
En el verdiazul de su mirada descubrí
que la belleza no es imposible de hallar.
La mujer que amo es el latido del Caribe
palpitando a orillas de la libertad.
Es una virgen indómita y salvaje
que sonríe como un ángel al saltar.
Tan valiente y tan guerrera,
cuna hermosa de humildad.
Tan enamorada de sus hijos
que de su vientre les dio la paz.
En sus facciones he visto mil albas
florecer ardientes como doncellas.
La mujer que amo se levanta
dibujando en el cielo sus estrellas.
Es decidida, apasionada y elegante,
y se levanta sin dudar cuando tropieza.
Tan profunda, tan dulce, tan radiante,
que es inútil pensar alejarme de ella.
Y es tan mía, es tan tuya, es tan nuestra,
que la mujer que amo, se llama Venezuela.

