Los siguientes poemas de Pablo Robles Gastélum están llenos de cotidianidad:
Darwin y el arte
En la sala de mi departamento
cuelga un cuadro donde Frida Kahlo
sale acompañada de tres o cuatro changos.
No sé cuántos son porque nunca le he puesto demasiada atención.
Además de que verificar la cantidad exacta de changos en el cuadro
supondría sacrificar cierta “espontaneidad” del poema.
Me reconforta pensar que el cuadro está ahí,
a pesar de que no me guste Frida Kahlo.
Supongo que las personas que entran a mi departamento
piensan que soy admirador del surrealismo mexicano,
pero ellos no ven el cuadro todos los días como yo.
Cuando una pintura se funde con el paisaje rutinario
no hace falta pensar en las consecuencias estéticas.
Así como los changos
probablemente posaron para el cuadro de Frida
sin preguntarse si era una buena idea hacerlo.
Metro
Al cerrarse las puertas del metro
la masa de personas firma un silencio tácito.
Ni quejas, ni vendedores,
ni amigos platicando de hazañas con alcohol.
Recargado en una esquina detengo el pensamiento
y me revelo mis propias intenciones:
hoy me hubiera gustado no pasar desapercibido.
Pero me quedo inmóvil.
Entre decenas de personas
que sólo quieren llegar a casa,
busco tu cara,
como un niño que insiste
en darle formas de animales
a todas las nubes solitarias.
**
Se dice que los cuerpos no mueren, sólo se transforman en energía, pues es la manera en la evolucionamos luego de la vida, contrario a lo que se cree podríamos decir que nuestra permanencia es eterna.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a David Uzochukwu.

