¿Qué pasa cuando los objetos a nuestro alrededor parecen contar una historia perturbadora en la que somos simples personajes secundarios? En medio del terror es difícil distinguir lo que es real y lo que es producto de nuestra imaginación. La tensión y el miedo pueden cegarnos, el pánico nos invade y no entregamos por completo al misterio oculto entre las cosas.
En el siguiente cuento de Hermes Moncada, la protagonista lucha en contra de una maldición que parece seguirla hasta el final de sus días.
EL MISTERIO DEL ESPEJO
Sara había comprado el espejo en una venta de garaje. Por su precio fue prácticamente un regalo; tenía muy buen aspecto a pesar de ser una antigüedad. Al llevarlo a casa de inmediato comenzaron a suceder cosas extrañas: ruidos inexplicables, objetos fuera de lugar, aparatos eléctricos que se encendían solos. Pero lo más desconcertante ocurrió aquella mañana, cuando todos los espejos de la casa aparecieron rotos. Todos excepto el espejo antiguo.
Sara sintió un repentino escalofrío al acercarse a él. Le pareció ver que en una esquina se reflejaba alguien más. Decidió deshacerse de él; sin embargo, todos sus intentos fracasaron. Cuando tuvo la idea de lanzarlo por un puente, el auto no arrancó; después lo dejó afuera de su casa para que el personal de aseo se lo llevara por la mañana, pero cuando despertó el espejo estaba en su lugar.
Sara, desesperada, tomó un martillo y cuando lanzó un golpe para destruirlo, volvió a ver la figura en la esquina del espejo. Miró hacia atrás, pero no había nadie más en la habitación. Volvió a ver al espejo, ya no era su imagen la que se reflejaba. Una mujer con ropajes antiguos la miraba directamente a los ojos. Sara quedó paralizada. No pudo gritar, ni siquiera lo hizo cuando la mujer alargó sus brazos y de un tirón la introdujo dentro del espejo.
María aparcó su auto a la orilla de la calle. Había decidido probar suerte en una venta de garaje. El espejo tenía muy buen aspecto a pesar de ser una antigüedad; algunos rasguños en el marco, ciertas manchas de lo que parecía ser pintura roja, nada que una buena limpieza no pudiera solucionar.
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