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Los hombres te aúllan como si fueran coyotes

Los hombres te aúllan como si fueran coyotes

Los hombres te aúllan como si fueran coyotes

Cuando dos cuerpos se buscan, no hay nada que los detenga…

Los hombres te aúllan

como si fueran coyotes,

escalan cerros y vidas

para llegar a tu cuello de guadaña.

Te desdoblas, creces,

subes por el cielo muerto de mi cuerpo.

Y mi boca te aúlla, de nuevo, junto a la manada.

La suerte está echada sobre tus pechos,

y nuevamente los coyotes aúllan tus andanzas,

persiguen tu sexo, hambrientos,

sedientos de un cuerpo etéreo.

Caes al bosque nocturno,

el cielo diáfano y vacío te ve a lo lejos,

exiliada en una tierra extraña a ti.

Los coyotes ahogando sus bocas,

puliendo los colmillos, te huelen,

corren lisos sobre las puntiagudas sombras,

tú desembocas sobre su garganta.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Kat Irlin.

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