Este poema es una carta silenciada al amor que tanto deseamos; continúa leyendo…
Hoy pensé en ti, en tu posible llegada y en el deseo de tu compañía.
Como el día de hoy, en ocasiones me imagino cómo será tu rostro, cómo será tu cabello; cómo serán tus labios.
Cómo será besarte y quedarme dormida en tus hombros.
Cómo será estar despierta por la mañana gracias a un mensaje tuyo de buenos días.
Imagino que tu estatura será tan elevada que en ocasiones querrás acurrucarte en mis brazos, colocando tu cabeza en mi pecho.
Quisiera pensar que seremos lo suficientemente libres para pasar noches juntos; noches que se transformen en románticas veladas acompañadas de charlas de recuerdos, de compartir y aconsejar, de reír, de llorar; de dormir con una gran sonrisa y despertar de mejor humor. Quiero saber qué te hace enojar, porque la mejor parte será saber la fórmula para reconciliarnos, para que, de un fruncido de cejas, cambies a una sonrisa coqueta y un beso que sabrá a lo siento, lo lamento y te amo.
Pienso en qué haremos el día que lleguemos a estar juntos.
Qué te gustará hacer por las mañanas de domingo, la tarde de un miércoles o un sábado con lluvia; un viernes de tráfico, un lunes nublado o un jueves con sol.
Resulta inexplicable el no tenerte aquí a mi lado, saber que las horas que pasan se restan al tiempo que podemos estar juntos.
Si tan sólo pudiera elegir el lugar y la hora para encontrarte, sería en este momento.
Con sólo imaginarte siento que mi corazón se sale de mi pecho.
En este preciso momento… justo en este momento, serías el complemento preciso para mi felicidad.
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Las cartas esconden y exponen lo más profundo de nuestras almas, de nuestros sentimientos y de aquello que nos da esencia, por eso es importante que, si quieres enviar una a la persona que amas, sepas cómo hacerlo; da click aquí y conoce los mejores consejos para ello.
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Las imágenes que acompañan el texto pertenecen a la artista Laurence; conoce más sobre su trabajo dando click aquí.

