación; su fijación por hallar al niño muerto en la pintura se convirtió en motivo de sus trazos personales y en investigaciones de la historia.  

Salvador Dalí - Ángelus de Millet

La pintura de Millet muestra a una pareja rezando al momento de la luz crepuscular en un aura misteriosa y se hace obvio el detenimiento de sus labores por una actividad religiosa o espiritual; pero de acuerdo a los hallazgos motivados por Dalí, en sus entrañas se esconde el cuerpo sepultado de un niño, los restos enterrados de un infante oculto por las pretensiones de época para su autor original. Y, ¿cómo pasar por alto algo así? Aún más si esa joven lápida podría vincularse con el hermano mayor que le dio nombre a Salvador y una presencia continua con la que luchar por demasiado tiempo.

En la interpretación del surrealista, que va de la obra original a su revisión onírica utilizando teorías freudianas, la presencia menor de la figura masculina es prueba de la agresión femenina, la cual se compara a su vez con la mantis religiosa (insecto que devora al macho después de la cópula) junto a una carretilla que es asimilada como imagen de sumisión sexual. El cesto entre los dos campesinos funge de tal manera como una alusión al ataúd del hijo muerto y ese objeto que cubre el cometido real de su producción. De la misma forma, como parte del proceso explicativo del cuadro, Dalí narra un sueño en el cual visitaba con Gala el Museo de Historia Natural de Madrid, lugar que fomentaba en ellos un trepidante deseo sexual al ver dos esculturas que representaban a la pareja de Millet; situación que engarza decisivamente a la cópula con su perspectiva de la pintura.

Salvador Dalí - Ángelus de Millet

“El Ángelus" de Millet es entonces, desde una perspectiva de lo surreal, una nueva proyección sobre los tensores de la sexualidad en esa búsqueda inagotable que propició la fijación por un cuerpo escondido en la obra, una visión que se partió en diversas formalizaciones propias de Dalí y sus marcos históricos y discursivos. La obsesión por un cadáver llevó al artista catalán a construir y deconstruir un trabajo y una motivación, el cuerpo inerte de un niño le significó horas de estudio e introspección para un movimiento artístico que le ha dado nombre hasta el día de hoy.


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