El poema de Adrián Martínez es una advertencia sobre a quién no debemos venderle nuestra alma…
Le vendí mi alma al demonio del copyright.
Tiene en su oficina un papel rotulado
que vale menos que el título
obtenido en la universidad
y sirve para menos cosas aún.
Se la vendí porque los mesías
de creative commons
no me hacían creer en que podría
pagar mi propia renta.
El demonio del copyright
tampoco pagará por ello,
pero me ofreció quedar registrado para siempre
y en este punto
me agrada más cualquier oferta
que me salve hoy
aunque me condene mañana.
Ya antes había vendido mi alma.
Al demonio de la dieta omnívora,
pero más carnívora que otra cosa.
Al demonio de la alt-lit,
aunque él pudo haber sido parte
de una alucinación con DXT.
Al demonio del borderline,
que rompió el contrato
cuando yo terminé con ella.
Al demonio del Lumen;
me identifiqué con su logo
en forma de emoji triste y rojo.
Al demonio del verano,
que me ofreció sexo
y me dio resfriados.
Al demonio del cinturón de seguridad,
que no se llevó mi alma
pero me dejó lisiado.
Al demonio del mezcal,
que era un gusano muerto
y olvidó volver con el vómito.
Al demonio de la juventud,
que me arrancó el pelo
porque los 20’s son los nuevos 30’s.
Al demonio de Ushuaia,
que, oculto en el hielo,
me enseñó el fin del mundo.
Al demonio de la popularidad,
que ya había pasado de moda
como lo harás tú.
Al demonio de la poesía
Que me dijo ahí estaré
Pero nunca me dijo cómo era.
Cuando muera y releamos el contrato
todos los demonios y yo juntos,
se darán cuenta de cuánto los jodí.
Los registré a todos a mi nombre
y luego los vendí.
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Existen mitos que los libros nos han hecho creer durante toda nuestra vida, por lo que toda tu vida cambiará al descubrir cuáles son. Además, conoce también los libros que te volverán paranoico porque te harán dudar de tu entorno.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jared Tyler.

