Ícono del sitio Cultura Colectiva

El peor momento de una relación no es romper, sino lo que sigue

El peor momento de una relación no es romper

El peor momento de una relación no es romper

El dolor de una ruptura protagoniza siempre escenarios de oscuridad y perdición. El camino sinuoso de arboladas tétricas y nubes torrenciales que abre el rompimiento con un amor, que por cierto se pensaba único e interminable, es sólo la antesala de todo lo que vendrá después. Si el sufrimiento tuviera que tomar un cuerpo y éste debiera acercarse con sensualidad a lo antropomórfico, éste sería sin dudas el simple conserje de toda una prisión laberíntica por recorrer. Una cárcel casi infinita de la cual es imposible escapar si se quiere encontrar la salida con el clásico ojo humano.

El momento más doloroso de una relación, ése que marca un cambio de paradigma en el sentir de nuestro corazón, no es que toma rostro con una ruptura, sino el que viste con las ropas del previo desencanto y deja en el aire su sucio aroma de despedida, de consecuencias absurdas. Cuando se perfila el rompimiento de un vínculo amoroso, como por inspiración de cantos orientales y místicos inciensos, se apodera de nuestra mente el deseo de destruir a partir de las creaciones mismas; el ingenio se torna despreciable, pero rico en motivos para dejarse fluir en la pesadez del aire.

Tomemos por ejemplo el caso de Oscar Wilde y el destino que le persiguió tras su separación romántica; quiebre que, mencionado con liviandad, fue la razón para su desgracia y el momento más sincero en su escritura, convirtiendo a su amante en el verdugo fiel de su integridad. El problema no fue haber dicho adiós, sino lo que esa despedida dejó a su paso.

“De Profundis”, la carta que Wilde le escribió a su amante, Lord Alfred Douglas, llamado Bosie cariñosamente, es el registro artístico que el autor legó como franca respuesta y reclamo a todo lo que devino de su separación con el joven aristócrata. Si bien el hijo del marqués de Queensbery no actuó directamente en contra de Oscar, le incitó a seguir con una batalla que pocas probabilidades tendría el literato irlandés de ganar y que, efectivamente, le dirigió a su fin.

“A la gente le pareció horrendo que yo hubiera invitado a cenar a las cosas malas de la vida y encontrado placer en su compañía. Pero eran, desde el punto de vista con que yo, como artista de la vida, las miraba, enormemente sugestivas y estimulantes. Era como comer con panteras. En el peligro estaba la mitad de la emoción”.

Después de varios enfrentamientos verbales con el padre de Bosie, Oscar fue acusado públicamente por aquel hombre de practicar una sexualidad indecente y de frecuentar lugares donde el género masculino se prostituía para degenerados. A instancias de Alfred, que odiaba a muerte a su insufrible padre, y desoyendo el consejo de sus amigos en el club, Wilde inició contra el marqués un proceso por calumnia y difamación. El abogado de Queensberry amenazó con hacer comparecer a los bajos mundos londinenses con los que Wilde tuvo relaciones y le habían visto entregado al deseo “antinatural”, adquiriendo suficiente fuerza entonces para probar la inocencia del marqués y condenar al escritor a la cárcel de Reading.

Dos años de reclusión, de trabajo forzado, una demanda por divorcio, la pérdida de la custodia de sus hijos, la burla de la sociedad, la incautación de sus bienes, la subasta de su casa y biblioteca, además del desprecio de muchos quienes le conocían, sólo fueron los resultados materiales de un conflicto mal llevado. Wilde tenía roto el corazón.

Con el tiempo y la reflexión que suele acompañar a éste, Oscar se percató de las infidelidades de Douglas, su explotación económica, el abandono sentimental que se había encargado durante su ausencia a divulgar su correspondencia privada, que él era la causa de su poca inspiración y que no había enfrentado a su padre para hacerle compañía en este cruel proceso. “De profundis” es una larga carta de amor ausente, pero sobre todo, es la rendición de cuentas para un hombre que traicionó y destruyó la vida de otro; es el reclamo, la ira y el conflicto emocional de un amor incendiado por la mentira.

El infierno no comenzó para Oscar Wilde con la ruptura de Lord Douglas y su tórrida relación, sino con todo lo que vino después; la creatividad alimentada sólo por el odio y el desprecio hacia lo humano, las reprimendas de un Londres hipócrita, el desenlace trágico de su carrera, la destrucción de su figura pública y la mancha de un escándalo sobre sus trabajos artísticos.

“En el arte, la verdad está en la concordancia de un objeto consigo mismo; en que lo externo se convierta en expresión de lo interno, el alma en carne, y en que el cuerpo se halle animado por el espíritu. Y por eso no hay verdad comparable a la del dolor (…) Los mundos están hechos con dolor, y sin dolor no puede nacer ni un niño ni una estrella. Y aún más, el dolor guarda en sí una realidad de extraordinaria intensidad”. Con estas palabras, por demás introspectivas y de paz, Wilde trató de encontrar la calma en algo que era obvio terminaría con su propia vida. No en la desgracia material impuesta por la ley, sino en el tormento de haber confiado en quien no debía.

La obra de Oscar Wilde es compleja y a veces malinterpretada, su escritura no sólo era delicadeza y estilo, era la mirada de un hombre dedicado a la pasión y el riesgo; para conocer más de su producción, descubre quién fue la madre poeta y feminista de Oscar Wilde y lee estas 25 frases de Oscar Wilde para entender la ironía de la vida.

Salir de la versión móvil