¿Alguna vez has sentido un constante sentimiento de insatisfacción por tu vida? Las personas que padecen este malestar de manera crónica y además sufren una especie de dificultad para separar la ficción de la realidad, pueden padecer de “bovarismo”.
El término fue acuñado en el siglo XIX por Jules de Gaultier, un filósofo francés para nombrar esta serie de dificultades humanas. Más tarde, Antonio Caso denominó como “bovarismo nacional” a “la facultad de concebirse diferente de lo que se es”, haciendo extensivo este término al pueblo mexicano y latinoamericano. “Preocupados en ser algo distinto de sí mismos, terminan por no ser nada en concreto. Se mantienen en una especie de utopía para ir de la imitación de un modelo a otro, sin que éstos coincidan con la propia realidad”.
La fuente de este término es Madame Bovary, la protagonista de el libro homónimo de Gustave Flaubert que convulsionó la moral conservadora de su época. La mujer, entonces concebida como un objeto sobre el que se podía decidir absolutamente todo, fue representada en esta obra como transgresora de la moral.
Emma era una lectora ávida de novelas románticas, forjó en su interior, un sinnúmero de fantasías. Pronto el destino la hizo coincidir con Charles Bovary, un viudo quien se enamoró perdidamente de ella y pidió a su padre desposarla.
“Antes de casarse, Emma había creído estar enamorada; pero como la felicidad que esperaba de aquel amor no había hecho su aparición, pensó que se habría equivocado. Y se preguntaba intrigada qué es lo que había que entender concretamente en la vida por las palabras como dicha, pasión y ebriedad que le habían parecido tan maravillosas en los libros”.
De inmediato, el tedio hizo que la joven enfermara, por lo que su esposo decidió que debían mudarse a Yonville para su recuperación. Ese cambio de aires, cambiaría también a Madame Bobary, quien comenzó a conocer a otros hombres, buscando en ellos el ideal amoroso que aún albergaba.
Irremediablemente, la ahora señora de Bovary, cayó en adulterio. Comenzó una aventura amorosa con Rodolphe Boulanger, quien huye de ella y las promesas que le había hecho. Otro amante vendría a su vida más tarde; sin embargo resultó ser de gran desilusión para la protagonista. “Se conocían demasiado el uno al otro para entregarse a esos transportes que multiplican por cien la pasión. Y Emma estaba tan harta como él. Volvía a reconocer en el adulterio aquella misma insulsez del matrimonio”.
Endeudada hasta el cuello, decepcionada por su fallida búsqueda del amor impreso en los libros que devoraba, Madame Bovary sentía una profunda insatisfacción por lo que decidió terminar con su vida. Poseedora de todos los considerados “defectos” que una mujer podría tener entonces; adúltera, deshonesta y promiscua, se le sumaba además el de “mala madre”. Desde su nacimiento, descuidó a su hija Berthe y la dejó en orfandad con su decisión suicida.
En 1857, el ministro francés Ernest Pinad encabezó un juicio contra Flaubert por la personalidad de la protagonista de su obra. “El retrato es por encima de todo lascivo, la imagen es voluptuosa, la belleza es una belleza de provocación”, acusó.
Y es que, como si se tratara de una persona real, condenó las decisiones de Bovary: “Tras esta caída, este primer adulterio, este primer error, ¿siente remordimiento en presencia de su esposo engañado que la adora? ¡No! Con una actitud atrevida, entra, glorificando el adulterio. ¡Eso, caballeros, es mucho más peligroso e inmoral que la caída misma!”.
Y continuaba, “¿hay en esta adúltera algo de la fe arrepentida de una Magdalena? No, no; ella siempre es la misma mujer apasionada, en pos de ilusiones, buscándolas hasta entre las cosas más augustas y sacras”.
Por increíble que parezca, la furia del juez recaía en que al procurarse a si misma la muerte, no había merecido un castigo. “¿Quién condena a esta mujer en el libro? Nadie. Esa es la conclusión. No hay en el libro una persona que la condene”.
La defensa del escritor, sin embargo, no apeló a libertad de Bovary , ni refrendó su crítica al sistema conservador de entonces. Abonando al juicio moral contra la libre sexualidad y decisión femenina, aduce a un carácter adoctrinador de la obra. Alegó que su intención, no era deformar las malas costumbres sino llamar a la “incitación a la virtud mediante el horror al vicio”.
“Las livianas páginas de Madame Bovary van a caer en manos más ligeras, en manos de muchachas, en ocasiones de mujeres casadas. ¡Pues bien! Una vez que la imaginación haya sido seducida, una vez que esta seducción haya bajado hasta el corazón, y una vez que el corazón haya hablado a los sentidos, ¿creen ustedes que un razonamiento bien frío será lo bastante fuerte contra esta seducción del sentimiento y de los sentidos?”, espetó.
¿Fue Flaubert un conservador disfrazado de liberal? Su defensa en el juicio bien pudo elegir esta argumentación con tal de salvar a su cliente y puede no ser del todo la intención del escritor nacido en Rouen. No lo sabemos. Lo que sí, es que esta obra se convirtió en un hito de la literatura desde entonces. Que incluso los detractores de Bovary fueron sus más grandes promotores, con el éxito que tuvo la obra literaria.
Si quieres conocer más sobre esta rama creactiva, puedes leer las definiciones de amor de los poetas malditos y las cartas en que Sylvia Plath demostró el infierno que sufrió antes de morir.
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Referencias
BBC
Juicio de Madame Bovary de Flaubert
Diccionario de Filosofía Latinoamericana

