Es posible que después de tanto escribir se me vayan acabando las ideas, o podría ser también curiosidad o una especie de pasión por enseñar (el paradigma del exhibicionista). Supongo que esto os va muy bien, porque, en el fondo, no nos engañemos, todos los que leemos blogs somos un poco voyers; fetichistas que disfrutamos hurgando en la vida de otros. Quiero hablaros de Carrie. Bueno, en realidad, no voy a hablar ni de King ni de la novela, hablaré de la historia de ese libro particular, de cómo llegó a mis manos, os hablaré de los libros viejos. Era un día de feria y, como estas cosas se suelen masificar a lo bestia, María y yo decidimos dar un paseo antes de comer, a ver si a esas horas no estaba tan abarrotado. Nada más llegar encontramos algunos tenderetes de los que me gustan a mí: libros viejos, libros baratos. Revisé un buen rato, rebusqué, levanté montones de polvo y de páginas crujientes, pero no encontré nada. Reconozco que me llevé una buena decepción, pero bueno, uno se acostumbra a estas cosas. Dimos una vuelta y encontramos un tenderete solidario, se trataba de una asociación benéfica, y vendían un montón de cosas, entre ellas libros viejos. Allí que fui, acompañado de un suspiro cansado de mi novia. Sorpresa, dos libros por un euro. Los libros viejos y usados son baratos (de saldo, muchas veces) pero nunca me había encontrado con algo así.
Mi sorpresa fue mucho mayor al encontrarme un ejemplar de Carrie que parecía muy muy viejo. Como tenía que tomar otro libro rebusqué por ahí y encontré un ejemplar muy viejo de Pandora, de Anne Rice, un libro que ya tengo y que regalé a mi tía. Bueno, ¿y qué? ¿Para qué nos cuentas todo esto? Bueno, os lo cuento porque no es un Carrie al uso. Resulta que es una primera edición. No es la primera edición americana, ni europea, pero sí es la primera editada por Círculo de Lectores en 1977. No es que sea un libro de coleccionista (al menos no creo que lo sea), pero es increíble encontrar una joya como esta en un lugar como ese.
Y es que nadie me podrá negar que los libros de segunda mano, esos que te encuentras en mercadillos o en librerías de viejo, tienen algo especial. El amarillo desgastado de las páginas, el olor a polvo, las anotaciones en los márgenes (a veces borradas); la esencia de las personas que lo leyeron antes que tú… ¿Qué hay mejor que imaginar cómo era esa persona que tuvo ese libro antes que tú? Es como una historia dentro de otra historia.
¿Has tenido alguna vez esa sensación? Comprar un libro de segunda mano es recibir un tesoro, algo que alguien una vez amó, o al menos, algo que apreció. Es la sensación de tener entre tus manos un trozo de la vida de otra persona, de su tiempo, de sus gustos personales. Es una sensación especial. El marrón de sus hojas, la forma en que el papel viejo cruje al pasar de página, el olor a polvo, a humedad, a cosa vieja… Los apuntes en lápiz al margen, las notas que tomó mientras leía, los garabatos de un niño pequeño que usó el libro como improvisado cuaderno de dibujo, la dedicatoria en la primera página, la firma del dueño. Un libro usado es especial por muchas razones, cada uno tiene las suyas. A mí me motiva saber que otras personas recorrieron el camino del protagonista, tal y como haré yo. Me gusta pensar que esa persona dejó algo de sí misma entre aquellas páginas. Algunas veces esto es literalmente cierto, pues puedes encontrar fotografías, entradas de cine, billetes de tren o pequeños calendarios. Recuerdos de otra vida. Ahora que está tan de moda rescatar animales, adoptar perros y gatos callejeros, no estaría de más que nos propusiéramos hacer lo mismo con los viejos libros, esos que acaban en un contenedor de basura cuando se hacen mudanzas, esos que, hartos de ver cómo acumulan polvo, tiramos sin pensar. ¿Por qué tirarlos? ¿Por qué no dar a otros la oportunidad de disfrutarlos? Adopta un libro siempre que puedas, no importa si lo encuentras tirado en la calle, junto a la basura, en un descampado, en un mercadillo de segunda mano, en casa de la abuela, en el trastero encerrado dentro de viejas cajas polvorientas. No dejes que se pierda.
Quizá tengas un libro en casa que has leído demasiadas veces, o que leíste y no te gustó, no lo tires, recuerda: él no lo haría. Dale otra oportunidad, llévalo a un mercadillo, llévalo a una tienda de segunda mano, regálaselo a un amigo, a un familiar. Hay muchas cosas que puedes hacer con él. Hay infinitas opciones, como el bookcrossing. O tal vez, si te atreves, quieras comenzar tu propia iniciativa y dejar tu libro en algún lugar público. Escribe en la primera página el lugar y la fecha en que lo dejaste ir, escribe un par de líneas explicando a quien lo encuentre que, tras leerlo, deberá escribir la fecha y el lugar y dejarlo marchar de nuevo. ¿Hasta dónde puede llegar un libro?

