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Cortejo a la antigua

Cortejo a la antigua

Cortejo a la antigua

 

Aún no la he besado,

pero usted me ha dejado un sabor en los labios

parecido al durazno silvestre que crece

en los bosques de aleteos verdes.

He hablado en mi silencio con todas

y cada una de las historias donde mi fantasía

la retrata como un elixir que alarga la vida.

Le he de confesar que el tiempo de mis ojeras

es proporcional a imaginarme la causa de su sonrisa.

Pero no le he venido hablar de dudas ni desvelos,

le vengo a proponer la tarde y los helados,

la banca del parque y las caricias de miel,

el pétalo que se marchita para convertirse en pájaro.

Si usted gusta de tomar mi mano

le prometo no atar su alma

y cuando guste dejarla volar sin retraso

quédese todo lo que quiera

y quiérame todo lo que pueda,

porque en estos cuerpos

solamente andamos un rato.

***

Quetzalnoah

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