
Créame, usted es la criatura más humana
de quien yo he quedado encantada.
De sus errores, de sus confusiones, de sus más acertadas equivocaciones;
me mantengo enamorada…
Amo cuando veo sus lágrimas derramadas,
son como copas de agua quebradas,
y veo más viva su raza humana.
Amo cuando desborda un río de sudor proveniente de tus manos, y de la carnosidad de su cara; pues en ese más largo segundo, mi vida se siente calmada.
Tantear la sequedad inundada de sus manos; me oxigenan el alma.
Amo detallar sus delicadas manos, rozarlas me lleva a conocer todo el cansancio que ha soportado.
Las rayas y los nudillos de la palma de su mano, me llevan a descubrir el preciado hilo con que Creador las ha cosido.
¡Y el gran privilegio es que yo las he conocido!
Adoro mirar sus ojos, y ver la fragilidad de su córnea y su retina,
admirando el más brillante calcinado color que los pinta.
Amo hasta cuando sus cavidades nasales respiran…
Y cuando las exhalaciones de sus pulmones, desorientan a mis sentidos,
con el escándalo de sus suspiros…
Me atrae la consistencia de su esqueleto hecho a la perfección con cada hueso que lo forma. Y adoro en el momento que lo abrazo
Incluso, me encanta la longitud de las venas localizadas en sus antebrazos.
También amo… el órgano más esencial de su cuerpo, adoro el corazón matizado en su pecho;
bombeando sangre a sus vasos sanguíneos; adoro que al rodearlo con mis brazos, me acerco más a él, haciéndome sentirlo y quererlo para siempre vivo.
Y valoro cada segundo que su sangre, recorre y recorre, una y otra vez, su organismo.
¡Humanamente amo que usted haya nacido!

