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Me gusta ser una de tus putas

Me gusta ser una de tus putas

Me gusta ser una de tus putas

Cuando escribimos, tenemos el poder de hacer que las palabras recorran cada pliegue de nuestro cuerpo, en un vaivén interminable…

Me gusta ser una de tus putas,

dibujarnos y destrozarnos entre el delirio y las sombras,

entre el frenesí y la lujuria.

Sin la ambición de un amor verdadero,

carentes de la monotonía de las relaciones largas,

que se pierden en lo frío y ordinario de los días.

Entre lo malo e incierto

elijo lo nuestro,

lo que escondemos,

lo que adolece en la oscuridad,

la penumbra,

lo retorcido de la vida,

la obsesión y frustración por lo imposible de realizar.

Hallarte entre engaños y mentiras,

invocarte con melancolía,

desenvolver tu locura para renacer la mía.

Buscarte entre textos de sombras,

entre el erotismo y palabras de transformación absurda.

Padecerte con la poesía maldita,

sentir tu proximidad con cada letra que me hipnotiza,

tocarte con las ideas para atiborrar mis fantasías.

Purgarme por leer a tu Fonseca,

rememorar tu seducción,

la falta de coherencia,

y los discursos llenos de vehemencia.

Todos los días muero un poco,

y me encuentro con ideas efímeras,

sobre lo fallido e imposible de este amor insufrible.

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La poesía es capaz de unir a los amantes, sobre todo, cuando sabes que dedicar poemas pervertidos también es otra forma de amor.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Sam Livm.

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