El poema que se presenta a continuación, escrito por Miguel Ángel Báez, es una metáfora con tono melancólico y pesimista en torno del tema amoroso.
Entre mis mares
Bebiste del agua dulce
que cae de mis montañas,
probaste los dulces frutos
que existen en mis bosques.
Dejé que te abrieras paso
en el oleaje salvaje de mi amor.
Surcando, te metiste hasta el fondo
y tocaste el punto máximo de la creación.
Sólo una vez abro la puerta
entre mis mares, para que algún
espíritu aventurero nade por mis aguas.
Eso mismo fue lo que no supe advertir.
Tu incesante búsqueda de sensaciones.
La necesidad te llevó a dejar las maravillas
que con privilegios doy a los mortales.
Entre mis mares no encontraste lo que yo
creía que jamás podría darle a la tierra.
De esta forma pude entender
que la marea cambia a diario.
De nosotros depende
verla a pesar del cambio,
tan maravillosa como al principio
o dejarla muerta sin sentido.
Entre mis mares también pasa lo mismo.
Los peces y delfines nadan sin cesar,
sin prever que de un día para otro
algún despiadado vendrá a robarles la magia.
Sólo viniste a nadar en mis profundidades
llevándote las perlas de mis ostras,
dejando muertas mis langostas
y sin luz al brillo de mis aguas.
Ballenas y tiburones esperan aún
para que te aventures de nuevo
y poder decirle adiós
a esa parte de mí que te llevaste,
que jamás volverá a existir
entre mis mares.
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Las imágenes que acompañan al texto son propiedad de Sven Signe den Hartogh.
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Todas las declaraciones son un acto subversivo: “Al amor de mi vida: confieso que nunca quise enamorarme de ti”.

